24.05.18
Cine _ Estrenos

Crítica: El Corte, por Eduardo Elechiguerra

(Argentina, 2018)

Dirección: Regina Braunstein y Agustina González Bonorino. Guión: Helena Braunstein, Regina Braunstein y Agustina González Bonorino. Producción: Facundo Escudero Salinas y Nicolás Münzel Camaño. Elenco: Paloma Contreras, Nicolás Gold, Nicolás Mateo, Esteban Meloni, entre otros. Fotografía: Débora Bermúdez Mendoza. Duración: 66 minutos.

¿Qué sentido recóndito puede surgir de un corte de luz ocurrido en un sector pobre de la ciudad? El Corte (2018) busca con insistencia alguna posibilidad de respuesta, pero los resultados son difusos.

Después de treinta días sin electricidad, un grupo de vecinos lucha contra la inseguridad y los saqueos mientras buscan maneras de sobrevivir. Estos seres anónimos se ven afectados por diversas circunstancias, ajenas o vinculadas al corte.

Hay dos movimientos contrarios en El Corte que impiden el devenir acertado del filme hacia un final orgánico. Por un lado, está el guión que contextualiza la situación en un extenso corte de electricidad. Las connotaciones simbólicas y de denuncia empobrecen las diversas sub-tramas con un forcejeo entre las acciones de los personajes y el sentido de tales acciones.

Por otro lado, la composición de ciertas imágenes por parte de Débora Bermúdez brinda una riqueza de sentidos que hacen desear un film más fluido, pese a que apenas sobrepasa la hora de duración. Hay planos sugerentes en torno a la incertidumbre vivida por los personajes: desde la chica que pinta la casa mientras convive con su pareja hasta el niño que cuida un perro extraviado, las guionistas le imponen a los personajes llevar a cabo acciones que carecen de sentido, y a la composición, un sentido alterno en la historia.

En el medio de ambos movimientos están las actuaciones. No habría problema con ellas si no fuera por ciertas escenas muy poco creíbles. Gestos y reacciones exageradas entorpecen la pesadumbre de los personajes. Ellos están acostumbrados a una rutina de falencias y maltratos. Por lo tanto, una mirada de desesperación no es una queja frente a lo ocurrido, sino un gesto fácil ante las posibilidades que puede otorgar una actuación en torno a la pobreza.

Finalmente, el film no se decide entre ser una denuncia a carencias políticas del gobierno actual o ser un registro fiel de un corte de electricidad. Respecto de lo primero, compone un retrato excesivamente trágico de una circunstancia frecuente en una ciudad latinoamericana, como si no pudiera levantar la mirada por encima de esto. En cuanto a lo segundo, ciertas situaciones no apuntan a la fidelidad sino a la simbolización de una crisis que tarda demasiado en resolverse, y cuando lo hace, no depende de los involucrados.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2018 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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