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¿Qué puede verse en Qubit? | Tabú

¿Qué puede verse en Qubit? | Tabú

TABÚ

Antes que leer recomendaciones, siempre lo mejor es explorar y probar con aquellas películas que llamen la atención por algún motivo. Debido a esta verdad universal, la columna de este mes se autodestruirá en unos segundos. Adiós.

Ah, siguen ahí, parece que quieren recomendaciones. En fin, entonces aquí va una:

Tabú. No estamos hablando de la de Miguel Gomes de 2012, y tampoco de la pornográfica de 1980, toda una estrella de las zonas recónditas de los videoclubes. Qué cosa del pasado los videoclubes, ¿no? Por cierto; mejor recomendemos la Tabú que queremos recomendar antes de entrar en los recuerdos inconducentes y nostalgias perezosas en torno a acciones como “el rebobinado”. Esta Tabú es una de las mejores películas de la historia, así de fácil. Y es de un pasado aún más remoto que el de los videoclubes. Es de 1931 y la dirigió F. W. Murnau, y fue la última de sus películas. Y si no conocen a Murnau es hora de que lo hagan ya mismo. En QubitTV hay otra de las suyas, una con uno de los personajes más famosos de la historia del cine. ¿Intrigados? Pasen y vean.

Para seguir con algún criterio, porque a la gente que le gustan las recomendaciones a veces también le gusta que tengan algún criterio, vamos con otra película cuyo título también es de una sola palabra, aprovechando además que estamos en un mes cuyo nombre es una sola palabra. La película es Contagio de Steven Soderbergh. Un thriller médico, o una película de suspenso con la ciencia bien mostrada, o un film de narrativa fulminante para contar una epidemia, un tema muy apto para el cine. Bah, para las películas, porque al decir el cine uno piensa tal vez en una sala… y con gente tosiendo, y viendo una de epidemias… Veanla en casa, en QubitTV, mejor solos y con alcohol en gel.

Y hay muchas otras películas de una sola palabra para ver en QubitTV. Por ejemplo Matador de Almodóvar, o Amateur de Néstor Frenkel. El director de Amateur también hizo El gran simulador, pero en esta ocasión no podemos recomendarles esa película sobre René Lavand porque tiene tres palabras en el título, así que no la vean. ¡No! Aquí va un texto sobre El gran simulador que escribí en el momento de su presentación, pero se los dejo para que se acuerden de verla más adelante, en algún mes cuyo nombre tenga tres palabras.

El gran simulador. Al igual que su película inmediatamente anterior —Amateur—, El gran simulador se centra en un personaje singular, apasionado por lo que hace. Pero René Lavand no es un amateur, es un profesional: de la ilusión, de las cartas, de contar historias. Un gigante histórico de la cartomagia que construyó su carrera y su inmenso prestigio internacional con solamente una mano, la izquierda (la derecha la perdió en un accidente). Pero esta circunstancia y muchas otras son relatadas por Lavand con un halo de misterio socarrón, con la gracia y el dominio del que sabe que divierte, que distrae, que hace creer en lo imposible con tal habilidad que derrota toda desconfianza. Frenkel se mete en la casa del ilusionista, lo sigue, lo deja seducir con su arte (también en extraordinario material de archivo), y consigue una cercanía que nos permite acceder de forma privilegiada a la vida de Lavand. Es decir, a la vida que el ilusionista dispone ante nuestros ojos y ante la cámara de Frenkel. Todo lo que vemos es verdad, lo que no podemos asegurar —felizmente— es que sea cierto.

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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