15.04.19
Cine _ Estrenos

Crítica: The Highwaymen (Netflix), por José Tripodero

(Estados Unidos, 2019)
Dirección: John Lee Hancock. Guion: Paul Fusco. Elenco: Kevin Costner, Woody Harrelson, Kathy Bates, John Carroll Lynch, Kim Dickens. Producción: Casey Silver. Duración: 132 minutos.

Seres de un tiempo muerto

Emboscada final (un título local que parece de un film directo a video) es una película que cuenta los días finales de Bonnie y Clyde desde la perspectiva de los policías que los persiguieron, ellos fueron Frank Hamer y Maney Gault, interpretados por los siempre efectivos Kevin Costner y Woody Harrelson respectivamente. Suele suceder que grandes premisas no siempre llegan al buen puerto de una historia completa, incluso muchas de ellas se diluyen apenas se presentan, es así que el desarrollo de una idea es tan o más importante que la idea misma. El gran acierto del guión de Paul Fusco es presentar a la famosa pareja de delincuentes (convertidos ya en personajes pop) como fantasmas o seres casi sobrenaturales pertenecientes a una leyenda rural, de la que todos quieren huirle. Tal escenario resulta perfecto para el perfil de los dos policías, mientras Hamer es un Texas Ranger retirado que vive una vida acomodada (gracias al dinero de su mujer) pero aburrida, Gault es un alcoholico que vive al borde la pobreza sin esperanzas ni ambiciones más que cuidar a su nieto. Ambos coinciden en tener un vacío por no continuar desempeñándose en la única tarea para la que son buenos: rastrear el paradero de delincuentes. Ninguno de los dos sirve para acoplarse a la vida mundana, ni siquera a la era en la que se encuentran, porque el pasado que compartieron como policías fue lo más cercano a una vida en convivencia. Los retazos de esa vida anterior emergen en los momentos clave, en los que la trama parece girar en círculos, de la misma manera en la que la persecución de Bonnie y Clyde los pone.

Costner hoy es una especie de outsider pero también es un guardián del Cine Clásico, uno que se resiste a perecer (el caso más emblemático es sin dudas Clint Eastwood, un exponente de la contracultura del Hollywood más urgente). Si bien el actor de Los intocables (1987) ha sido más inestable en su carrera como director, Emboscada final tiene mucho de su mundo autoral, en especial en la recitación de los diálogos y en el vínculo con Harrelson, un actor diferente por su capacidad camaleónica sin la necesidad de disfrazarse. Los diálogos entre ambos son de lo mejor de la película porque en ellos se construye ese desfasaje temporal en el que viven. Como sucede en las películas de Eastwood (también en algunas de Costner) la tecnología es un eje temático puesto en crisis, en sus falencias se visibiliza el factor humano sin importar la época; sucedía en Sully (2016) y sucede en Emboscada final, ambientada en 1934. La transparencia de lo humano, en su carácter más ambiguo y gris por las virtudes y defectos, define la riqueza de estos films que escasean; no es casual que las películas que dominan las salas de cine presenten personajes superdotados con poderes sobrenaturales, que sí muestran imperfecciones pero que están dominados por un espíritu maniqueísta en sus narraciones: se es un don nadie o se es el superhéroe más grande del planeta. Hammer y Gault son seres de un tiempo muerto.

La película es, además, una road movie que propone un viaje de postales por el Estados Unidos profundo en la década de 1930, contorneado todavía por los coletazos de la Gran Depresión. De haberse buscado un director menos complaciente, como lo es sin dudas John Lee Hancock, se habría aprovechado este tiempo histórico riquísimo para una composición visual mucho más creativa que la estrategia cuadrada propuesta por el responsable de bodrios como Un sueño posible (2009). Pensemos en Luna de papel (1973). Si bien es cierto que poco se parece a esta película, la recreación de Bogdanovich se mostraba preocupada por cada detalle presente en pantalla. No vamos a pedirle a Hancock que se convierta en Bogdanovich de buenas a primeras pero sí es necesario señalar que un proyecto está pensado para la pantalla de cine mientras que el otro lo está para pantallas de diferentes dispositivos electronicos. Sería muy simple achacarle a Netflix la responsabilidad de los tiempos que corren en términos de producción y distribución, pero ¿qué sucedería si este servicio de streaming no produjera y estrenara películas como Emboscada final? ¿Tendría espacio en salas comerciales? La discusión no pasa por los hábitos de consumo (aunque es cierto que han cambiado drásticamente) sino en cómo ha cambiado lo que se consume. Las películas producidas y/o estrenadas por Netflix hoy pertenecen al orden de lo marginal para la pantalla grande cuando hace no más de dos décadas un producto protagonizado por una estrella como Kevin Costner estaba en el orden de un blockbuster.

El ritmo narrativo de esta historia de un contraplano sobre los días finales de Bonnie y Clyde puede provocar ansiedad en aquellos que pretenden resoluciones instántaneas y no un caldo que se cuece a fuego lento o en el disfrute de los contrapuntos dialogales, de los silencios o de las secuencias de acción reposadas, las cuales están más focalizadas en las sustancias narrativas que en el derroche de adrenalina. Claramente esta producción del gigante del streaming actual es una rara avis de otro tiempo pero dista mucho de estar pasada de moda, un concepto ubicado bien en las antipodas de este policial instropectivo, rutero y desconsolador.

calificacion_4

 

 

© José Tripodero, 2019 | @jtripodero

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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