03.09.18
Cine _ Estrenos

Crítica: Un año de danza, por Eduardo Elechiguerra

(Argentina, 2018)

Guion, producción y dirección: Cecilia Miljiker. Duración: 83 minutos.

¿Qué determina la formación de un alumno en el arte que desempeña? ¿Su constancia o el criterio de evaluación? Un año de danza muestra el demandante proceso de ingreso de los niños a la Escuela de Danza del Teatro Colón y el comienzo de la formación, mientras curiosea las distintas perspectivas de los alumnos y sus representantes.

Como documental informativo sobre ese proceso de selección y enseñanza, Un año de danza fascina con escenas que muestran el contenido de las clases teóricas y prácticas. Hay además cierta inocencia en las entrevistas; inocencia que apela al interés que le ponen los alumnos a las clases, más allá de las exigencias en el ingreso y en la cursada.

Al margen de este nivel donde el documental funciona sin problemas, no hay mucho para destacar. Exceptuando una o dos tomas que ilustran las distintas perspectivas de los estudiantes, la fotografía carece de momentos memorables. Tampoco hay una indagación profunda sobre las consecuencias de una actividad tan demandante, no tanto para entrever el nivel de estrés de los involucrados sino para abordar los riesgos particulares de la instrucción artística.

Tampoco añaden mucho las intervenciones de los alumnos y los padres, amén de registrar la rutina de las clases posteriores al ingreso. Esto es un arma de doble filo: la sencillez en la trama hace que el interés se centre en la técnica que se gesta en los niños, pero la vez se advierte cierta llaneza, impidiendo que el documental no sea más que un rastreo de ciertas tareas en la Escuela a través de una generación de alumnos. Ni más ni menos que esto como para tener una idea somera del desarrollo por el que pasan los bailarines en su primer período.

Ya hacia el final de la película, después de tantas clases y preparación, el ensayo general del vals Copelia comprende una amalgama de técnica y delicadeza que le brinda un giro a lo que venía ocurriendo. Como si del trabajo pormenorizado del día a día hasta el ensayo grupal hubiese un camino extenso que solo parece terminar en las presentaciones anuales pero que, en realidad, es el punto de continuación hacia al siguiente nivel.

Finalmente, la falta de pretensiones del documental hace que el cierre emocione por la grandeza de concluir una etapa después de tanto esfuerzo. Además, hacerlo en un sitio tan representativo para la cultura argentina le brinda un aura diferente a la evolución que veníamos observando con detenimiento. Allí, la constancia era el factor más referido por los entrevistados, independientemente de los exámenes impuestos por los profesores.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2018 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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