26.10.17
Dossier _ Misceláneas

El cine en posters: terror – parte 1

El cine de terror sabe ofrecer un nutrido catálogo de posters. En muchos casos, los afiches son más recordados que las películas en sí.

A través de estos artículos especiales, Sebastián Vivarelli -diseñador gráfico, cinéfilo y aficionado a los posters- aprovecha algunos de los más icónicos, ordenados por tópicos, incluyendo textos para adentrarse en lo que él denomina “un género que representa visualmente algo tan antiguo como el hombre mismo: el miedo”.

 

SERIAL KILLERS

El Loco de la Motosierra (The Texas Chainsae Massacre, 1974),  Noche de Brujas (Halloween, 1978), Martes 13 (Friday the 13th, 1980), El Silencio de los Inocentes (The Silence of the Lambs, 1991) y Scream 4 (2011).

¿Cómo obtener una típica película de asesinos seriales? Combinando -a gusto- los siguientes ingredientes: un psicópata enmascarado, un cuchillo afilado / motosierra / elemento contundente, un lugar aislado, un grupo de adolescentes desenfrenados (sexo o consumo de drogas mediante), y una fuerza pura y virginal capaz de enfrentar al mal. La matanza de Texas, film fundacional de esta temática, advertía ya en su afiche -leyenda mediante- sobre la veracidad de los hechos relatados: “Lo que sucedió es real. Tan real como la película misma”. Efecto de realismo potenciado por la gráfica, donde se muestra una escena de violencia explícita que resume el argumento del film: el trastornado Leatherface y la máscara confeccionada con piel de sus víctimas (su disfuncional familia practica el canibalismo), atormenta con su motosierra a un grupo de jóvenes que vacacionan en el lugar. La máscara, elemento fundamental en esta tipología de films, se traslada como elemento icónico a los carteles. Así lo confirman Jason y su máscara de hockey -saga Martes 13 (Friday the 13th)-, el asesino de Noche de Brujas (Halloween, 1978) (fusionándose en este caso con la calabaza, “marca registrada” de este tradicional festejo), Scream (1996) y Hannibal Lecter en El Silencio de los Inocentes (The Silence of the Lambs, 1991). Esta última con un atípico cartel que encierra un sutil juego visual: una calavera conformada por cuerpos humanos entrelazados, simula una mancha sobre el lomo del insecto. Otro elemento recurrente y omnipresente en el subgénero slasher, son los elementos con los que los psicópatas “harán honor” a su oficio.

 

EL BIEN VS. EL MAL

El Bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968), El Exorcista (The Exorcist, 1973) y La Profecía (The Omen, 1976).

La suspensión del Código Hays (1) en 1967 (que entre otras cosas, prohibía realizar films que indujeran al espectador a tomar partido por el crimen, el mal o actos considerados pecaminosos), permite al cine estadounidense retomar temáticas consideradas moralmente inaceptables. Uno de los temas reprobables era la crueldad dirigida hacia los niños. Como síntomas del cambio, tanto El Bebé de Rosemary como La Profecía (films claves de este período), relatan la presencia del “hijo de Satán” dentro del seno familiar. Relación –de los niños con el mal- evidenciada en los carteles por la presencia de los pequeños. La composición del afiche de El Bebé de Rosemary, anticipa la historia narrada. El coche de bebé se ubica sobre la cabeza de la mujer, metáfora visual perfecta de la alterada mente de la protagonista, que no puede separar la realidad de situaciones que alucina. El cartel de La Profecía explora con sutileza la fuerza de la tipografía como imagen, al replicar la marca 666 (presente en la cabeza del niño en el film) en la primera letra de la palabra Omen. De este cartel existen dos versiones con diferentes figuras proyectadas por la sombra del niño: un lobo en un caso, una cruz en el otro. A diferencia de éstos, el cartel de El Exorcista (que trata sobre la posesión diabólica de una niña y los exorcismos a los que es sometida), tomará -compositivamente- partido por el bien. Si bien en un clima visual tenebroso y frío, destaca -ubicándolo en el centro de la escena-, la figura del sacerdote que enfrentará al demonio.

 

MONSTERS INC.

Drácula (1931), Frankenstein (1931), La momia (The Mummy, 1932), La Novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935) y El Hombre Lobo (The Wolfman, 1941).

Algo del Star system (2) es referenciado por estos monstruos. Si bien aquel sistema -diseñado por grandes estudios de Hollywood- buscaba enaltecer la figura de actores apuestos (llevándolos al estrellato) y no de seres “horrendos” como Drácula, Frankenstein y el Hombre Lobo, subsiste en estos el espíritu de aquella mezcla entre actor y personaje (tanto que según cuenta la leyenda, Lugosi terminó creyéndose vampiro de tanto interpretar al famoso conde). De ahí los primeros planos de sus rostros –llegando incluso a prescindir del cuerpo- que ocupan casi toda la superficie del cartel. Solución visual que genera, más que miedo, empatía con las historias de estos personajes. Los demás elementos gráficos (tipografías, paisajes, texturas) quedan relegados a un segundo plano.

 

ZOMBIES

White Zombie (1932), El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 2004), La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead, 1968), Muertos Vivos: La Batalla Final (Dawn of the Dead, 1978) y El Día de los Muertos (Day of the Dead, 1985) .

Son muchas las interpretaciones que se han hecho acerca del cine de zombies y los tópicos que tratan: malestares civiles, racismo, y sobre todo, el miedo a las masas. Lo cierto es que para cualquier cinéfilo (mas allá de simbologías puntuales), la sola idea de imaginar una invasión zombie -grupos de muertos vivientes cuya mordida es mortal y altamente contagiosa- implica huir y refugiarse para no convertirse en su alimento. Más teniendo en cuenta que el cerebro constituye su plato preferido. Los carteles representan con absoluta fidelidad la esencia de estas temáticas: el automatismo del muerto viviente, el encierro como última opción de defensa y la siempre amenazante presencia del muerto vivo. El afiche de El Día de los Muertos se destaca por su poder de síntesis. No sólo resume la trilogía de Romero en un solo plano visual, sino que además sintetiza -a modo cinético- el paso de la noche al día, sugiriendo con elementos geométricos el sol y la luna. Retórica visual y estética depurada al servicio del mensaje.

(1). El código Hays fue un código de producción cinematográfico que determinaba con una serie de reglas restrictivas qué se podía ver en pantalla y qué no en las producciones estadounidenses. Creado por la asociación de productores cinematográficos de Estados Unidos (MPAA) describía lo que era considerado moralmente aceptable.

(2). Star system (“sistema de estrellato” o “sistema de las estrellas”) era el sistema de contratación de actores en exclusividad y a largo plazo de utilizado por los estudios de Hollywood en la denominada época dorada de Hollywood para asegurarse el éxito de sus películas.

Continuará…

Sebastián Vivarelli | @vvs00 | sebasvivarelli@gmail.com

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