07.02.20
Cine

Obituario: Kirk Douglas 1916-2020, por Miguel Peirotti

50 veces “Duglas”

Ha muerto la leyenda que no pensaba morir (y que ya no queríamos que muriera). Este hombre-omega de Hollywood deja como legado un manojo de clásicos de impacto mítico. ¿Qué más podemos agregar? Las siguientes:1. KD ha vivido casi lo suficiente para que estemos en condiciones de narrar la historia de Hollywood como un episodio de su vida, y no al revés. 

2. Arrastraba ya tantos años que su hijo Michael, el nieto del trapero, hoy parece un anciano dibujado en los estudios Ghibli (y es poco probable que llegue tan bien a los 103 años). 

3. A lo largo de más de un siglo de existencia, los argentinos nunca logramos pronunciar correctamente su apellido, ¿no es cierto, Mr. “Duglas”?

4. Nunca ganó un Oscar por su actuación, sino uno honorario en 1996. 

5. ¿Qué actor o actriz hoy no tiene tres nominaciones al Oscar? 

6. La prometedora (y cumplidora) Saoirse Ronan ya empató a KD en nominaciones y le faltan 78 años para equiparar su edad.

7. KD es por esto uno de los típicos productos legendarios de Hollywood: trasuntó la inmortalidad en vida a pesar de arrastrar ningún reconocimiento concreto de la industria que colaboró a engrandecer. 

8. Concreto: un Oscar. No mencionemos el Premio Cecil B. DeMille y esas paparruchadas de consuelo. 

9. Cuando la cámara encuadra a KD nos deja ver a un transistor al rojo vivo que sabe que lo que se da a veces es menos importante que la manera de darlo. Quizás por eso no ganó un Oscar.

10. El 7 de mayo de 1952 se estrena en Argentina una obra maestra de Billy Wilder con KD: Ace in the Hole. Y, sí, nada de óscares. 

11. Robert Mitchum decía que la casa de Kirk Douglas parecía el “Museo Kirk Douglas”, plagada de premios, diplomas, fotos, trofeos, retratos y un pomposo etcétera.

12. Mitchum no se lo bancaba mucho, por lo que hay que tomar con pinzas lo que haya dicho. 

13. Mitchum y Douglas siempre rivalizaron. 

14. RM y KD coincidieron en Out of the Past (1947), la obra maestra mayor de obras de Jacques Tourneur. 

15. También coincidieron en ese whodunnit de John Huston en la que Mitchum ponía acento irlandés: La lista de Adrian Messenger (1963), que solía pasar el canal Fox Classics.

16. Cierto: ninguno de los dos ganó un Oscar y son dos mitos de permanencia de roble.

17. Hoy Hollywood nomina y premia vaya uno a saber qué trending topic. 

18. Aunque algo de razón tenía Mitchum: según la leyenda, a KD le ofrecieron interpretar el papel de Tony Curtis en Fuga en cadenas (1957), de Stanley Kramer, pero contrapropuso hacer ambos personajes; un hecho real parecido a la situación del actor australiano que hace Robert Downey Jr. en Una guerra de película. (Según otro párrafo de la misma leyenda, a RM también le ofertaron aquella película antirracista pero quedó mucho peor que KD al negarse a actuar con un negro, Sidney Poitier.)

19. KD tenía el ego más grande que la voluntad independentista de Espartaco. Eso es cierto. Pero, en su defensa: ¿qué actor de Hollywood no lo tiene así de inflamado?

20. La presión sanguínea de su fuerza actoral le sirvió también para disfrazarse de Vincent Van Gogh en Sed de vivir (1956) y salir dignamente parado del asunto. 

21. Trabajó dos veces con Brian De Palma: Home Movies (1979) y La furia (1978).

22. Antes de ser un esclavo romano fue un guerrero nórdico en Los vikingos (1958), de Richard Fleischer.

23. Fleischer también contó con él en 20.000 leguas de viaje submarino (1954).

24. En 1954 hizo otra película, sino submarina, marina al menos: Ulises. 

25. …Ulises le permitió sentar el precedente muscular de Espartaco.

26. El festival de Cannes siempre le hará honor a su presencia volviendo a tonificar esa foto en la que bromea con el pelo de Brigitte Bardot con mal disimulada intención lúbrica.

27. Es que KD era un cepillo de mujeres impenitente y multitasking.  

28. Si La patrulla infernal (1957) de Kubrick lo mostraba en toda su energía contestataria…

29. …como productor de Espartaco (1960) tuvo las riendas totales del proceso. La película es tan suya como de Kubrick.

30. Él fue quien permitió que el guionista Dalton Trumbo, con la carrera devastada por haber integrado “la mesa chica” de las listas negras del macartismo, trabajara con firma para poder asomar la cabeza de su ostracismo.

31. Ignoro si por agradecimiento o qué, Trumbo le regaló otro gran guión: Lonely Are the Brave, un drama de David Miller de 1962 no estrenado jamás en Argentina con una de las más grandiosas actuaciones de KD.

32. No recuerdo el nombre de este western, pero me impactó la escena en que, perdido en su laberinto mental, al borde de un estallido frenético, toma del cuello a un perro de la calle que pasaba por allí y le gruñía, casi hasta sofocarlo.

33. Sí recuerdo el nombre de este western: Duelo de titanes (1957), de John Sturges. Es superior la versión de John Ford, Pasión de los fuertes (1946), pero el Doc Holiday de KD es el mejor de la historia del cine.

34. Con Sturges repitió en El último tren a Gun Hill en 1959. Escena memorable: aquella en la que conduce a un preso hasta una carreta con el cañón de la escopeta apoyado en su garganta para que los secuaces que los rodeaban no pudieran estrechar el cerco.

35. Hay que revalorizar ese drama familiar llamado Mafia (The Brotherhood, 1968) de Martin Ritt, que películas superiores como la saga El padrino eclipsaron. 

36. Capitán Kirk podríamos haberle llamado si no existiera el Enterprise. 

37. Las numerosas cirugías estéticas con las que desdibujó su rostro hasta calcar el del crítico bizco de El Show de Los Muppets ocultaron su perenne hoyuelo en el mentón. Es lo único que no le perdonaremos.

38. ¿Por qué un millenial –ni hablar de un centennial– debería saber quién es KD?

39. La pregunta no fue retórica. Pero carecemos de respuesta. 

40. KD se fue a otro plano de existencia justo en el momento en que la sala de cine se ha convertido, con todas las posibilidades de confort, en un mal lugar, incómodo y hostil.

41. Hay condiciones sine qua non, como actores, diría Guillermo Cabrera Infante, “cine qua non”. KD era uno de ellos: el cine sin él no habría sido o habría sido menos.

42. O habría sido otra cosa: un espacio de expansión mitológico con todo menos con, por ejemplo, Espartaco. 

43. KD responde al ADN estatutario de las leyendas del cine: no fue el primero ni el mejor; fue el dueño de su propio grupo sanguíneo. 

44. Nunca fue complaciente con su metodología de trabajo. “Amolda las turbulencias del espíritu en la probeta de los propios sentimientos”, dijo alguien sobre otro, pero encaja bien aquí.

45. El péplum le caía bien. Ya mencionamos a Ulises y a Espartaco (casi entra Los vikingos a fuerza de polleras y sandalias). 

46. El homo-kirk douglas es pétreo, firme, crispado, rudo y emocional. La evolución del homo-victor mature. 

47. “Espartaquizado” para siempre, KD será nuestro esclavo liberto por cuenta propia favorito. 

48. Pero su mejor actuación es probablemente la del drama noir El luchador (1949, una de sus tres nominaciones al Oscar), dirigido por Mark Robson, donde KD levanta los pedazos rotos de un boxeador agónico en el contexto de la corrupción deportiva de las apuestas. 

49. Entre las numerosas cuestiones suscitadas por su fallecimiento, podríamos conversar la del diálogo que mantienen los espectadores de cine hoy con las leyendas de ayer. 

50. Todo espectador que lo haya visto en cualquiera de sus interpretaciones más logradas sabrá de qué hablo si digo que ver una película con Kirk Douglas es una actividad que podría ser definida como “visionado físico”. KD se ha extinguido en su materialidad terrenal pero queda la biósfera testimonial de su herencia en el mundo, un mundo en el que el cine que lo creó está convaleciente, frágil y exponencialmente mutante. En este panorama transicional de La Imagen redefinimos al Cine prácticamente cada dos días. El lejano y borroso Hollywood dorado ha quedado inhumado bajo el polvo de las nuevas estrellas mediáticas. Paradoja: con su muerte, vuelve a emerger la voz de la singularización de KD, casi con respeto hagiográfico.

© Miguel Peirotti, 2020 | @MPeirotti

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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