A Sala Llena

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CRÍTICAS - CINE

Mujer medicina

(Argentina, 2019)

Guion, dirección: Daiana Rosenfeld. Producción: Anibal Garisto, Daiana Rosenfeld.

La medicina también actúa de acuerdo a cómo estás: psicológicamente, espiritualmente…

Habría sido fácil para Daiana Rosenfeld, la realizadora de Mujer Medicina, definir la ayahuasca, el peyote y el temazcal, o hacer que los guías hablen de la historia de estas plantas. Sería fácil también para este servidor referir al menos superficialmente las características de estas plantas medicinales. Ni uno ni otro camino serían cónsonos con la búsqueda de Fedra Abrahan. Las pistas que se nos van dando en su viaje a y estadía en Perú aluden a un proceso de purificación y sanación donde el conocimiento no puede ser más fuerte que el luto por la pérdida de su padre.

Por un lado, el rostro que vemos en una de las escenas iniciales en un primerísimo primer plano es el de Fedra que no gesticula lo que dice. Intuimos que la voz en off confesando que “viene a sanar” es la de ella. Tardamos en escuchar voces humanas, aunque ya en la primera imagen vemos a la protagonista. Y una vez que escuchamos a uno de los guías, Fedra está atenta en un primer plano donde ella tiene de fondo el verdor de la naturaleza a la izquierda y a la derecha una pared de madera. El guía está fuera de campo hablando de los beneficios de organicidad de la ayahuasca. La siguiente toma es la de él hablando enmarcado en la abertura de una puerta. Que este corte no sea el de un plano-contraplano sino el de una interlocutora escuchándolo a su lado y que él se encuentre como antecediendo una suerte de portal, ya nos da indicios de un diálogo no entre opuestos, sino de colaterales.

Puede ser problemático que, en medio de tanta cámara fija, se decida usar primerísimos primeros planos para mostrar el rostro de Fedra un tanto estetizado y que escuchemos su voz forma extradiegética. Como si esa voz estuviese disociada de la identidad del rostro. Pero así es como la película nos plantea un matiz: la sanidad no es coherente, sino arraigadamente ancestral. Tantas tomas de la naturaleza mientras la voz reconoce su rudeza no son fortuitas. Son la búsqueda de una identidad abarcante y conflictuada. Y de todas maneras, tal quiebre es parte de una progresión enmarcada en un principio y un final donde la voz y el cuerpo de Fedra en plano medio sí están en sincronía.

También es cierto que estas tomas del rostro de Fedra se van fragmentando en planos detalles de sus labios y ojos a medida que transcurre la película. La mención a la naturaleza mágica de la ayahuasca parecería de una vacuidad peligrosa. Pero también es cierto que la búsqueda estilística de la obra está cuidadosamente armada. La preponderancia de planos fijos y de voces extradiegéticas nos sugieren un camino espiritual donde el cuerpo está fragmentado y magnificado. Incluso lo que parece un pequeñísimo desliz técnico en el movimiento abrupto de una cámara fija coincide con las palabras del guía en escena sobre la búsqueda espiritual que emprende cada persona en un momento de su vida. Este pequeño error puede connotar que todo camino proviene también de la más mínima inquietud.

En medio de tantos planos detalle de flores, insectos y hojas de árboles, Daiana Rosenfeld nos está sugiriendo con su cuarta obra que la multiplicidad de la naturaleza también abarca al ser humano. Aun cuando vemos el cuerpo completo de Fedra o de sus compañeros en los rituales, la medida de los planos es la de la naturaleza, no la de los cuerpos. La sincronía entre la primera y los segundos se logra no necesariamente acudiendo a estas plantas medicinales, sino emprendiendo un camino en el que se busca el quiebre de sí en pos de un autoconocimiento que no rehúya de las dificultades.

 

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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