28.11.18
33º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata _ Cine _ Estrenos _ Festivales

Crítica: Julia y el zorro, por Soledad Bianchi

Argentina (2018)

Guion y dirección: Inés María Barrionuevo. Elenco: Umbra Colombo, Victoria Castelo Arzubialde, Pablo Limarzi, Pedro Rodríguez. Producción: Juan Pablo Miller, Inés María Barrionuevo. Duración: 104 minutos.

Julia (Umbra Colombo) y su hija Emma (Victoria Sabina Castelo) llegan a las sierras cordobesas en invierno, meses después de la muerte del padre de la niña. Desde el principio se palpita una relación distante entre ellas. No por displicencia de la menor, quien está entrando en la adolescencia, sino por la apatía constante de la madre. Ambas deben acomodarse en su nueva realidad; se nota que no saben estar a solas. Pronto aparece Gaspar (Pablo Limarzi), colega de Julia, quien asume con el tiempo el don de la maternidad del cual ella carece.

Están allí para vender la casa de veraneo que en su tiempo de desuso fue vandalizada. Julia quiere desprenderse de la propiedad, Emma conservarla, pero con su corta edad su opinión no tendrá valor. En el transcurso de la historia las cosas se darán de forma diferente, aunque no porque Julia cambie su actitud y escuche a su hija o se haga cargo del rol de madre del que se desentiende desde el principio. La película posee una postura clara en lo que intenta mostrar y no va a caer en ningún facilismo o entramado de guión que cambie de forma mágica esta situación, sino que hasta su desenlace va a mantener el planteo inicial.

Estamos ante una historia que no tiene, salvo en su devenir, algo concreto para contar, pero sí mucho por poner a prueba. En la nueva obra de Inés María Barrionuevo, directora de la notable Atlantis, nada resulta forzado sino que todo se va dando de forma natural, poniendo en evidencia que ser madre no es una categoría única e irreemplazable como nos hicieron creer a través del mandato social imperante. Julia y el Zorro habla en presente, ya que del pasado poco sabremos, y no intenta construir un futuro sino vislumbrar cómo se puede continuar ante la necesidad de construirse de nuevo. A la vez, su premisa gira en torno a la deconstrucción de la maternidad en cuanto institución.

Hay ciertas pistas en las que deducimos cómo Julia forjó su personalidad: ella habla de su niñez, cuenta que mantenía relaciones afectivas con objetos o plantas más que con seres humanos, alude a lo estricto de sus propios padres. Así compuso una visión de las cosas ascética, carente de política, inmersa más en la frivolidad y en su carrera como bailarina y actriz que en generar vínculos reales con los que la rodean. Se la muestra viviendo el momento a través de la espontaneidad de sus actos. Hay momentos destacados en los que baila y actúa (donde Umbra Colombo brilla), y ahí es cuando emerge un ser pasional, demostrando que sus sentimientos los expone solo a través de su profesión. Con esto Barrionuevo hace hincapié en la necesidad de comprender la postura de Julia, que no es una villana -aunque por momentos parece comportarse como tal- sino una mujer que, como repite varias veces, ya no es joven y quiere vivir otra vida diferente de aquella a la que parece tener que estar obligada por ser madre.

¿Cómo crear lazos donde estos no existen? Acá la gran lección de El Principito no tiene validez: por más zorro que se le aparezca, Julia no quiere ni querrá domesticar a nadie, aunque en algún momento parece tentarse alimentando al animal. Es como si el espíritu de su esposo le indicara que tiene que seguir las reglas que impone la sociedad, como probablemente él haya hecho en vida. Ella siempre va a evadirse, ligada al hastío existencial más que a las relaciones humanas.

Con planos siempre a corta distancia (por lo general medios) y movimientos sigilosos, la puesta en escena hace énfasis en la intimidad de los personajes desde sus gestos e impulsos. La fotografía a cargo de Ezequiel Salinas  genera el clima con tonos verdes, ocres, también virado al azul por momentos,  creando un ambiente enrarecido, nebuloso, que compone la sensación introspectiva y distante que la acción demanda. Da satisfacción adentrarse en una historia que se anima a mostrar una situación extraordinaria, inusual, con el fin de poner a prueba los modelos. Da placer que ello sea a través de tan bellas imágenes.

 

 

© Soledad Bianchi, 2018 | @soleddub

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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