05.06.19
Cine _ Estrenos

Crítica: Blindado, por Carla Leonardi

(Argentina, 2019)

Dirección: Eduardo Meneghelli. Guion: Leonel D’Agostino. Elenco: Gabriel Peralta, Luciano Cáceres, Luis Ziembrowski, Adriana Aizemberg, Lautaro Delgado, Esteban Menis, Gonzalo Urtízberea, Sandra Smith. Producción: Nicolás Battle, Fer Rubino, Marcelo Martín. Distribuidora: Cinetren. Duración: 88 minutos.

Señales de salvación:

El plano general nos muestra un auto rojo avanzando por la ruta y luego por un puente que cruza un río en un paisaje agreste. Dentro del auto, un hombre joven de cabellos rubios al volante cabecea soñoliento y con ese cambio de estado vemos que la mujer y la niña que van en al siento de atrás pasan a ser una mujer y un niño; a la par de que el rostro del conductor se ve tomado por cierta angustia. El corte nos lleva al despertar del sueño de ese mismo hombre en su casa, que emprende su rutina de aseo en un ambiente en penumbras, lúgubre y azul melancólico. En el baño ingiere unas pastillas mientras escucha una radio evangélica que le infunde consuelo y esperanza. Así comienza Blindado (2019), tercer largometraje del realizador argentino Eduardo Meneghelli, quien vuelve a trabajar con el actor de sus películas previas, Gabriel Peralta.

El protagonista es identificado generalmente por su apellido Luna (Gabriel Peralta), el cual da cuenta de su estado de situación psíquica. Ha padecido una tragedia automovilística en la cual murieron su pareja y su hija, se encuentra con licencia medico-psiquiátrica en su trabajo y en juicio por el accidente, donde se intenta determinar su grado de responsabilidad. Pasados unos meses, Luna vuelve a trabajar como chofer en la empresa de caudales y el director nos mete junto a él en el mundo de los “blindados”, donde somos partícipes de la función que cumple allí cada empleado, de la logística que implica, los riesgos y el vinculo de confianza que se va estableciendo entre aquellos que van a bordo para protegerse de las posibles amenazas que provengan del exterior en cada parada donde tengan que recoger cuantiosas sumas de dinero. Luna y Vitali (Luciano Cáceres) forjaron así su amistad. Vitali trata de acompañar a Luna luego de la tragedia que ha vivido y de infundirle ánimo para que continue adelante con su vida. Luna, a bordo del blindado, enciende siempre la radio en la señal evangélica, ya que es su fuente de fortaleza, y esto comienza a generar cierto fastidio en los demás, ajenos a ese discurso y a la función que cumple para él. Paralelamente, comienza a acercarse a Selva (Aline Jones), una compañera de trabajo que realiza tareas de limpieza, a la cual vio en su sueño. Luna se interesa por su vida y la sigue, descubriendo que tiene una pareja que la trata de manera violenta y que tiene un hijo, que es a quien también vio en el sueño. Selva es brasileña y anhela volver a su tierra natal junto a su hijo, pero no puede por motivos económicos.El optimismo vuelve a sonreírle a Luna de la mano de Selva, y entonces se disculpa con sus compañeros por aburrirlos con los sermones evangélicos de la radio y retorna a su viejo hábito de cocinar y compartir con ellos empanadas durante el viaje. Selva es la dama en apuro, dándole a Luna una razón para vivir que se irá acrecentando. Representa lo femenino en tanto lo otro por ser extranjera y, como alude su nombre, una exhuberancia que genera atracción pero ante la cual puede también experimentar cierta confusión y extravío.

Efectivamente, el discurso religioso ofrece una matriz simbólica a la cual aferrarse en situaciones de desánimo o depresión por su apelación a una trascendencia. El discurso evangélico, por su carácter elocuente, se presta a cobrar la función de una suerte de manual de autoayuda para los corazones desesperanzados y ávidos de encontrar respuestas para los problemas de la vida. De ahí que el matiz místico suele resultar sanador en muchas depresiones o adicciones, donde la droga tenía la función de levantar al sujeto de sus estados de desánimo y sufrimiento.

El relato religioso va en paralelo acompañando las acciones de Luna, sea anticipándolas, contradiciéndolas o determinándolas directamente. En este punto resulta acertado el trabajo con el sonido y el montaje, ya que a medida que avance la película el discurso bíblico irá desprendiéndose de la fuente directa de la radio, de manera que podría provenir ya sea del cielo mismo o de voces en la cabeza del protagonista, dando cuenta de un desequilibrio que se instala en él lentamente.

Aquí interesa situar el momento en el cual la matriz del discurso religioso vira de ser un elemento benéfico a uno místico. La relación con Selva y su hijo le ofrece a Luna la posibilidad reparar algo de la culpa que siente por lo que ha sucedido, ayudándolos mediante los diversos juguetes que le regala al niño (y que eran de su hija), y tratándola de proteger de la dura vida que vive.

El protagonista encuentra también allí cierta manera de recuperar simbólicamente aquello que ha perdido. Cuando Selva lo rechaza, visiblemente con moretones en su rostro por los golpes que le ha dado su pareja machista, Luna se ve instado a actuar. Una nueva pérdida se vuelve intolerable, y aún podría decirse que rechaza asumir y duelar lo que ha perdido buscando un rápido sustituto porque el dolor de existir tras la tragedia se vuelve insoportable para él. Aquí el discurso religioso ya no es un sistema simbólico que ofrece consuelo sino que deviene una apelación cerrada, interpretada con certeza inquebrantable como un mensaje divino, dando cuenta de la experiencia del delirio místico de redención que fuerza al sujeto a tomar decisiones que pueden conducirlo hacia destinos inciertos, acaso de caída.

Si pensamos en el título, Blindado adquiere entonces diversas resonancias. Es tanto el vehículo de caudales, suerte de bunker ante el peligro exterior en el que se cuela la historia de vida vulnerable de Luna; como un sistema simbólico hermético que no admite equívoco en su interpretación y que es tomado de manera literal más que metafórica. Envalentonándose frente al espejo y con una remera con diseño militar, el protagonista se transforma él mismo en un blindado, esto es, en alguien que ya no responde a nada más que al destino de su misión redentora.

Con un elenco secundario solvente, que contiene y acompaña adecuadamente la performance del protagonista en un acertado trabajo de montaje sonoro, Blindado propone un viaje hacia los dolores del alma, allí donde resulta insondable el peso que toman las palabras y donde el camino a la sanación puede llevar a efectos insospechados.

 

 

© Carla Leonardi, 2019 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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