09.05.18
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Crítica: Amante doble (L’Amant doublé), por Eduardo Elechiguerra

(Francia, Bélgica, 2017)

Dirección: François Ozon. Guión: François Ozony Phillippe Piazzo, basado en la novela Vidas de gemelos, de Joyce Carol Oates. Elenco: Marine Vacth, Jéremié Renier, Jacqueline Bisset. Producción: Eric y Nicolas Altmayer. Distribuidora: SBP. Duración: 107 minutos.

¿Qué atractivo tiene para una mujer enamorarse de dos hombres similares al mismo tiempo? Amante doble busca respuestas tentándose con las honduras del mito de Eros y Psique, pero los intereses de Ozon por armar un thriller aplanan el resultado.

Chloé (Marine Vacth) se enamora de Paul (Jérémie Rénier), su psicoanalista. Después de mudarse con él, se entera de que este tiene un hermano gemelo, llamado Louis. Chloé se inmiscuye con ambos sin sospechar hasta dónde llegará el asunto.

El mayor encanto de Amante doble es el desparpajo en la sensualidad de los amantes. Ozon juega a reflejar con intensidad la intimidad de los dos personajes sin importar que al final todo esto termine siendo gratuito en medio del terror psicológico que intenta imprimirle al embarazo de Chloé. Los amantes se desdoblan en un juego de espejos que ya ha sido tratado antes con más ingenio.

Ozon quiere probar con varios géneros, sin darse cuenta de que su indagación erótica es la más fascinante. El juego de roles muestra el lado más dominante de Chloé, amén de su victimización. Un jugueteo con las personalidades contrastantes de los gemelos da cuenta también de que ella puede ser dos mujeres diferentes al dejarse rendir por ambos hombres.

Luego, las vueltas de la trama resultan inverosímiles, por más que Marine Vacth se comprometa con una actuación sugerente. Tales giros parecen implicar una versión menos inquietante de alguna película de Brian de Palma. Las escenas sexuales están en un plano más interesante que los giros entre ambas relaciones. Y no solo por el atractivo físico de los actores involucrados, sino también porque desentraña sentidos, un tanto usados ya, sobre el otro como doble y doblez de uno mismo.

Al final, es una lástima que el guión no pueda huir de lo convencional para salvar a la protagonista del delirio. Una aparición brevísima y también doble de Jacqueline Bisset hace recordar el cine de los setenta u ochenta, pero no es más que un gesto terco de la nostalgia. Su papel resultaría muy fácil de olvidar si no fuera por la perdurable belleza de la icónica actriz.

La película, que estrenó el jueves en la cartelera argentina, compitió por la Palma de Oro el año pasado.

 

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2018 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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