03.06.18
Dossier _ Películas

Blade Runner: Sueños milagrosos y Recuerdos caóticos, por Pedro Seva

En 1982 se estrenó Blade Runner película que, pese a no destacar en su recaudación, fue, con el paso del tiempo (y diferentes cortes finales) colocada en un alto pedestal en razón de una (supuesta) novedosa pauta de representación. A la película de Ridley Scott le fue adjudicada el termino de invención. Pactado el camino de films tan particulares como Terminator, Escape de Nueva York, Sentencia previa (también basada en un escrito de Philiph Dick) y en 2017, su secuela. Blade Runner 2049.

¿Que es lo que habría inventado Blade Runner hace ya treinticinco años? Rápidamente podemos observar un tipo de invención en un sentido puramente topográfico, la implementación del cyberpunk. La configuración de lugar, en este sentido, parecería no ir más allá del aspecto técnico, el efecto especial; en este conjunto observamos elementos tales como el vehículo de Rick Deckard (interpretado por Harrison Ford), los decorados futurístas y los vestuarios extravagantes.

Otro comentario usual con respecto a este film es su utilización, o re-utilización, del noir (el policial negro) que pacta tanto la trama como el marco de representación de Blade Runner; parecería que uno de los principales hilos que tejen el diseño del film recaería en la unión de estos elementos, resultando en el así llamado tech-noir.

Blade Runner en su carácter de invención, busca partir de una forma previa, de una configuración que la precede y la pacta parcialmente. En su estado de film noir Blade Runner retoma elementos ya conocidos (el detective, la mujer fatal, el caso a dilucidar, etc.) en un lugar supuestamente atípico (recuerdese que el film transcurre en Los Ángeles).

El sueño eterno, clásico film noir, es un film con el que Blade Runner busca entablar parentescos. Blade Runner busca emparejarse con la película de Howard Hawks desde un comienzo, mientras Marlowe se encuentra en búsqueda de un desaparecido, Deckard, simétricamente, busca unos personajes aparecidos (caídos) a ese mundo. Si un mundo de desvios pactaban el camino de Marlowe, los letreros luminosos el de Deckard; y aquí comienzan las diferencias. 

Si bien, Blade Runner retoma el noir (en su forma más básica y esquemática), incluso llegando a re-hacer una escena del film de Hawks (cuando Deckard, como Marlowe, se hace pasar por -en palabras de Hawks- un maricón para obtener información), la semejanza con El sueño eterno no va más allá de lo parcial. Hay un gran abismo entre Deckard y Marlowe con respecto a la figura constitutiva del detective, mientras que cada desvío que Marlowe sufre en su investigación solo logra re-conducirlo en su búsqueda, Deckard se encuentra en una negativa recurrente para llevar a cabo su misión y en una carente falta de determinación para ejecutarla. A pesar de esto, dejemos el profesionalismo detectivesco, central para el film de Hawks, de lado, y concentrémonos en el elementos más altisonante de Blade Runner, la figura antagónica.

Roy es el líder de los replicantes (seres artificiales que Deckard debe encontrar y retirar) que buscan ampliar su ciclo de vida, ya que sus modelos fueron hechos solo para una corta duración. Mientras Deckard persigue la erradicación de estos, Roy busca la propagación de los suyos; poniendo a estos personajes en inminentes vías de colisión.

El epítome de esta confrontación se da en el final del film, pero resulta en una confrontación negativa; luego de la batalla, Roy terminan salvando a Deckard de la muerte, de la caída. Si bien interesante en su planificación (Roy se liberaría en su muerte, perdonado a su enemigo, para así poder ascender al cielo) Roy, que hasta ese momento fue el antagonista del film, es quien habría de pasar por el ultimo paso de la historia, finalizando en un acto heroico. El haber sido perdonado por su enemigo, termina por dejar a Deckard en un lugar tambaleante, ya que el no seria ni héroe ni detective, ni profesional ni replicante.

Ya desde el titulo del film se nos sugiere este alejamiento del heroe/profesional (a la luz de lo dicho sobre Marlowe); Blade significa espada, arma icónica del héroe tradicional, mientras que Runner significa corredor, aquel que corre, o, también, aquel que se corre. De esta forma, la espada estaría corrida, fuera de lugar e inaccesible para Deckard.

Entonces ¿De que forma es Blade Runner una invención? Definirla solamente por su aspecto técnico topográfico seria un despropócito, mientras que tomarla como una continuación directa del noir también seria desatinado. Mary Shelley sostiene: “La invención, debe admitirse humildemente, no consisten en crear a partir del vacío, sino, a partir del caos (…) La invención consiste en medir las capacidades del sujeto; y en el poder para modular y pulir las ideas sugeridas por este.”

Extrapolando esta concepción (bastante amable) de la invención a lo sostenido sobre Blade Runner podemos observar una especie de principio inventivo al buscar crear a partir de una forma preestablecida, variandola en función de la diferencia. Pero, en cuanto a su poder para modular y pulir sus ideas, Blade Runner dista de la perfección, a pesar de encontrarnos con buenas intenciones.

Observemos los grandes motivos del film: Ridley Scott trabajó la búsqueda de Roy y los suyos en función de la caída, una caída material (los replicantes cayeron a la tierra del off-world) y una caída simbólica (seres descendientes del hombre, ser ya descendido originariamente). Además, la relación del ángel caído (cuando la primera replicante es retirada, podemos observar dos cortes simétricos en sus omóplatos, donde antaño hubieran alas) y los propios replicantes es constante en el film, relación consumada en el final, cuando Roy se purga y asciende.

Por otro lado, veamos el uso de los ojos, elemento icónico de Blade Runner. Los Blade Runners ven los ojos como los indicadores que pactan el examen de la maquina Voigt-Kampff, esta concepción entiende a los ojos como un material, los ven a través de pantallas, jamas en si mismos; los sentidos únicamente se convertirían en una herramienta perversa. 

Por otra parte, Roy utiliza los ojos en forma paródica, Roy toma el elemento que lo identifica (por lo que pauta la mentalidad de los Blade Runners) como replicante y lo da vuelta contra sus hacedores: el proveedor de ojos, Sebastian y contra su creador, el propio Tyrell. Roy toma una visión limitada y la invierte, de forma diabólica (recuérdese que el primer demonio fue el ángel caído). 

Y por ultimo tenemos una tercera posición con respecto a los ojos, si la primera tomaba este elemento desde un lugar exclusivamente material (Deckard), y la segunda como la inversión paródica de la primera (Roy), la tercera comprende lo trasendente. Este ojo se nos es presentado en el comienzo del film: nos encontramos en el cielo de Los Ángeles, un ojo inunda la pantalla y el desarrollo del film comienza. Este tercer ojo comprende a los otros dos y a la finalidad de ambos, la visión de este ojo formaría un dúo con con aquella imagen final de Deckard y Roy bajo la lluvia, es un ojo que todo lo ve desde un comienzo (la caída de los replicantes/ángeles) hasta el desenlace (la ascensión final de Roy).

Ahora nos encontramos con la maquina Voigt-Kampff. Maquina que permite detectar la identidad de un replicante, en función de un lector de pupilas y especificas preguntas hechas por el Blade Runner; ahora bien, para poder descubrir al replicante es crucial la falta de precisión y entendimiento en las respuestas (véase el interrogatorio que da comienzo al film) ya que estas preguntas están orientadas hacia situaciones hipotéticas basadas en los recuerdos de los replicantes, recuerdos implantados para su corto ciclo vital, cuatro años. 

El resultado polémico de esta prueba es crucial en la simbólica del film; un replicante, en estado previo a la prueba es potencialmente un humano como cualquier otro, tiene recuerdos, una vida, etcétera. Pero una vez que el replicante se conoce a si mismo como replicante, una vez que falla la prueba, lo primero que abandona es su pasado, pasado que en ningún momento fue suyo, al haber sido implantado. El replicante, de esta forma no podría mirar atrás (a su nacimiento, sus orígenes y fundamentalmente, sus recuerdos) ya que no hay tal cosa, solo puede dirigirse hacia adelante (su devenir, su muerte, sus sueños), ya que siguen siendo capaces de reaccionar emocionalmente: “Más humano que lo humano”.

En su desarrollo, Blade Runner se articulaba siguiendo las tramas de Deckard, la de Roy, y la de Deckard y Rachael. El orden interno del film promovía la unión de estas lineas argumentales en su conclusión. Es en este momento particular de cierre, iniciado en el momento en que Roy visita a Tyrell, donde el diseño simbólico (que venia siendo desarrollado a partir de la trama) del film se pone más en evidencia. Ese lapsus comprendido desde que Tyrell se refiere a Roy como su criatura hasta el momento en donde la paloma blanca vuela al cielo, nos encontramos con las escenas más burdas del film, el desarrollo simbólico se pone demasiado en evidencia (inédito en el resto de la película), y asistimos a una resquebrajadura. Una resquebrajadura que no es quiebre, ya que el propio tratamiento de la imagen del ángel caído se nutre de esa purgación final; solo que la implementación de una paloma blanca, o el escuchar a Roy cantar: -“six, seven, go to hell or go to heaven.” parece un recurso puesto desde fuera del film, y no desarrollado a partir de los elementos que la constituyeron.

Ahora bien, en 2017 nos encontramos con Blade Runner 2049, film que parte de un lugar cuando menos complejo; por un lado es una secuela, de esta forma, debe desarrollarse a expensas de una obra que la precedió; y además, su propia antecedente (en ese pedestal en el que se encuentra) la coloca ya desde un principio en un lugar sumamente incomodo.

No puede negarse que este film busca ser fiel a su progenitora; ya desde el comienzo, por las razones técnicas topográficas ya expuestas, se nos coloca de lleno en el mundo Blade Runner, una simpática comparación puede observarse entre el apellido del director de fotografía del film (Deakins) y el del propio Deckard.

Pero la similitud con los apellidos no es la principal conexión entre estas películas; ya observamos como los replicantes de Blade Runner se relacionaban con su pasado centrándose únicamente en el devenir. K (el protagonista del film) inicialmente se mueve en estos términos, su pasado es nulo y lo único que lo constituye es su misión (cazar los replicantes renegados). A partir del momento en que K descubre una pieza del pasado (y se da comienzo a la historia), comenzara a adquirir, en función del recuerdo y la investigación de pista y evidencia (retomando el noir), una nueva condición. 

Blade Runner 2049 se desenvuelve a través del camino que K recorre en función de encontrar su origen; si Blade Runner buscaba desechar los recuerdos en prejuicio de sueños inalcanzables (sueños propiamente dichos, Deckard, o en forma de devenir irrealizable, Roy); su secuela se concentraría en los recuerdos, dejando, simétricamente al margen los sueños, puede verse respecto a esto las lecturas del devenir que los diversos grupos hacen durante el film, y en que condición se presentan: por fuera de la búsqueda de K.

Aquí se encuentra el mayor logro de Blade Runner 2049, la búsqueda del pasado pacta el film y a su vez retoma características fundamentales del noir. En el film noir, como en el tango, el tema central es el pasado. En clásicos como el ya citado El sueño eterno o Out of the Past, el detective constantemente re-visita y re-dime el pasado, lo precedente; de esta manera el film noir tiende a la puja entre lo ya pasado y a lo aún por pasar con ese pasado. Blade Runner 2049 toma este fundamento como su centro, esa constante búsqueda del pasado pacta en el presente los caminos que seguirán los personajes.

Ya habíamos mencionado como estaban constituidos Deckard y Roy en Blade Runner, veamos que ocurre con K. Blade Runner 2049 busca emparejar los movimientos de Roy con los de K, ya que ambos realizan un acto de proporciones heroicas. Una vez que descubre la evidencia sobre su pasado, K rápidamente se transforma en un marginal que actúa por cuenta propia, su búsqueda se torna personal (K no se relaciona con los diversos grupos que buscan el mismo objeto que él), K investiga porque tiene que saber, y su devenir heroico termina por volverse apurado e irresoluto: Si durante toda el film K se movió por su búsqueda propia, personal, es inadmisible que de un momento a otro este pueda convertirse en un héroe renunciando a todo por los otros. Si el devenir de Roy, que fue planificado para sublimar, resulto ser cuando menos problemático; el devenir de K, en sus cambios y tropiezos, es fundamentalmente ridículo.

Blade Runner 2049 carece de sutiliza, que ni siquiera se encontraba del todo afilada en Blade Runner. Fijémonos nuevamente en el caso de la maquina Voigt-Kampff (el elemento más vasto del film), esta está construida para desenmascarar a los replicantes, para que estos luego sean retirados por el Blade Runner que a usado la maquina; la utilidad de este artefacto es directamente destructiva (piénsese en Rachel, que en su interacción con esta maquina pierde absolutamente todo lo que la constituía), pero también, e indirectamente, y aquí encontramos lo milagroso (concepto que Blade Runner 2049 intentó raudamente replicar), esta maquina puede llegar a liberar al usuario que fue destinada a destruir.

Rachel renace luego de haber sido aniquilada por la maquina, descubriendo su verdadero ser en prejuicio de su antiguo ser, y a partir de este se le permite trascender a otro estado de su existencia. El devenir de Rachel es profundamente milagroso, de causas inesperadas y destructivas surge una nueva vida; esta es una de las grandes sutilezas del diseño por momentos disparejo de Blade Runner.

Ahora bien, Blade Runner 2049 rápidamente pone en boca de sus personajes elementos metafísicos que tratara tratar; rápidamente escuchamos palabras como alma y milagro. Si ya en Blade Runner asistimos a cierta falta de sutiliza, particularmente en su conclusión, su secuela se muestra menos imaginativa; de esta forma pueden consultarse los diálogos (o más bien parlamentos) de Wallace.

Lo milagroso intenta ser re-utilizado en esta película: una replicante a podido procrear. Este milagro es el corazón de la trama, todos los personajes se relacionan con este centro de una forma u otra. Wallace, por ejemplo, busca descubrir como se procreo este ser para así duplicar el milagro (cosa rotundamente imposible, ya que lo milagroso carecen de una causa materialmente reproducible), y aquí asistimos la creciente falta de sutiliza de esta secuela.

Cuando en Blade Runner, Rachel renacía milagrosamente era esencial lo contraproducente de las causas, una maquina que fue inventada para destruirla acaba por darle la libertad; ahora, en Blade Runner 2049, lo milagroso es tomado como un elemento más de la trama carente totalmente de su fuerza simbólica y de un desarrollo coherente. Recuérdese a su vez que este nacimiento aparentemente milagroso ocurre fuera del film, al no ver el milagro con nuestros propios ojos (ni mucho menos su desarrollo), la fuerza constitutiva de este desaparece.

Lo milagroso no puede ser una escusa, y Blade Runner 2049 tiende a excusarse más que a desarrolla sus temas. Esto puede observarse en la media hora final del film, donde la película se asemeja más a un trompo que a una obra cinematográfica. Los momentos conclusivos de este film desembocan en lo puramente irresoluto y degradante, todo lo edificado (que ya de por si era bastante tambaleante) se derrumba dejando solo restos. La conclusión de todo gran film debería retomar, hacer un sumario de todos los elementos centrales que constituyeron su historia, tanto como la de los propios elementos que la trascendieron; esto no niega los así llamados finales abiertos -véase en este respecto la obra de Carpenter- sino que es un proceso básicamente de unión o comunión de aquello que marcó el film. 

El final de Blade Runner 2049 es pura destrucción, los propios temas se dinamitan dejando las cenizas de lo que antaño fueron; la búsqueda (central en el diseño del film) de K orientada al pasado, al recuerdo, lo ceñían en un ambiente iconológicamente noir, mientras que su personaje se alejaba claramente del estatuto del héroe, ya que se encontraba llevando a cabo una misión particular. En este momento, K tiende al lugar del marginal; su búsqueda no es para crear una nueva especie (como busca Wallace), lograr una revolución (como quieren los replicantes renegados) o para mantener el status quo (como intenta Joshi); K ignora estas búsquedas en favor de su aventura personal y marginal de cualquiera de los caminos que se proponen en el film.

El gran problema del final, omitiendo el hecho de que recién podemos ver las visiones del devenir únicamente sobre su conclusión (y dejando un margen nulo para un conflicto entre estas) es que K, siendo un marginal se convierte en un héroe. K falla en su búsqueda, para dar lugar a una unión ajena a sus deseos. En la ultima media hora de película el protagonista pasa de ser un detective marginal a la nada (luego de que su misión fracasa), para luego desenvolverse en un estado heroico, totalmente contrario a lo pactado durante el transcurso del film. 

Si bien parecería ser que Roy y K se asemejan en este punto, ya que ambos fracasan en su cometido para luego devenir en una acción heroica; Roy tiene el valor agregado de actuar en función de una redención, de una purga, mientras que K pasa del estado de marginal (recuérdese que K permaneció durante toda la película fuera de las diferentes visiones ya mencionadas), en donde nada es más importante que él y sus recuerdos, a dar su vida en una acción heroica y desinteresada.

Habíamos señalado que Blade Runner 2049 encontraba su centro en la re-visión del pasado vuelto recuerdo. De este, como ocurre en Blade Runner, deberían desprenderse los sub-plots (Wallace-Luv, K-Joi, K-Lt. Joshi, replicantes renegados, etcétera), pero la progresión (fundamentalmente secuencial) del film evita la unión de estas historias. Blade Runner 2049 parece estar en constante gesta, lo desarticulado de su historia da una progresión azarosa al devenir del film; incluso cuando parecería que la historia se encuentra en vías de re-composición (fundamentalmente en la re-aparición de Deckard) el film sucumbe a sus restos. Restos desarticulados, secuencias cerradas que parecen pertenecer a otros films (todo lo relacionado con Joi, la aparición de los replicantes renegados o el devenir de Luv) y que en la conclusión de Blade Runner 2049 no hacen más que entorpecer la resolución argumental tanto como simbólica. 

Recuérdese la diferencia que hace la Dr Stellin a K entre los recuerdos reales y aquellos que ella ha imaginado y creado; los recuerdos inventados, los que son su obra y su arte son perfectos hasta el ultimo detalle, mientras que los recuerdos reales no son más que caos. Mary Shelley hablaba de moldear y pulir ese caos para así obtener una forma que asemeje al diamante. Mientras que el recuerdo que deja Blade Runner 2049 es el de una trama inventiva que re-cae al caos.

© Pedro Seva, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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