07.02.19
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Crítica: La favorita (The Favourite), por Pedro Seva

(Irlanda, Reino Unido, Estados Unidos, 2018)

Dirección: Yorgos Lanthimos. Guion: Deborah Davis, Tony MacNamara. Elenco: Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult. Producción: Ceci Dempsey, Ed Guiney, Yorgos Lanthimos, Lee Magiday. Distribuidora: Fox. Duración: 119 minutos.

Lentes impotentes

Después de varios años de cine, hay dos cosas que nunca faltan en los films de Lanthimos: los grandes angulares y las obviedades.

Debemos llegar a tal conclusión amén de la exitosa reproducción de vestuarios y decorados, de la prestancia con que los incisivos lentes captan las imágenes iluminadas por tenues velas y de la preponderancia de las interpretaciones del trío protagónico femenino (reina, cortesana y criada). Más allá de todo esto -que, la verdad, es bastante poco- encontramos una comedia basada en golpes de efecto, diálogos irreverentes -obra de la poco flexible Stone- y las grotescas pantomimas de Olivia Colman.

Lo burdo de las obviedades de Lanthimos llega a un nuevo cenit. Sus predecesoras actuales (hablamos de The Lobstery El sacrificio del ciervo sagrado) lograban un interés global a partir de un precepto particular (de raíz fantástica en la primera, orientada a un dilema teológico/moral en la segunda) que unía la totalidad en cada caso, proporcionando entereza.

Lo desarticulado, lo local, es la norma en La favorita. El juego de rivalidades entre Stone y Weisz conforma lo mejor del film, aunque su despliegue recae más en una pobre reinterpretación de Choderlos de Laclos que una visión particular de mundo. La técnica es tomada exclusivamente de Kubrick; el argumento, de de Laclos.

Al comienzo hablamos de angulares y obviedades. Desarrollemos esto último. El personaje de Hoult (cortesano, rival político de Weisz) se mete en la lucha de poder de las protagonistas como un tercero en discordia. La virilidad, la dominación y el poder de decisión e influencia son elementos centrales en el relato. La estrategia de Lanthimos queda ilustrada de este modo: 1) Hoult frota masturbatoriamente su cetro fálico mientras escucha a la oposición en el congreso. 2) El primer ministro, flácido en su poder de decisión (contrapunto claro al binomio Stone/Weisz), tiene como mascota un alegórico ganso, el cual apoya en su regazo y acaricia suavemente. 3) Weisz y Stone practican tiro mientras sostienen sus largos rifles a la altura de la cadera y en posición erecta. Con este último ejemplo añadimos una rápida lectura de resúmenes freudianos a una igual de rápida puesta en escena de Kubrick y de Laclos.

Resultado: un flácido menjunje.

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© Pedro Seva, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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3 respuestas a “Crítica: La favorita (The Favourite), por Pedro Seva”

  1. juan dice:

    viste como cuando lees una “critica” y sentis que no dijo nada el que la escribio? bueno, asi…

  2. Mariano pantano dice:

    Es una tendencia de la crítica, ponerse del lado contrario a la de los cítricos globales. Quizás por querer ser diferente, quizás porque no te gusta nada… eso queda de manifiesto, sobre todo, cuando sucede con películas con una tendencia UNÁNIME. Yorgos no es obvio. En todo caso puede no gustar…

  3. Pedro Seva dice:

    Buen día, no suelo responder comentarios en las críticas que he escrito, pero creo que en este caso algún comentario extra puede ayudar a una lectura más amplia en consonancia a lo explicado más arriba.
    Primero:
    Estimado Juan: Usted comenta que la crítica no le dijo nada. Bueno, le comento que la función de este escrito (y de los que en general desarrollamos) es volver objetivas ciertas ideas y lecturas personales que hacemos, de esta forma se identifican temas, situaciones y estrategias que observamos que el autor/director utiliza para desarrollar diversas ideas en directa correspondencia con su obra anterior (tal como en esta crítica se desarrolla). No solo por el hecho de usar la palabra escrita (hecho objetivo por naturaleza), sino, por localizar un tema central y descular como este se refleja en el devenir del film (en particular, este proceder se encuentra en la parte final del escrito). Reitero, usted dice que “no le llego”, lo cual es más que valido, pero, de todas formas, me parece que usted se queda únicamente en su subjetividad, su comentario carece de cualquier intento de contacto objetivo con la película en cuestión, con la obra del director o con la propia crítica que usted se encuentra comentando. Justamente, el comentario que usted escribe no hace otra cosa que caer en la categoría de “berrinche”, lo invito -si es que lee esto- a que comente sobre el film y/o la crítica con algo más de sustento que el “no me gustó la critica”, ya que eso lo puede hacer cualquier hijo de vecina.

    Estimado Mariano Pantano: Usted dice que “la crítica global” apreció el film (lo cual es cierto), pero que hay “una tendencia de la crítica a ponerse de los críticos globales”, al comentar esto usted no hace otra cosa que caer en una contradicción: Si fue unánimemente bien recibida, ¿Como sería una “tendencia de la crítica” el ponerse en contra? Cuando la verdadera “tendencia de la crítica” es calificar positivamente este film. Honestamente, no le entiendo. Por lo demás, usted me califica como alguien que quiere hacerse el diferente y que “no le gusta nada”, aquí usted cae en el famoso “correr por izquierda”: Como se calificó negativamente una película de Yorgos -como usted familiarmente se refiere al director del film- que seguramente usted apreció, el desarrollo de la crítica no tiene ningún valor, y así usted califica al desarrollo como “gusto” y al hacedor del desarrollo como a alguien que “no le gusta nada”. Lo curioso es que usted realiza un comentario de naturaleza similar al otro que aquí se encuentra, ya que ninguno de los comentarios busca desarrollar aspectos que a mi se me perdieron, o momentos burdos en la composición del escrito. Esto último es claro cuando hablamos de “las obviedades de La Favorita”, para desarrollar esta noción se identificó un tema o eje central de la película “las relaciones de poderes representadas como virilidad y potencia sexual”, para luego descular como ese tema se ponía en escena en tres momentos del film, lo que descubrimos es que la expresión de estas nociones era desarrollada únicamente a través de la literalidad más llana: ganso, cetro fálico y rifle genital (este último sería el más interesante, al plantear un -mínimo- distanciamiento vuelto metáfora, en contraposición a lo llanamente burdo de los otros dos). Es el gran problema del film, su suma grandilocuencia y su desdén por intentar desarrollar ideas con tacto y una evolución plausible. Una vez que vemos por primera vez las carreras de gansos o los diálogos genitales ya no hay espacio para plantear un desarrollo temporal-espacial de estos temas. Lanthimos, para decirlo en criollo, tira todo el asado de un tirón con el fuego en su máxima capacidad. Rápidamente la obra se “quema”, se tiñe de un único color por las dos horas que dura el relato. Es obvio porque se repite, es obvio porque no desarrolla lo ya instaurado. Aquí hice una explicación más detallada y con diversas metáforas de lo que arriba ya se explicaba, como verá no es un tema de “gusto”, como usted -tirando la pelota fuera de la cancha- dice. Además si para usted estos haceres no son obviedades, no tengo otra cosa que preguntarle “¿Por qué?”, ¿Como contradice -con argumentos, claro- lo que estuve explicando? Porque en su comentario no veo otra cosa que injurias hacia mi persona, pero ningún comentario sobre la crítica o la película en cuestión.

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