08.03.19
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Crítica: Capitana Marvel (Captain Marvel), por Daniel Nuñez

(Estados Unidos, 2019)

Dirección: Anna Boden, Ryan Fleck. Guion: Anna Boden, Ryan Fleck,  Geneva Robertson-Dworet. Elenco: Brie Larson, Samuel L. Jackson, Jude Law, Ben Meldensohn. Musica: Pinar Toprak. Producción: Kevin Feige. Distribuidora: Disney. Duración: 123 minutos.

La mujer en el cine: o el símbolo del Ave Fénix.

Carl Gustav Jung sostenía en uno de sus tantos estudios sobre la psique humana que el mito o símbolo del Ave Fénix, esa emblemática criatura alada que se alzaba de las cenizas envuelta en un fuego tan abrasador como el mismísimo sol, estaba ligado a la capacidad de resiliencia que tenemos para afrontar nuestros más profundos tormentos. Convertirnos en seres más luminosos, poderosos y bravos.

El cine jamás escapó a esta analogía reivindicadora y reparadora, donde centenares de héroes de antaño en cualquier género se levantaron de las profundidades de un universo cuyas adversidades parecían imposibles desgracias que excedían los límites apenas soportables. Si quienes ponían el cuerpo a estos infortunios eran los hombres, siempre comandados por la figura emblemática y simbólica de John Wayne en una suerte de iconografía que marca la pauta total de la tradición cinematográfica norteamericana, es ya desde hace tiempo el turno para otro género: el femenino.

Decir que Capitana Marvel expone como símbolo este mito no es para nada descabellado. Por suerte, en Capitana Marvel el feminismo pasa casi inadvertido, sin recurrir a cuestiones sectarias o segregacionistas, sin bajadas de línea con los más azarosos subrayados (como sí sucede en esa buena película que es Han Solo: Una historia de Star Wars, en donde una robot supuestamente femenina lanza líneas de diálogo tan obvias y literales que saturan el mensaje hasta volverlo una alegoría risible).

Capitana Marvel narra la historia de Carol Danvers (Brie Larson), una ex piloto de combate de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos que, tras perder su identidad, es adoptada en otra galaxia por los Knee, raza alienígena que se halla en conflicto con los temidos Skrull. Vers (como se hace llamar bajo su nueva identidad) pertenece ahora al grupo militar de elite conocida como Fuerza estelar, bajo un rudo y estricto entrenamiento que la convierte paulatinamente en una de las armas más poderosas del universo. Ya en combate, comandada por el líder de la Fuerza estelar Yon-Rogg (Jude Law), Vers es secuestrada por los Skrull desconociendo el enorme poder que alberga. Vers escapa en una vaina y aterriza en la Tierra. Corre el año 1995, fin de milenio, y con ello el final de una era. Ya en la tierra, intentando recuperar su identidad, Vers se alía al agente de S.H.I.E.L.D Nick Fury (Samuel L. Jackson) con el que entablara uno de los pocos vínculos de confianza a lo largo de su estadía en el planeta. Mientras más se acerca a la verdad, más se dará cuenta que las cosas no son lo que aparentan.

Capitana Marvel es un film singular porque bajo su apariencia simplona, de película de superhéroe genérica pasatista, alberga un vistazo sobre un pasado no tan lejano y con ello una interesante e irónica mirada hacia el cine de acción de aquellos tiempos. En ese sentido lúdico, autoconsciente y para nada cínico o distante, formula lecturas complejas sobre las formas de construir cine de género (el de acción) pasado por un filtro actualizado sobre las flagrantes demandas.

Para empezar, Vers aterriza (cae del cielo) sobre un Blockbuster de manera violenta: aquella enorme franquicia devenida pieza museística esconde sin nostalgias reaccionarias una mirada irónica que yuxtapone aquellos tiempos con el presente. El mismo se halla en Los Angeles (¿recuerdan aquél enviado del cielo que aterrizaba en un aeropuerto en esta misma ciudad en la década de los ochenta y respondía al nombre de John McClane?) por lo que podemos deducir que esa fémina viene a “destruir” como Deus Ex machina las viejas franquicias del cine de acción saturadas de ínfulas patriarcales, o al menos una figura que respondía a conservar un cine comercial, el blockbuster. Si no creen en ello, vean cómo Vers dispara instintivamente a un cartel de Mentiras Verdaderas (1994), película ícono de acción e identidades cambiadas de los noventa, destruyéndolo por completo. Situar la acción en los 90 no hace más que clausurar la nostalgia ochentera saturada de hoy en día.

El relato muta en una especie de buddy movie (subgénero exitoso en los 80 y 90) en medio de persecuciones cuya construcción cinematográfica (montaje, composición del plano, etc.) responde a formas que remiten al cine de acción de finales del milenio pasado, donde la operación estaba materializada sin tanto abuso de lo digital aun cuando el film abunda en trucos visuales de última generación. Dato interesante aparte: Samuel L. Jackson ese mismo año (1995) estaba protagonizando Duro de Matar 3: La venganza, dirigida por el genio que más impulsó el cine de acción en aquellos años, John McTiernan, y el gato que adopta Nick Fury se llama Goose, como el personaje de Anthony Edwards en Top Gun (1986).

Hay, a lo largo del film, una interesante simbología relacionada al subconsciente (los sueños o pesadillas que Vers tiene), coherente perfectamente con la simbología del agua (un estudio más que fascinante y complejo). El investigador italiano D’Aloia argumenta: “La superficie del agua se refiere inevitablemente a la superficie de la pantalla cinematográfica. Cuando aparece agua en la pantalla, una superficie corta otra. El agua hace que la pantalla adquiera fluidez y conecte el presente y el pasado, el consciente e el inconsciente, el sueño y la vigilia, la vida y la muerte. Al igual que la pantalla que separa y une la ficción con el mundo real, el agua también forma un plano de la separación y conexión entre dos mundos diferentes pero no incompatibles”

Esta teoría se ve reflejada en uno de sus sueños donde Vers es estampada contra una pared líquida que, al hundirse en ella, implica desde lo profundo una especie de pantalla cinematográfica que le revela parte de su pasado. Esta escena condensa perfectamente este estudio. Capitana Marvel entonces no solo es ese Ave Fénix que viene a poner en orden el cine de acción para que el género femenino adquiera más protagonismo; es una interesante mirada sobre una época cuya generación (X) es la conexión entre dos eras, entre dos siglos, dos miradas sobre el mundo (¿el fin del milenio era el fin de una visón ideológica sobre lo patriarcal?). Por suerte, el film recorre todo esto y lo antes mencionado con buenas armas. Algo más que digno para los tiempos que corren.

 

 

© Daniel Nuñez, 2019 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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Una respuesta a “Crítica: Capitana Marvel (Captain Marvel), por Daniel Nuñez”

  1. Entre esperando leer una crítica que me motivara a ver la película y me diera idea de que voy a ver, pero la verdad ni lo uno ni lo otro. Tienes una pagina muy bonita y se nota dominas las palabras, pero adornas tanto como tratando que se te reconozca tienes conocimientos de escritor que a la final fastidia leer y opacas la crítica de la película. No te lo digo con mala intención pero quien te va leer no quiere palabras rebuscadas sino saber tu opinión o crítica de una forma amena y como suele hacerse al final dándole un puntaje u opinión personal final que diga que la vayamos a ver o no.

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