28.02.18
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Crítica: Dunkerque (Dunkirk), por Jose Luis De Lorenzo

(Estados Unidos, 2017)

Guión y dirección: Christopher Nolan Elenco: Fionn Whitehead, Damien Bonnard, Aneurin Barnard, Mark Rylance, Cillian Murphy, Kenneth Branagh, Tom Hardy. Producción: Emma Thomas.  Distribuidora: Warner Bros. Duración: 106 minutos.

Una anomalía puede asociarse a desperfectos, a correrse de la normalidad o de lo esperable. La anomalía no permite prever, implica un desvío.

Dentro de la filmografía del británico Christopher Nolan, sus últimos cuatro proyectos tenían los siguientes puntos en común: promediaban los 160 minutos de duración, explicaban de más, exhibían un carácter solemne e incluían partituras musicales in crescendo hasta llegar a un clímax estridente. A su vez jugaban con la temporalidad, el tiempo detenido, el relato desdoblado y el paralelismo temporal.

Dunkerque (Dunkirk, 2017) conforma una anomalía en la obra de Nolan, quizá por necesidad y determinación. El menjunje de elementos habituales, cuando estos son bien utilizados, demuestra claramente sus virtudes. Dunkerque es una ciudad portuaria del norte de Francia en la que históricamente aconteció la Operación Dínamo, que consistió en la evacuación de soldados británicos, franceses y belgas tras la derrota francesa a cargo de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Estamos ante un film bélico que implora convertirse en épico. Nolan apela a la majestuosidad de la imagen, a desechar en lo posible el digital y filmar en 70mm, respetando el formato casi en extinción de las grandes superproducciones a las que intenta homenajear y de las que ha tomado varios elementos. Prefiere rodar en la locación original, modificándola y reconstruyéndola para asemejarse a los hechos. Rasgos que indican una cierta obsesión quisquillosa por querer acercarse a directores que admira, como Lean o Kubrick.

Hay tres aspectos que funcionan muy bien dentro de la narración de Dunkerque: la delimitación, el tiempo y el sonido. La acción se presenta en tres extensiones que comprenden el aire, el mar y la tierra, permitiendo así una demarcación de tres historias con tres personajes que resultan asociables instantáneamente a lo largo del metraje. Sin importar las diversas duraciones de estos segmentos, los tres evidencian un nexo que los une, el tiempo.

Los paralelismos temporales son empleados de manera tal que en los primeros minutos cuesta entender la organización lineal del film, pero una vez vinculados el artilugio distractor pierde su efecto y da lugar al sonido. Dicho recurso, teniendo en cuenta la utilización de la escala Shepard -decisión conjunta con Hans Zimmer- conlleva crear una ilusión auditiva in crescendo a partir de una serie de notas en distintas octavas, con objeto de generar suspenso.

En Dunkerque percibimos a un Nolan más relajado, sin querer mostrar superioridad ni espectacularidad, sin apelar a tramas que rozan el ridículo como en Interestelar (Interestellar, 2014), sin contar con un protagónico que se robe la película como Heath Ledger en Batman: El caballero de la noche (The Dark Knight, 2008), y sin dar mil vueltas sobre el mismo eje, como en El origen (Inception, 2010).

calificacion_4

 

 

 

© José Luis De Lorenzo, 2017 | delorenzo@asalallena.com.ar | @josedelo

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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