06.03.18
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Crítica: La Gran Aventura de Gamba (Airbound), por Eduardo Elechiguerra

(Japón, 2015)

Dirección: Tomohiro Kawamura y Yoshijiro Komori. Guión: Ryota Kosawa. Voces: Nash Grier, Justine Ezarik, Crispin Freeman. Producción: Tetsu Fujimura, Kenichiro Hayafune, Muneyuki Kii, Tsutomu Kuno. Distribuidora: Cinemátiko. Duración: 92 minutos.

“¡La victoria será mía!”, exclama Gamba en uno de los momentos álgidos del enfrentamiento entre ratones, gaviotas y comadrejas. Sea un error de doblaje o de guión, tal muestra de egotismo frente a la lucha que ha sido llevada a cabo coralmente es una de las varios tropiezos del filme. Porque sí, el anhelo de aventura de un ratón citadino sin conciencia de los riesgos es admirable, pero lo cierto es que ni siquiera podría estar diciendo tal frase desde los aires si no fuera por la gaviota que lo carga o los amigos que también luchan en el mar.

La gran aventura de Gamba, que se basa en la novela de Atsuo Saito, es una película animada donde Gamba y su amigo Matthew se enrumban en una aventura para conocer el mar. Pero llegar al mar implica también enfrentarse con las vicisitudes respectivas, que incluyen viajar en barco con ratones marinos y conocer una isla invadida por comadrejas.

La naturalidad con la que Gamba acepta los imprevistos de la aventura entorpece el fluir de la historia. No hay sorpresa en su manera de recibir las novedades, sino una voluntad que plantea los cambios como algo que podría esperarse. Y tal voluntad no resultaría errada si la aventura no estuviera emparentada con situaciones tan pobremente animadas; no sólo en el sentido técnico, donde el filme falla con creces, sino en la actitud de los personajes. En lugar de emoción y sorpresa, tenemos una consecución de eventos aceptados con valores bonachones y acumulados con ingenuidad. La amistad, el compromiso y la bondad son propuestos aquí frente a una oleada de maldad demasiado contrastante como para que sea atractiva o siquiera creíble.

La mayor falla del largometraje es la animación. Hay poco detalle en las texturas de los personajes, sus movimientos y gestos, y en las tonalidades de los paisajes. En una época donde varias compañías de animación exploran al máximo las posibilidades de la tecnología, incluso las del stop motion; Gamba se queda corto con chistes ingenuos, efectos evidentes, y esto aún a pesar de su breve duración. A falta de matices por algún lado, el carácter moral expuesto en la película parece más bien un gesto de timidez.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2018 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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