01.01.19
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Crítica: Bird Box: A Ciegas (Netflix), por Aldo Montaño

(Estados Unidos, 2018)

Dirección: Susanne Bier. Guion: Eric Heisserer. Elenco: Sandra Bullock, Trevante Rhodes, John Malkovich, Sara Paulson, Tom Hollander. Producción: Dylan Clark, Chris Morgan, Clayton Townsend. Duración: 124 minutos.

La crítica más recurrente que se le hace a Bird Box es que no tiene una historia original. Que El fin de los tiempos (2008), La niebla (2007) y La carretera (2009) ya trabajaron temas similares antes y de mejor manera. Es cierto que ver a un grupo de personas resguardarse de una amenaza exterior no es ninguna novedad; es una premisa que se remonta al cine de zombies y que también está en El Eternauta si vamos al caso. Es un tipo de relato postapocalítico que, como todo subgénero, posee ciertos elementos que nos permiten reconocerlo como tal: aquello que amenaza, el grupo de personas de diferentes personalidades y clases sociales, el escape hacia una tierra prometida donde quedarán a salvo de todo mal. Sí, es algo que vimos muchas veces, pero eso es lo que pasa cuando una película se inscribe en un género. Claro que eguir esas reglas no es una virtud y tampoco debería ser una falencia: siempre es la propia película la que debe demostrar qué lugar ocupa entre las de su clase.

El pecado de Bird Box es, al parecer, que se estrenó poco después de Un lugar en silencio (2018). Esto pasa desde siempre. Pasó, por ejemplo, en los casos de Armaggedon e Impacto profundo y Amigos con derechos y Amigos con beneficios: películas estrenadas casi al unísono y que resultaban demasiado parecidas. No obstante, el valor de cada una siempre estuvo más allá de lo que las unía. Nunca el género de una película ni el esquema de su relato deberían ser condición para evaluarla.

Entonces ¿qué es lo que tiene para ofrecer Bird Box? En la película vemos a Malorie (Sandra Bullock) como una artista con un embarazo avanzado que no está segura de lo que siente por ese bebé que está esperando, al punto de que en un estudio de rutina una doctora le sugiere darlo en adopción. Cuando Malorie sale del hospital después de ese estudio se encuentra con que a su alrededor las personas se suicidan inmediatamente después de ver “algo”, como en una alucinación. Ese algo no tiene forma aparente y nunca llegamos a verlo. Ahí aparece la primera elección interesante de la directora Susanne Bier: el uso del fuera de campo como recurso y no como mero ornamento. Esa decisión hace que en lugar de poner el peso del horror sobre las espaldas de un monstruo, Bird Box haga correr la tensión y el suspenso entre sus personajes y sus dos escenarios: una mansión que se vuelve refugio y un río que es el camino a la salvación. La otra virtud de la película es la fluidez para manejar las dos líneas temporales de su relato. Bird Box cuenta todo de manera sólida, sin fisuras ni sobreexplicaciones, dilucidando entre pasado y presente las reglas con las que Malorie debe moverse en su escape.

Así como en Gravedad (2013) Sandra Bullock interpreta a una mujer que debe superar la pérdida de una hija, en Bird Box es una madre soltera que se conecta con la experiencia de la maternidad en medio de la catástrofe, enseñándoles a un niño y una niña cómo sobrevivir en el mundo porque a fin de cuentas lo que se juega en el género postapocalíptico siempre es la supervivencia de la especie. Un momento clave es cuando Malorie recuerda a una embarazada que conoció mientras estaban refugiadas en la mansión. En ese flashback, la futura madre le pide a Malorie que le prometa hacerse cargo de su hija si a ella le pasa algo. Entonces el personaje de Bullock se asume como madre, se refleja en el pedido de la otra mujer, se pone en su lugar y puede vislumbrar lo que antes no podía.

 

 

 

© Aldo Montaño, 2019 | @aldomontagno

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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