A Sala Llena

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CRÍTICAS - CINE

Alanis

(Argentina, 2017)

Dirección: Anahí Berneri. Guión: Javier Van De Couter y Anahí Berneri. Elenco: Sofía Gala Castiglione, Dante Della Paolera, Dana Basso, Silvina Sabater. Producción: Diego Dubcovsky, Laura Huberman. Distribuidora: Cine Tren. Duración: 82 minutos.

Los tallos de la rosa

Es un hecho: en esta primavera, las salas porteñas tienen perfume de mujer. A buena hora, llegaron las ficciones contadas por mujeres que se contraponen al panóptico de Focault para penetrar la pantalla e inquietar al espectador. Anahí Berneri da cuenta de esto con Alanis (2017); un drama, atípico, que aborda desde un marco nihilista la vida de una joven que vive de la prostitución. En esta oportunidad, Berneri retoma conceptos de su ópera prima, Un Año Sin Amor (2005), y también de Por tu Culpa (2010) para construir la génesis de su quinto largometraje, que presenta el lado B de un oficio bastardeado que tiene un gran vacío legal detrás de la sociedad de consumo vigente. Desde este contexto, relata cómo una mujer, por decisión propia, utiliza su cuerpo para sustentarse económicamente y plantea el siguiente interrogante: ¿La prostitución es un delito?

Alanis está fundamentada en casos reales de mujeres que enaltecen su dignidad mediante un trabajo precario y separan la ética del humanismo. Atraviesa un tema que parece tabú pero dista de serlo, sin emitir juicios de valor. La trama gira en torno a cómo una joven de 30 años, oriunda de Cipolletti que se hace llamar Alanis (Sofía Gala Castiglione) trabaja de prostituta para mantener a su hijo. El eje del guión, lejos de establecer juicios de valor moral, enfatiza cómo ella se adueña de su cuerpo y, cual herramienta, decide qué hacer con él, cuándo y cómo. Para Alanis, el acto sexual se resume a una manera rápida y fácil de obtener dinero mediante normas que ella misma impone en el departamento que utiliza como prostíbulo y, además, vive junto a su amiga Gisela (Dana Basso) que también presta sus servicios e impone normas, como no aceptar tríos. Sin embargo, dos inspectores municipales irrumpen en su departamento, haciéndose pasar por clientes, y arrestan a Gisela por considerarla líder del desvío social. La acusan de “trata” y las desalojan del departamento. Entretanto, la premisa pivotea con una denuncia al sistema, trasluciendo los contratiempos a los que se somete en el barrio de Once. Allí se circunscribe una escena donde intenta captar clientes en una zona liderada por cafishos que jamás transitó y se enfrenta con otras mujeres que también se dedican a este negocio y la persiguen acusándola de “chorra”, “sin códigos”, para sacarla a los golpes -literalmente- de ahí. El ritmo del relato acompaña a la perfección el espacio-tiempo anclado a tres días, arduos, de su vida.

Párrafo aparte para la fotografía a cargo de Luis Sens, cuyo recurso estético del Stanley causó polémica y hasta censura en ciertos cines por retratar a Sofía Gala Castiglione amamantando a su hijo, Dante Della Paolera, que protagoniza junto a ella esta historia peculiar que desnuda los conflictos de la burocracia estatal, clientes y colegas perversos con que se cruza en este trabajo precario. Otro punto alto: las locaciones de la Plaza Miserere, cuyo híbrido racial y laboral da cuenta de esto a través de una puesta acorde compuesta por cámara fija, planos detalle y secuencia donde la actriz se luce en su papel mientras deja traslucir los grises de su oficio, sin empañar la premisa del guión. Esto permite un acercamiento al público y una nueva visión sobre el cuerpo como herramienta de trabajo y, al mismo tiempo, el amor.

Alanis marca la diferencia entre mujeres que eligen trabajar de prostitutas y aquellas a las que las obligan. Enfatiza en cómo este trabajo peculiar puede ser encauzado como una vocación, sin mayores pretensiones que inquietar al espectador. Hay una madre que busca sobrevivir y ayudar a su hijo. Este trabajo de madre la aproxima al espectador y migra del universo macro de la mafia a lo micro de la vida del personaje. La película no habla de prostitución, ni es un documental. Es una ficción que relata la vida de una de ellas. Lo que pueda, o no, traer aparejado este mensaje en función a determinadas temáticas a las que muchas mujeres son sometidas queda a criterio del espectador. Así como Pablo Neruda afirma “Podrán cortar todas las flores pero no podrán detener la primavera”, Berneri afirma que en primavera no todo es color de rosas. Sin embargo, las rosas existen. Y algunos tallos lastiman.

calificacion_4

 

 

© Luciana Calbosa, 2017 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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