01.10.19
Cine _ Festivales

2° Tour de cine francés – Edmond / Mon Inconnue, por Eduardo Elechiguerra

Edmond y Mon Inconnue están atravesadas por el diálogo entre la vida y la literatura. Ambas tienen protagonistas buscando una relación vital con el oficio de escribir. El detalle está en que la primera alcanza niveles de gracia y armonía que le faltan a la segunda por prejuicios y ejecuciones torpes.

Por un lado, más del 90% de las imágenes que vemos en Edmond (2018) provienen de una cámara con movimientos continuos o prolongados. En mayor medida, esta mirada tan inquieta podría marearnos si no hubiese una búsqueda puntual por parte de Alexis Michalik, quien escribe, dirige y actúa en la película. Y es que el porcentaje restante de la obra consiste en imágenes más quietas donde hay claridad en el sentido: Edmond Rostand (Thomas Solivérès) está armando, a partir de una idea del amor que va de la cotidianidad hasta las tablas, una sinécdoque de su entorno condensada en una obra teatral. Esto queda evidenciado en el primer encuentro entre el poeta (recordemos que Rostand escribía teatro en verso), Jeanne (Lucie Boujenah) y Leónidas (Tom Leeb). A medida que la cámara nos muestra el encanto amoroso a través de la palabra, el movimiento de la mirada se vuelve más preciso. 

Además, los paralelismos entre la vida cotidiana de los personajes y la creación de Cyrano de Bergerac retroalimentan la construcción de esta pieza teatral dentro de un mundo desenfadado. La mayor evidencia de esto está en el poder de convocatoria al estreno por parte de los productores, quienes también manejan un burdel, y de Honoré (Jean-Michel Martial), el dueño del bar donde Rostand se sentaba a escribir. Unos y otro incentivan a sus gozosos clientes para que vayan al esperado estreno. Y estos van.

Más allá de las imprecisiones históricas que se le puedan cuestionar a la película para que incluso los accidentes calcen a la perfección, Michalik recorre todos los aspectos del teatro y del cine para que ambas artes dialoguen. Si por un lado él se aferra descaradamente al dinamismo de la cámara, también aprovecha el amaneramiento de la comedia clásica para que el humor del guion cobre vida y el elenco nos arrebate varias carcajadas. Ya de por sí el bigote obviamente falso de Edmond es un guiño a la prótesis de nariz que vestirá Constant Coquelin (Olivier Gourmet) en la obra para interpretar al mítico Cyrano.

En contraste, Mon Inconnue (2019) plantea a través de Raphäel Ramisse (François Civil), la autoría como algo individual y egotista que distancia a las personas queridas. Mientras Edmond plantea relaciones generosas primero entre Rostand, su amigo y su musa; a Hugo Gélin, el director de la comedia romántica, no le interesan mucho los matices de sus personajes. Donde la primera película halla un quiebre insalvable entre amor y literatura, la segunda se desplaza fluidamente incluso con una postura donde el poeta, su esposa e incluso la comunidad completa de artistas son capaces de distinguir diversos tipos de amor. Y actuar, dentro y fuera de las tablas, a partir de ello.

En el clímax de la obra de Michalik, cuando se está retratando la primera y accidentada función del clásico francés, el realizador toma una decisión arriesgada. El quinto acto se convierte en cine: a partir del árbol presente en el plano, la escena ya no es una representación teatral. Podría ser esta una decisión innecesaria si los ensayos y los actos previos no hubiesen sido orquestados con tanta gracia. Podría ser también una mera distracción que delatara la desconfianza subrepticia que le tiene el director al teatro. Pero no nos confundamos. Él está entablando, con suma gracia, un diálogo entre ambas artes donde la quietud de la mirada es apenas una inconstancia significativa. Y de esta manera, lo genuino (el encuentro final entre Cyrano y Roxanne, entre escritura y amor) cobra vida por un instante antes de continuar con la acción escénica en medio de los imprevistos.

Mientras tanto, Mon Inconnue desconfía de su material recurriendo tres veces a montajes acelerados para resumir ciertas épocas de los personajes. Como si le temiera al aburrimiento del espectador, lo hace además presentándonos la relación amorosa de la pareja protagónica desde el primer beso apasionado hasta la mudanza luego del matrimonio y el éxito estéril de Ramisse. Hugo Gélin ha cantado el final, aludiendo además un paralelismo entre la soledad de Zoltan, el superhéroe de la novela, y la del autor para “salvar la humanidad en los hombres”. Y lo cierto es que se respira más efectismo vacuo en esta película, en contraste con la gracia orquestada de Edmond. Todavía si el guion quiere darle suficiente chance a Benjamin Lavernhe para que se destaque como el comic relief, Mon Inconnue sólo busca apresurar un final feliz mientras aplana las asociaciones entre vida y literatura. Queda constatar si no hay más humanidad boceteada por Michalik en la armonía entre las artes y las relaciones entre los personajes, a partir de una obra estrenada hace cien años y no una novela contemporánea de superhéroes.

Edmond

(Francia, Bélgica, 2018)

Guion, dirección: Alexis Michalik. Elenco: Thomas Solivérès, Olivier Gourmet, Mathilde Seigner. Producción: Alain Goldman. Duración: 110 minutos.

calificacion_4

 

 

 

Mon Inconnue

(Francia, Bélgica, 2019)

Dirección: Hugo Gélin. Guion: Hugo Gélin, Igor Gotesman, Benjamin Parent. Elenco: François Civil, Camille Lellouche. Producción: Stéphane Célérier, Valérie Garcia, Hugo Gélin. Duración: 117 minutos.

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2019 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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