10.06.19
Cine _ Estrenos

Crítica: De nuevo otra vez, por Aldo Montaño

(Argentina, 2018)

Guion y dirección: Romina Paula. Elenco: Romina Paula, Mónica Rank, Ramón Cohen, Esteban Bigliardi, Pablo Sigal, Mariana Chaud, Denise Groesman. Producción: Diego Dubcovsky. Distribución: Compañía de Cine. Duración: 84 minutos.

Señora de nadie

“Ahora que no tengo deseo o, mejor dicho; que mi deseo anda suelto”. Romina se redefine sobre la marcha. Se corrige, piensa, mientras su voz en off acompaña una sucesión de viejas fotografías familiares. Además de poner en escena su archivo familiar, en De nuevo otra vez Romina Paula le da su nombre e interpreta a la protagonista. También, hace que tanto su hijo como su mamá hagan de sí mismos en una ficción atravesada por lo autobiógráfico y el género documental. Romina es una mujer de casi cuarenta años que huye junto a su hijo de la vida que armó con su pareja en Córdoba. Regresa a Buenos Aires, se reencuentra con su mamá, sale de nuevo con sus amigas, mientras intenta encontrar la respuesta a la pregunta que le hacen todos: “¿Te separaste?”.

Romina Paula es escritora, actriz y también dirigió teatro. En De nuevo otra vez es guionista, intérprete y hace su debut como directora, mediante una historia en la que aparece como madre, hija, esposa, pero también como mujer, a secas, sin que su relación con otra persona la defina; una mujer que se está replanteando sus deseos y ambiciones. Esa multiplicidad de roles, esa consciencia escindida de la autora, se refleja en las diferentes texturas que adquiere la película. Los momentos de vida cotidiana en casa de su mamá acompañada por su hijo son registrados de manera documental, los monólogos frente a cámara tienen impulso de performance teatral y el relato en off sobre las fotos son textos literarios recitados. Al igual que Mariano Llinás, Romina Paula hace de su voz, y de los textos que escribe para su película, un recurso cinematográfico y a través de su tono y el ritmo de sus palabras le otorga un nuevo espesor a las imágenes.

Romina es una mujer errante, una extraña en todos lados: en la casa de su mamá, en una fiesta con sus amigos, sola en la noche esperando un colectivo, intentado besar a un chico mientras carga a su hijo en brazos. Sin embargo, esa sensación de estar fuera de lugar y la incertidumbre que atraviesa no le generan necesariamente tristeza y más bien las transita como una exploradora de sus nuevas emociones. La gente que está a su alrededor tampoco tiene las cosas muy claras ni parece buscar definiciones. Una de sus amigas tiene un novio ausente, el chico que le gusta dice que se va del país porque no quiere estar atado a nadie, y cuando la chica que le gusta tiene que definir su estado civil dice que está “picoteando”.

La primera película de Romina Paula es, por un lado, el testimonio de una generación que fue joven durante el siglo pasado y que ahora intenta probar, y bajar de la teoría a la práctica, un nuevo paradigma de relaciones afectivas. “¿Hace falta que todo se rompa para separarse?”, se pregunta Romina: “¿Esto va ser así para siempre?”. Por otro lado, también como signo de esta época, la película se interesa en poner en escena al feminismo. Esto se presenta en uno de los monólogos, cuando la hermana menor de una amiga de Romina hace referencia a la “revolución de las hijas”, título de uno de los libros de la periodista especializada en temas de género Luciana Peker. Pero también aparece de manera simbólica en la escena en la que Romina, su mamá y su abuela preparan un almuerzo en el patio. Romina juega al fútbol con su hijo mientras su mamá prende el fuego. Tres generaciones de mujeres hacen “cosas de varones” en un asado que termina con la lectura de un texto feminista en la sobremesa.

Cuando Romina repasa las fotos de su familia es como si escarbara en los rastros del pasado para entenderlo. Relata las decisiones de sus antepasados para ver cómo ella se inserta en ese árbol genealógico. Sus abuelos aceptaron su destino y cuando emigraron se quedaron en el país que los aceptó. En un momento, cuando Romina mira en su celular fotos de una noche  anterior junto a sus amigos y la chica que le gusta,  las imágenes del pasado parecen dejar de interesarle. La pregunta de De nuevo otra vez es si ella, al igual que sus antepasados, también quiere aceptar su destino, quedarse con lo que le tocó. Por eso la secuencia en la que posa delante de imágenes proyectadas alternando la compañía de su novio, su hijo, su mamá y sus potenciales amantes es su manera de imaginarse en otras vidas posibles. Posa como probándose esas otras vidas. Pensando cuál le gusta más, cuál le queda mejor. 

 

 

© Aldo Montaño, 2019 | @aldomontagno

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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