11.04.19
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Crítica: After: Aquí empieza todo (After), por Luciano Mariconda

(Estados Unidos, 2019)

Dirección: Jenny Gage. Guion: Susan McMartin. Elenco: Hero Fiennes Tiffin, Selma Blair, Josephine Langford, Jennifer Beals, Peter Gallagher, Meadow Williams. Producción: Mark Canton, Jennifer Gibgot, Aron Levitz, Dennis L. Pelino, Courtney Solomon, Anna Todd, Meadow Williams. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 106 minutos.

ENTRE BESOS Y TIROS

¿Qué hace la joven Tessa Young acostada pero despierta en la cama mientras su amiga de cuarto juguetea a pocos metros con una novia pasajera? A lo mejor no todo pasa por el sexo, pero ella sabe que no estaría de más probar. Noah, su novio a kilómetros de distancia, la quiere ver feliz, virgen y lejos de los condimentos esenciales de la vida (cuando Tessa lo llama desde una fiesta pone el grito en el cielo o, traducido en bites de información, pone el énfasis para que las palabras por WhatsApp se sientan heridas). Es que Noah es menos una pareja que el cuidador de una especie en peligro de extinción. Tal vez sea culpa de los ojos color celeste frágil que, al entrar en el campus de la universidad, lucen asustados y vulnerables (hay otros alrededores menos académicos como reuniones intensas en fraternidades donde abundan el alcohol y la ansiedad maligna de enemigas inmediatas).

Carol, su madre, también parece vigilar todo desde las sombras (al fin y al cabo es ella quien paga la educación de la hija) y la presencia puede llegar a ser amenazante. Pero no todo es control en After: Aquí empieza todo (basada en la primera de cinco novelas escritas por Anna Todd). La revolución (sexual solo por momentos) tiene nombre y apellido: Hardin Scott. Rebelde, perturbado, ¿y lector de Austen y Brontë? En uno de sus primeros cruces, dos posturas se enfrentan: ¿existe el amor o solo el deseo que se enciende y se apaga de acuerdo a las intenciones salvajes del momento? Las chispas entre Tessa y Hardin quedan suspendidas luego del combate inusual en la primera clase de literatura. Sin embargo, ella (la australiana Josephine Langford, hermana de Katherine, la protagonista de 13 Reasons Why) no cree en el poder de las letras, por eso estudia Economía y su visión del amor es tan chata y aburrida como la aplicación de Bolsa en iPhone; él (Hero Fiennes-Tiffin, sobrino de Ralph y Joseph Fiennes) es un inglés incómodo en el nuevo continente: las luces ordinarias de neón de los barsuchos besan la frialdad del rostro e dejan ver la escarcha que recubre la piel.

No tardará demasiado para que ambos entiendan que sus diferencias en la literatura inglesa es apenas un problema que se resuelve con un té de por medio. Luego de un viaje espontáneo a un lago escondido, el cortejo dará lugar al contacto. Lamentablemente After: Aquí empieza todo apenas logra mover el amperímetro de la seducción. “¿Por qué te detuviste?” le pregunta ella –recién salida del lago y de espaldas y desprotegida–; él le responde que ya tendrá tiempo para acariciarla con pasión. ¡Y vaya que hablaba en serio! El film, que promete una dosis alta de sexo (y peligro, porque siempre hay un elemento conservador en estas historias sobre ser libre y feliz), es flácido en el interés que nos produce. Hardin se acerca a Tessa con caricias y besos mientras los pantalones de ambos están a punto de estallar, y así, y así. La secuencia en la que After: Aquí empieza todo retrata “El Momento” es incómoda, un poco torpe, pero bastante efectiva (de pronto un envoltorio de preservativos negro y dorado aparece en la pantalla y las manos masculinas lo abren con una velocidad que evidencia la experiencia de él, la seguridad de ella y la expectativa de esos segundos), es una reproducción sincera de un instante trascendental.

Pero esto pasa muy tarde. Al final, ¿de qué se trata esta película? Genérica en su estructura y aburrida en su temática, After: Aquí empieza todo hace malabares con plumas. Si tan solo las adaptaciones de las novelas que apuntan a jóvenes adultos se concentrasen en retratar las gotas de realidad en vez del río de lágrimas, estos films serían más sinceros y accesibles. Hay momentos bellísimos para descubrir. En una secuencia, la madre de Tessa la descubre en la cama junto a Hardin (él sin una de las tantas remeras de Ramones que ostenta, como un recordatorio estúpido de su rebeldía). Todo un problema. Minutos más tarde, la cámara los muestra entrar al monoambiente lujoso que comparten en un plano general de ellos besándose. Nada novedoso hasta que la mano de ella –como una extensión de la consciencia que le recuerda el trago amargo del encuentro con la madre y que la directora no necesita detallar visualmente– tantea la traba de la puerta y cierra la oportunidad de visitas odiosas.

“No puedo creer que sos mía”, le dice Hardin. “No me vengas con eso otra vez”, lo cachetea ella. “Nada va a cambiar lo que siento por vos”, responde él. ¿Meloso? Ahora imaginen esta escena en un acuario, con tiburones ballena, rayas imponentes y otras criaturas marinas, testigos branquiales de la patita de ella levantándose luego de un beso. After: Aquí empieza todo no es una buena película, pero a veces puede hipnotizarnos con lo imposible; a veces también el amor, aunque la prueba carnal tarde en llegar, es así.

 

 

@ Luciano Mariconda, 2019 | @nievesdeltiempo

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