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Cosas que prometí no decir | Tierra y agua en Apocalypse Now

Cosas que prometí no decir | Tierra y agua en Apocalypse Now

Una concatenación y cruce de imágenes que hace intervenir dialéctica y polémicamente ambas vías, la terrena y la acuática -aquí la fluvial-, la tenemos en la inagotable Apocalypse Now.

En una secuencia del film vemos a Willard acompañar al así sobrenombrado “Chef”, quienes dejan la nave para internarse en la selva en busca de mangos para hacer una salsa. Ambos se pierden en la espesura. Ante la pregunta del primero, responde el otro que lo llaman así por ser “saulcier”, “salsero”, y que había estudiado para cocinero (“chef”).

Una vez llegados hasta donde se alza un enorme árbol varias veces centenario, detrás surge un tigre que se abalanza sobre ambos. Esto los hace huir frenéticamente hasta volver a abordar y refugiarse en la nave. Una vez allí -y frente al terror pánico que asalta a “Chef”- Willard reflexiona “Nunca abandones el maldito barco”.

Aquí las dos vías y medios del homo viator, la nave y lo fluvial y el pedestre y selvático (el mar es aquí reemplazado por un río, y el bosque por la selva en seguimiento del relato de Conrad) se muestran como irreconciliables modos o vías para el recorrido del periplo emblemático. Siendo que además aquí el mismo periplo o -mejor dicho- su sentido, ha sido fraguado de antemano, indicándosele de manera tramposa a Willard su objetivo y meta, así como la tripulación de la nave está desunida y en donde diferentes “órdenes” se disputan el mando.

Diferenciándose también el orden y “la orden” de a bordo de la nave, con las órdenes y los órdenes respectivos sobre el terreno y meta al que es destinado Willard para cumplir su misión.

Cuando finalmente Willard llega a la presencia de Kurtz, éste le pregunta si le sorprende el orden que allí se lleva. “Francamente no veo ningún orden” responde aquel. Y Kurtz replica a su vez: “Ya lo verá”. Claro está, porque faltaba un elemento para que ese orden se hiciera visible y se completara –coagulara- la “operación”, el propio Willard.

Así los órdenes -en cuanto a oficios y estamentos respectivos de la tripulación- como las órdenes -en cuanto mandatos e instrucciones de su misión- son diferentes y hasta opuestos y además fraguados…Tanto aquellas dadas al piloto de la nave, como a las de su inesperado pasajero a quien debe llevar a un lugar que aquél ignora, se dan de bruces; al igual que la obvia diferencia de órdenes culturales de ambos, negro uno y blanco el otro, en simetría con el resto de la tripulación.

Tenemos además que uno de ellos -Lance- ha sido “surfer” en California; que otro -“Clean”- ha salido de un gueto neoyorquino. Que un tercero -“Chef”- es de Nueva Orleáns, no sabiéndose tan solo de donde proviene el conductor de la lancha a quien llaman “Chief”. Como se ve todos ellos han sido alienados en lo que tienen o cargan anteriormente como profesión y hobby, como anhelo tomado con distancia irónica, y hasta doble referencia a una “limpieza” sin drogas y a una incursión fuera del lugar de origen.

Todos ellos han sido extraídos y re-nombrados…

En cuanto a Willard luego nos enteraremos que proviene de Toledo, Ohio, y cerca de allí Kurtz iba a pescar de joven. Esto se acuña o se “abre” también para posibilitar la analogía de Kurtz con el “Fisher King”, el “Rey pescador” del ciclo mítico artúrico, que habita la tierra baldía o asolada, y que tras ser herido por una lanza ha quedado tan estéril como la tierra yerma que habita. Su único alimento posible es el Grial o -según las variantes míticas o mitologemas- es el custodio del Grial, pero su esterilidad le impide la tarea, por lo cual deberá ser reemplazado por un joven recién llegado a su reino.

Recordemos aquí tan solo que el ciclo artúrico es –también- una reconfiguratio de mitologemas del simbolismo alquímico.

La oposición acuática-terrena se extrema entre “Lance” -que “juega” con el mar- y “Clean” salido del fondo más oscuramente urbano y terreno y que será enterrado en el agua. También entre “Chef”-nacido en la portuaria New Orleans aunque dedicado a un oficio terrestre por excelencia- y Willard nacido cerca de un río, con el conductor de la lancha -Chief- que finalmente morirá atravesado por una lanza arrojada desde tierra firme -y salida del interior de la selva- hasta la nave.

Al ser atravesado por ella, Chief la mira y hasta la nombra con asombro -“a lance”- y parece casi reconocerla. Es que no puede creer que haya sido devuelto con ella a una situación originaria de sus antepasados: atravesado por una lanza en medio de la jungla, siendo como estaba hasta poco antes al mando de una moderna nave. Muere del mismo modo en que lo hicieran millones de sus antepasados hace miles y cientos de miles de años, y así el tiempo habitual parece así haberse disuelto o detenido…

Luego, al caer sobre la nave agonizando, Chief intentará atravesar al propio Willard en esa misma lanza para unirlo en su muerte; por lo que éste deberá completar “la muerte del otro”, ya que fueron casi unidos pero no “atravesados” por apenas unos segundos.

El propio “Clean” morirá poco antes y durante el mismo trayecto pero acribillado por armas de fuego y será simétricamente sepultado en las aguas del río por donde viajan. Siendo esta muerte diversa pero convergente con la de Chief, puesto que Clean pasa de lo oscuro, cerrado y terreno a terminar en lo abierto y móvil de lo fluvial.

Se reconfigura aquí también el mitologema de “La muerte por agua” que compone a su vez uno de los cantos -el más breve- de “La tierra baldía de Eliot”.

Puesto que este film tiene y mantiene una relación dialéctica no solo con el ciclo mítico artúrico y con varios de sus múltiples mitologemas, sino con la reconfiguración contemporánea más lograda de los mismos en el ámbito literario. Aunque esto -la relación de este film con el ciclo artúrico- apenas se tratará en este lugar.

Más adelante, ya a las puertas del dominio de Kurtz, y separados por un puente tan solo, otro hombre negro, perdido en un laberinto formado por las trincheras, parece haber yuxtapuesto -¿o quizás resuelto?- la contradicción entre su pasado atávico y su presente técnico-moderno. Ha sumado a su sofisticada arma de fuego y a su uniforme la pictografía y los abalorios “primitivos”, distribuidos tanto en la propia arma como en su persona. Más que perdido este soldado parece haberse arraigado o reinstalado en medio de ese laberinto donde oficia además -y “nuevamente”- de cazador. Donde se le solicita -hasta con ruegos- que emplee su don para terminar con un enemigo distante en medio de la oscuridad nocturna, y del cual solo se conoce su voz que repite imprecaciones en un inglés macarrónico.

Este “cazador” es la manifestación especular de la vuelta a lo atávico del soldado negro, pero todavía camuflada -como está toda su persona- por una capa de profesionalismo liberal. Una figura doble entonces, o “jánica”, que muestra y exhibe sus correspondientes dos caras antes del paso del puente. Puesto que el puente -claro está- es un símbolo también de naturaleza “jánica” con sus “dos caras” o sus dos direcciones de sentido.

Es en ese punto límite -y antes del paso divisorio del viaje de Willard- que todo parece mezclado, cruzado, confuso, caótico: mandos, orígenes, senderos, voces, sonidos, idiomas, signos de identificación.

Antes del cruce del puente -cruce virtual o analógico y no material, téngase presente- con ese estado de confusión total en medio de las trincheras y donde se le grita a Willard “¡estás en el culo del mundo!, tenemos ya representada en parte la vuelta al origen y al caos primigenio. O, en todo caso, éste será un adelanto o prólogo de ese regreso al caos originario, cuyo segundo movimiento definitivo será la fiesta orgiástica con el sacrificio del buey-caribú en el reino de Kurtz.

Nota Bene: en la versión completa o más bien “completada” de este film –llamada “Redux”- tenemos una escena –suprimida en la edición anterior- entre el puente de Do Long y antes de llegar al reino de Kurtz: la posta o estadio que podría llamarse de “los fantasmas coloniales franceses”. Allí, en una escena de inusitada variedad formal, Willard parece ser recogido y hospedado por una familia de colonos franceses, la que pareciera –el repetido “parecer” es aquí fundamental para entender la forma plena- a su vez haber quedado varada en el tiempo anterior a la debacle colonial de Francia, en la entonces llamada Cochinchina.

El pater familias –en lo que parece un almuerzo interminable a là Lewis Carrol- instruye a Willard en los meandros de la historia colonial y mientras este relato se va desarrollando van despidiéndose y desapareciendo literalmente -subiendo una escalera- todos los miembros de la familia, así como vamos comprendiendo que todos ellos existen solo en modo fantástico, o en un tiempo aparte.

Todos desaparecen, a excepción de una mujer que “iniciará” a Willard en el empleo de la pipa de opio, de cuyo sueño inducido despertará para seguir el viaje en la nave “como si nada hubiera pasado”.

Es evidente que en la versión Redux mediante esta ingesta de opio, hace pendant con el L S D ingerido por Lance poco antes de atravesar el laberinto y antes del puente de Do Long.

Ya que estamos -y aunque sea dicho al pasar- jamás como en este film y con estas -ahora- dos escenas fue tan efectiva una puesta en crisis del consumo de drogas por el hombre medio occidental fuera de todo ritual iniciático, y menos dentro de una imposible re-ritualización privada levantada con fragmentos adivinatorios. Es decir, ambas ingestas de drogas son como prólogos, anuncios de la religión sintética completa, con sacrificios humanos y todo, que se ha fabricado Kurtz “más allá”.

Es importante señalar que la versión “Redux” sumó dos momentos o paradas terrestres a la versión anterior. La aquí llamada de “los fantasmas coloniales franceses”, y la de la orgía directamente resuelta y que incluye promiscuidad sexual de Willard, Chef y Lance con las “Cover Girls” que participaron del estólido show musical precedente.

Tanta es la terrenalidad o infraterrenalidad -lo ctónico- que aquí se desea mostrar que las frustradas escenas de sexo se desarrollan literalmente entre el fango, así como luego, dentro de un congelador abandonado, aparece un cadáver.

Ambas escenas de la versión “Redux” suman no sólo dos momentos terrestres al periplo de Willard, sino que reduplican y re-conducen -de allí el Redux- la conditio de viaje iniciático y de trayecto alquímico de Apocalypse Now. Tanto el momento de lo orgiástico-ctónico como el de la contemplación siguiente del cadáver, así como el indudable descenso al mundo de los muertos en el “episodio francés”, suman dos instancias del periplo iniciático.

Que si bien no eran imprescindibles en la versión anterior, suman en ésta dos etapas no sólo fundamentales en cuanto regreso a lo originario, sino que sirven -además- para adelantar simétricamente cosas que sucederán definitivamente en el reino de Kurtz.

Así tanto el barro en el que será literalmente sumergido Willard apenas llegado al dominio de Kurtz, como la fase colonial anterior -que ya es tanto Historia como fantasmas- y que parece adelantar el carácter ya fantasmal de su segunda fase. O esta segunda fase que intenta fabricar el propio Kurtz siendo ya un fantasma. Y cuya fantasía intentará hacer que herede Willard para que lo suceda en la misma…

Fragmento de “Leviatanes. La nave, el mar y la navegación como símbolos en la literatura, el cine y en el pensamiento metapolítico” (Inédito)

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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