26.01.13
Directores _ Dossier

El Refuerzo Definitivo de Hollywood: Joss Whedon y J.J. Abrams

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Tengo que decirlo: la noticia de que J.J. Abrams se hace cargo de la nueva saga de La Guerra de las Galaxias me impactó más que la noticia de que se realizaría una nueva saga. Al principio me lo tomé con humor, con ironía: el mismo tipo que renovó Viaje a las Estrellas, se encarga de La Guerra de las Galaxias. Muy divertido, pero el chiste terminó. Ahora reflexionemos un poco acerca de esta decisión que no hace más que confirmar que el rol que el director de Súper 8 está jugando en la industria del cine capitalista trasciende el simple oficio. Pero tampoco es el único que se está adueñando de Hollywood y viene a reforzar el centro de atención del mundo cinematográfico.

Ayer por la noche se anunció oficialmente que Abrams no solamente dirigiría el Episodio VII sino que también lo produciría, y eso significa que desde ahora la marca Star Wars va a estar ligada directamente con la de su productora Bad Robot – y Disney – y no con 20th Century Fox y Lucasfilms. Este dato, no es menor y convierte a Abrams en el dueño absoluto de la televisión y el cine estadounidense.

Antecedentes

En los años 70, cuando el cine industrial estaba en una decadencia absoluta, fueron las caras jóvenes las que la salvaron del hundimiento absoluto. Roger Corman empezó formando nuevos artistas, y mientras en la televisión los grande garúes anticipaban que el pequeño Steven Spielberg tenía mucho futuro, en el cine, el nombre era Francis Ford Coppola. ¿Cuál fue el aporte del papá de Sofía a la industria? En primer lugar, consiguió una que una obra épica situada a mediados del siglo XX se convirtiera en un éxito de taquilla a la altura de lo que fue en su momento Lo que el Viento se Llevó. La repercusión de El Padrino, una película adulta, de época, barroca revolucionó el cine.

Acá no voy a hablar de calidad o gustos, sino del lugar que cada director ocupó u ocupa en la industria a través de sus obras y producciones. Cada uno tendrá su opinión personal de las obras en forma individual así como del director como artista, pero hablamos de historia: datos, hechos, trascendencia.

El segundo aporte de Coppola fue apoyar a George Lucas. El director de American Graffitti se convirtió finalmente en el tipo más poderoso de la industria por la innovación tecnológica que significó La Guerra de las Galaxias. Dejemos de la lado, la narración. Pero el impacto cultural de los films, es innegable. Paralelamente, Steven Spielberg consiguió que géneros malditos como el clase B, las aventuras fantasiosas, los extraterrestres y los monstruos marinos se convirtieran en materia prima personal para generar éxitos indiscutidos. Lucas y Spielberg son conocidos hoy en día como el refuerzo.

O sea, ambos, criados principalmente por la influencia de las primeras series definitivas, las aventuras de John Ford y Howard Hawks, el suspenso hitchcoiano y las nuevas corrientes de cine europeo (otra inferencia de Roger Corman), consiguieron convertirse por esa década, en el relevo de sus propios maestros, la segunda generación de cineastas que cambiaron el séptimo arte, por lo menos a lo que refiere a cine estadounidense. Dentro de esa generación se pueden separar a los autores “independientes” como Scorsese, inclasificables como De Palma, genéricos de bajo presupuesto como Carpenter o Hill, y otros apoyados por la influencia de Lucas o Spielberg como Dante, Zemeckis y posteriormente, el más exitoso de todos, que se autocreó en un nivel paralelo a Hollywood, pero nunca dio a Hollywood, sino que se quedó con sus propios lucros, James Cameron.

El caso Cameron es parecido al de Lucas, pero mientras que Lucas compartió su conocimiento, Cameron recién empezó a repartirlo ahora con la creación de la nueva ola 3D. Y aún así no me parece que el impacto de Cameron puede compararse o igualarse al de Lucas. Como digo, Cameron es un “independiente”.

Pero Lucas y Spielberg ya no tienen la fuerza que tenían. Su poder ha disminuido, son los maestros, no los nuevos referentes. En la alicaída industria, otros nombres empezaron a surgir como refuerzo de la generación del 70. Alguien podría decir que Tarantino tomó en cierta forma la posta de la violencia y la cinefilia Scorsesiana, por ejemplo. Que Nolan revitalizó el barroquismo e intelectualidad de Coppola. Pero a lo que respecta a reemplazar – o si se quiere ser fino – a tomar la antorcha de Lucas y Spielberg, ahí habría que buscar a J.J. Abrams y Joss Whedon.

De la Televisión al Cine

A diferencia de Spielberg y Lucas, lo de Abrams y Whedon es un reconocimiento más tardío. A pesar de que ambos empezaron siendo muy jóvenes, y desde sus comienzos tuvieron productos con sus nombres que resultaron exitosos, hay muy poca gente que realmente sabe que ambos estuvieron involucrados en lo que estuvieron.

Al igual Lucas y Spielberg, ambos se llevan pocos años de diferencia (Whedon es del 64 y Abrams del 66, Tarantino es del mismo año que el primero, así que no sería tan errado juntarlo en el mismo grupo de refuerzo generacional) y sus comienzos fueron muy parecidos. Dos datos curiosos: ambos hicieron cameos en películas que no son suyas, y colaboran activamente en la composición musical de sus obras.

Hijo de un importante productor televisivo, Abrams, se crió dentro del mundo de la televisión, pero empezó s carrera como guionista.

A fines de los 80 y principios de los 90, con menos de 25 años, ya había escrito guiones para Arthur Hiller y Mike Nicholls (Una Segunda Oportunidad). Le siguió un pequeño drama romántico fantasioso vehículo para que Mel Gibson se separara de su imagen de héroe de acción (Eternamente Joven) y quizás su trabajo más taquillero en este rol sucedió en 1998 cuando escribió Armageddon para Michael Bay. En el mismo año saca su primera serie: Felicity, nuevamente un melodrama romántico que contrasta casi completamente con los trabajos más conocidos del nuevo director de La Guerra de las Galaxias. Aunque solo en un sentido superficial, dado que el universo de Abrams le da mucho más prioridad a las relaciones humanas que a la fantasía. Algo que comparte con su co creador de Felicity, Matt Reeves que demostró también un gran talento cinematográfico gracias a Cloverfield (producción de Abrams) y la aún mejor, Déjame Entrar (remake estadounidense del film sueco que mereció mayor repercusión).

Paralelamente, Joss Whedon comenzó a cosechar su siembra apenas unos años antes de Abrams. También sus comienzo provienen de la escritura, pero en el terreno de la televisión, escribiendo para sitcoms como Roseanne (donde ganó reconocimiento la comediante Roseanne Barr) y Parenthood, inspirada en la película de Ron Howard de 1990. Sin embargo, así como Abrams fue tomado en serio en 1992 por Eternamente Joven y Una Segunda Oportunidad, Whedon escribía el guión de una comedia adolescente con vampiros llamaba, Buffy, La Cazavampiros. Protagonizada por una actriz del momento, Kristy Swanson, y algunos actores de la tele como Luke Perry (con el apoyo de Donald Sutherland y Paul Reubens), esta primera Buffy era bastante absurda y satírica. El tono era completamente diferente a lo que terminó siendo la serie de 1996 interpretada por Sarah Michelle Gellar.

Whedon también tuvo que hacer guiones por encargo por esas épocas, pero con mejor suerte que Abrams. Fue uno de los escritores de la primer Toy Story e incluso fue nominado al Oscar por este trabajo. Su pasión por las naves espaciales y el universo lo llevaron a escribir Titan A.E y Atlantis (ambas también de animación para Fox y Disney respectivamente), y mientras empezaba a generar Buffy, se encargó del guión de Alien Resurrección de Jeaunet: una papa que pocos quería agarrar.

Así como Abrams empezó con un género que definitivamente no parece el suyo, Whedon agarró el vampirismo y los adolescentes con un punto de vista serio y más solemne que en la película que escribió, Buffy, La Cazavampiros.

Tanto Felicity como Buffy pudieron convivir durante varios años en la pantalla chica, impactando en un público adolescente que se identificaba con los conflictos románticos de sus protagonistas, casualmente ambas femeninas. Al igual que a Abrams, a Whedon, las relaciones humanas (o mejor dicho lo que le sucede internamente a los personajes aunque sean vampiros) le interesa más que la fantasía per sé.

Cada uno, comenzó a dar sus primeros pasos en la dirección y producción con ambas series, estudiando los fenómenos culturales que los productos generaban y aprendiendo a dirigir con una visión más cinematográfica que televisiva.

Cuando los personajes, las series, los actores y ellos mismos, encontraron una madurez, cada uno decidió dar un paso y empezar productos más adultos, inspirados en el fanatismo de los productos que los apasionaron en sus respectivas infancias. Aunque Whedon trató de darle una perspectiva más oscura y adulta a Buffy, con el spin off, Ángel, fue Firefly, el producto que realmente mostraría su faceta más geek: una serie muy costosa de viajes interplanetarios, que adjudicando una estética más cercana al western se separaba de las series de Viaje a las Estrellas.

Por su lado, Abrams empezaba a desarrollar una serie de espías que también tuvo un público cautivo: Alias. El mundo que construyó alrededor de la protagonista (Jennifer Gardner, hasta ese momento completa desconocida), consiguió fans en todo el mundo.

Mientras que Firefly fracasaba rotundamente, Alias se convertía en un gran éxito que le permitió a Abrams desarrollar otras series: Whar About Brian y Six Degrees. Ninguna tuvo repercusión. Sin embargo, ambos siguieron insistiendo. Whedon decepcionado con los resultados de Fifefly que fue cancelada a los pocos episodios, decide llevarla al cine.

Irónicamente, Serenity con efectos que ahora quedan bastante anticuados, sin ninguna gran figura en el elenco, consigue una interesante repercusión de crítica y taquilla, tomando en consideración el fracaso comercial que fue la serie. Se estrenó en el otoño de Estados Unidos, que no se puede tomar como una época referente real, pero aún así, el relativo éxito de Serenity – especialmente con la crítica – permitió que Whedon tenga una segunda oportunidad en la televisión.

Por su lado, a Abrams la suerte no le acompañaba del todo tampoco. A mediados de los 2000, Alias empezaba a sufrir una caída en la taquilla que parecía difícil de remontar, por lo tanto llamó a dos guionistas más: Damon Lindelof y Jeffrey Lieber, y entre todos desarrollaron un proyecto que se convertiría posiblemente el que más haya marcada la década pasada. Lost fue una serie que despertó un genuino interés más por su misterio permanente que por lo que realmente se veia en la pantalla. Los fans se encargaron de convertirla en culto y las miles de hipótesis que fueron surgiendo alrededor de lo que iba sucediendo consiguieron que no fuera una serie más. Sin embargo, a medida que iban pasando las temporadas y la paciencia de los espectadores se agotaba, los números dejaron de favorecer a la serie. Más allá de esto, el nombre de Abrams se abrió paso en forma espontánea permitiendo que al mismo tiempo, Tom Cruise confiara en él para regresar con Misión Imposible. Para un nerd criado por la televisión, que la tercera entrega de la serie de Bruce Geller, que inspirara su propia serie Alias, cayera en sus manos debió haber sido una gran responsabilidad. Misión Imposible 3 no tuvo el éxito esperado, y definitivamente se trata de la entrega menos interesante de la saga de Ethan Hunt. A pesar de contar con un par de inspiradas escenas de acción y un muy buen villano a cargo de Phillip Seymour Hoffman, la cuota romántica y casi cursi de la película, junto con una “imposible” actuación de Cruise la transformaron en una obra poco trascendente. Pero Cruise entendió que el esfuerzo de Abrams merecía una segunda oportunidad, y por lo tanto ambos llevaron adelante la producción de la cuarta entrega, que de la mano del gran Brad Bird encontró la repercusión necesaria para continuar funcionando. Al igual que Spielberg, el ojo de Abrams para la producción fue mejor posiblemente que su destreza como escritor o director.

Al mismo tiempo, seguía sin encontrar la brújula con lo referente a series, en el año 2009 crea otra saga de ciencia ficción que a pesar de continuar con el legado de buenas críticas no consigue enamorar al público: Dollhouse, protagonizada por la sensual pero fría Eliza Dushku no tiene el impacto que muchos esperaban.

Lo mejor está por venir

Abrams y Whedon son luchadores. Tipos que no se resignan y cada nuevo fracaso los fortalece para seguir perseverando. Ya no son tan jóvenes, han formado familias, hecho estrellas cinematográficas gracias a sus productos televisivos. Los actores conocieron algunos la gloria y otras están chocando con la realidad, de que para seguir adelante en la industria deben lucharla también. Hollywood es un mundo muy competitivo.

Abrams y Whedon lo saben y en vez de volver sus pasos y tratar de perseguir productos más chicos, fueron detrás de peces más grandes. En el 2009, J. J. decide que ha llegado el momento de renovar el mito de Viaje a las Estrellas, pero no con nuevos spin offs de las series, sino desenterrar a los personajes que hicieron conocida a la serie original de Gene Roddenberry y darle una lectura contemporánea, ser fiel al espíritu original pero al mismo tiempo enganchar a la juventud con actores más cercanos en edad y estética a los modelos televisivos contemporáneos. Seamos honestos, el Capitán Pikard con la cara de Patrick Stewart (un actor británico shakespeareano) no sirve para que los adolescentes se identifiquen. Contar los orígenes de la relación de Kirk y Spock dio resultado. Viaje a las Estrellas, la precuela, superó las expectativas. Abrams otra vez estaba en la buena ruta, y mientras sigue creando más y nuevas series (algunas exitosas como Person of Interest y Revolution, otras no tanto como Fringe y Alcatraz) empieza a poner su ojo con más interés en el cine, regresar a su primer amor.

En el 2011, Jeffrey Jacob Abrams se junta con su mentor, Steven Spielberg, y ambos llevan adelante un proyecto personal de Abrams, que lo empieza a afirmar como autor: Súper 8 es la película que Spielberg hubiese querido hacer pero nunca hizo. Una historia de extraterrestres y chicos situada en 1979, cuando el director tenía la edad de sus protagonistas. Una obra que sorprendió por su misterio inicial, pero terminó siendo un cuento encantador con mucha influencia de ET y Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, pero que básicamente es una historia de amor inicial. De esta forma, se vislumbra un futuro diferente para Abrams, más sentimentaloide, interesado nuevamente por las relaciones humanas y no tanto por la fantasía que sirve como metáfora, más que como motor propulsor. Igual que en el cine de Spielberg. La película tuvo excelentes críticas pero impactó menos de lo esperado en la taquilla. No importa, los valores se va a apreciar en el futuro.

Por su lado, Whedon también persiguó el pez dorado y terminó siendo la elección sorpresiva para dirigir Los Vengadores, el más ambicioso proyecto del universo Marvel, dado que juntaba a todos los superhéroes que habían impactado en el pasado, en una sola película. Debido a que al igual, que Abrams, la experiencia de Whedon detrás de cámara se limita a una sola película y algunos capítulos para televisión, los productores confiaron que Joss lograría que Los Vengadores sea el éxito que todos esperaban. El resultado superó las expectativas. Incorporando una sana dosis de humor que escaseaba en los productos anteriores, Los Vengadores fue el mayor éxito del año pasado y uno de los más exitosos de la historia del cine. Así, Whedon consigue estar en la cima. Le llegó tarde, pero por fin, su talento creativo fue recompensado y reconocido.

Ahora, que se anunció que Abrams va a ser el nuevo nombre relacionado con La Guerra de las Galaxias, que no va a ser solamente un director por encargo, sino convertirse definitivamente en el nuevo George Lucas, queda preguntarse si esto no es lo que realmente planeaban ambos. Repasando las carreras resulta coherente este presente. Todo parece haber sido tejido para que llegue este momento. Y analizando la trayectoria de ambos resulta completamente coherente que estén en la cima, que sean ellos y no otros, que el hilo los haya traído hasta acá. Los ladrillos, los momentos iluminados, los fracasos, todo los llevaron a estos dos colegas y competidores a convertirse en el seudónimo del cine de Hollywood en forma completa. Casi medio siglo tuvieron que atravesar pero lo lograron. Todo lo que toquen de ahora en adelante será oro. Por varios años van a gozar de una invulnerabilidad absoluta tanto en la tele como en la pantalla grande.

Sino, miren como La Cabaña del Terror, escrita por Whedon se convirtió en uno de los productos más celebrados del año. Whedon le dio el empujón a Drew Goddard – de la misma forma que Abrams se lo dio a Matt Reeves – para que saliera adelante, y ahora tanto Whedon como Goddard son dos intocables en cualquier género que pisen. De hecho, Whedon a mediados de año – mientras prepara la secuela de Los Vengadores y supervisa las demás sagas de superhéroes Marvel – estrena una adaptación contemporánea y en blanco y negro de Mucho Ruido y Pocas Nueces, la obra de Shakespeare con mucho menos presupuesto, producción y actores de renombre que tuvo la adaptación de 1993 a cargo de Kenneth Branagh. Las primeras críticas fueron elogiosas. Y mientras Abrams, saborea la atención mundial por hacerse cargo de la saga de George Lucas, termina con la post producción de la secuela de Viaje a las Estrellas: En la Oscuridad.

Con Whedon controlando el universo Marvel y Abrams a cargo de los universos Star Trek y Star Wars, caben pocas dudas que estos dos muchachos han conseguido en dos décadas lo que Lucas y Spielberg consiguieron en cinco, pero aún así podemos afirmar que Hollywood tiene dos dueños, que se fueron trazando un camino y ahora se convirtieron verdaderos refuerzos que la capital del cine estaba esperando desde hace varios años.

El futuro comienza ahora. Que la fuerza los acompañe.

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