Cosas que prometí no decir

Cosas que prometí no decir _ Faretta

Hawks. El azar y la necesidad.

En varios momentos y pasajes de los relatos de Joseph Conrad –como en “Nostromo”- se produce algo que podríamos llamar un doble relato de un mismo incidente referido a una acción física. Podríamos llamar a este segundo relato de la misma anécdota, el de la reflexión; mientras que el primero corresponde al de la acción. En el epos novelístico de aventuras -la diferencia entre “romance” y “novela” es aquí de cierta utilidad-, hay dos modos por lo general de narrar el hecho o ápice de violencia. Ahora todo esto perdido en un maremágnum de violencia y fisicidad compacta sin ninguna respiración artificial; solo lo físico, como un Sade sin filosofía en el tocador ni en lado alguno.

Hawks ha sido un hábil maestro de la puesta en escena de esta sucesión acción-reflexión, en algunos de sus films dramáticos. Aunque no ha dejado de emplear este segundo relato –el de la reflexión- en algunas de sus comedias. Sobre todo en esa meta autonconciente que es El Deporte Favorito del Hombre.

Rio Bravo además de sus tantos méritos, muchos de ellos ya analizados y ponderados de puesta y disegno, se enaltece también por esta secuencia de acción y reflexión. Tanto que al llegar a su penúltima escena, se llega también a desmontar en parte la acción mediante la reflexión simultánea de cómo aquella procede. Así por ejemplo, los diálogos entre Chance y sus tres pares o dobles inter generacionales que actúan como espejos suyos a lo largo de todo el film. “Dude”, su par etario; “Colorado” su par/impar juvenil y “Stumpy” su par/impar anciano (“Stumpy el amigo que había dejado atrás).

Así un duelo ya para entonces clásico del western se vuelve una fiesta de exceso y desperdicio. Un potlatch, que siempre está más cerca de lo cómico que de lo dramático. Igualmente como ya hemos afirmado en otro lugar (1), el potlatch, el exceso ritualizado, es un bajo continuo del concepto del cine todo.

Anteriormente tenemos la escena central del encuentro de Chance con ayuda de Colorado y la maceta arrojada como efecto distractivo por “Feathers”, que desemboca en una matanza de contrarios. Tras lo cual asistimos a una reflexión de lo que ha sucedido, como antes asistimos a la reflexión del ingreso de Colorado al grupo del cual se creyó neutral (“cuido de mis propios problemas”), hasta que su jefe-figura paterna es asesinado a mansalva por los propios enemigos del trío compuesto por Chance-Dude-Stumpy.

En cuanto a Dude, entra y sale de la acción como de la integración intraespecífica o endogámica del grupo, mediante sus respectivas murrias reflexivas con respecto a las diversas acciones que trágicamente debe encarar en simultáneo. Dejar el alcohol; olvidar a la mujer que lo llevó a ese estado de embriaguez; probarse estar a la altura de la entereza y destreza juvenil y ardiente de (tal su apodo) “Colorado”. Y todos juntos para estar a la altura de lo que significa Chance (“azar”) para ellos, cosas que éste, por cierto, no emana concientemente como aura seductora sobre todo el grupo.

Chance es un “personaje percha”, como lo serán tantos de los que aparecen en los films de Minnelli. Todos los que lo rodean en diversos órdenes y estamentos cuelgan en aquel toda serie de anhelos y deseos de todo tipo. Deseos a los que cabe aplicar ese derivado conceptual tomado de la filosofía de Schopenhauer. En rigor todo el tema del deseo deriva de sus conceptos y filosofemas. “Deseo”, “deseo del otro”, el mismo “deseo mimético” según René Girard. Y el concepto del cine como antes también el epos narrativo, conocido como thriller en sus diversas variantes, tuvo la tarea estética de ponerlo en escena vuelto relato. Solo baste pensar y traer como ejemplos aquí al “Moby Dick” de Melville o al “Drácula” de Bram Stoker, el al. En cine solo basta tener presentes La Malvada (All About Eve) y Vértigo y un larguísimo y afortunado, rico y extraño etcétera.

Claro que al llamarse “Chance” este “personaje percha” de los deseos de los otros se anuda al concepto biológico filosófico del azar y la necesidad. Es la necesidad de diferentes posibilidades de acción y por ende de evolución las que se prenden a este azar emblematizado por una figura heroica que acepta vivir y convivir y transigir en ser un profesional en sentido liberal. Puesto que el Chance de Hawks está atado a la necesidad de su profesión, de afirmar su propio valor, de poner límites a las depredaciones territoriales de los hermanos Burdette, y para ello tiene una necesidad en contraposición al azar, que aquí también sería el desorden. Digamos que se debe luchar para diferenciar el azar, que es algo cósmico, con el desorden que es construcción humana, pero y que muchas veces emplea al azar como coartada para sus fines predatorios.

Este ser-para-otro tiene en Hawks casi una exclusividad filosófica relacionada con el evolucionismo secular. Director agnóstico por excelencia, como Mankiewicz, solo que éste cree o ubica en el lugar “evolutivo”, a la cultura, generalmente resuelta en expresiones conceptuales condensadas en epigramas.

Para Hawks es la acción el móvil, o no, de la evolución; claro que esta puede ser literalmente absurda –azarosa- vista desde parámetros reductivamente técnicos (como en The Crowd Roars, Ceiling Zero, sobre todo en Solo los Ángeles Tienen Alas”, directamente llevada a la irrisión en Hatari o en Red Line 7000).

Aquí se da una pugna directamente trágica entre el concepto de evolución en cuanto a “hominización” en sentido pragmático y progreso en sentido técnico. Esto en un autor que incluso fuera un piloto de aviones y motocicletas y automóviles de carrera en su otra vida, y que no por eso subsume la acción humana –“el fenómeno humano” podría decirse- bajo el manto superior del progreso en sentido técnico científico.

Las armas, las naves, los aviones son herramientas pasivas, que se resuelven en cosas a la mano y en qué mueve esa mano. Hay una ética hawksiana donde el repetido concepto de profesionalismo puede opacar otras derivas más atávicas que son aquellas que deciden por el buen o mal uso de lo técnico. En su por él declarado -con su habitual non chalance-, “esfuerzo de guerra”, referido a esa obra maestra absoluta que es Air Force, cada factor humano es o debe convertirse en momentos límites, en formas apendiculares de una máquina.

Hay aquí cierto eco de algunas ficciones y hasta aficiones de Rudyard Kipling. Claro que en Hawks no está el -¿cómo decirlo?-, embobamiento casi infantil por lo técnico y maquinal del autor anglo-indio, -y que arruina muchos de sus relatos- sino el rastreo llevado hasta el límite de lo trágico del uso de ese ente técnico por un ente que es también ser y en permanente evolución o involución, llamado hombre.

En Rio Bravo y ante la pregunta de Colorado de cuando comenzó a emplear una escopeta en lugar de un revólver, Chance, responde “Cuando descubrí que había tipos más rápidos que yo con el revólver”. El hombre se acopla a la necesidad aunque sabe que el azar siempre estará presente y hará no diríamos vano, pero sí inseguro este acomodamiento o elección de la necesidad adecuada.

De allí también el uso de un útil mecánico precario, obsoleto, como los aviones de Solo los Ángeles Tienen Alas. A diferencia de Air Force donde el útil técnico aeronáutico estaba para un uso también anónimo pero social-histórico. Por cierto de la misma forma que el héroe fordiano -tan diverso en casi todo a su par hawsiano-, éste también se reabsorbe en un anonimato biológico luego de cumplir su función. Solo que el par fordiano, puede plegarse o quedarse fuera de ella, ante una resolución trascendente. El héroe de Ford –como el de Hemingway- aunque ganador “no se lleva nada”. Pero esta “nada” es en lo meramente secular-histórico, no en lo trascendente donde resulta vencedor…

Eliminado esto –como en Hawks- solo le queda el cumplir y pasar y a lo sumo permanecer en la memoria de aquellos que lo vieron actuar cumpliendo su función.

Fue una necesidad de ese azar que gobierna el mundo. Cierto, a ese azar puede trampeárselo -como la moneda trucada de Solo los Ángeles Tienen Alas”-, pero ello será solo una pausa de la necesidad concedida por ese mismo azar que, trampeado o no en su soporte, lo sigue siendo sin más.

© Ángel Faretta, 2018

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

Notas:

1: v. “El concepto del cine” (Djaen ediciones, Buenos Aires, 2005)

*: más sobre la obra de Howard Hawks en nuestro “La cosa en cine. Motivos y figuras (Djaen ediciones, Buenos Aires 2013). “Producción y significación en el último Hawks”.

 

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