18.07.18
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1º Festival de Cine Colombiano – Entrevista a Luis Ospina

Luis Ospina estudió cine en la Universidad del Sur de California USC y en la Universidad de California UCLA.

Formó parte del Grupo de Cali junto con Carlos Mayolo, Andrés Caicedo, Ramiro Arbeláez y otros artistas caleños, quienes en la década de setenta fundaron el Cine Club de Cali y la revista Ojo al cine. Ha dirigido 2 largometrajes de ficción, Pura sangre (1982) y Soplo de vida (1999), y ha realizado 9 largometrajes documentales, así como una veintena de cortometrajes documentales y argumentales, de entre los cuales se destacan: Agarrando pueblo (1977), codirigido con Carlos Mayolo como crítica a la llamada pornomiseria en el cine; Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos (1986), sobre la vida (y muerte) del escritor caleño Andrés Caicedo; Ojo y vista: peligra la vida del artista (1988), una secuela de Agarrando pueblo, La desazón suprema: retrato incesante de Fernando Vallejo (2003), sobre la vida y obra de este controvertido escritor colombiano y Un tigre de papel (2007), sobre Pedro Manrique Figueroa, precursor del collage en Colombia.

Su más reciente película, Todo comenzó por el fin (2015), estrenada mundialmente en el Toronto International Film Festival TIFF, cerró la retrospectiva de su obra hecha en el reciente Festival de Cine Colombiano celebrado en el Centro Cultural San Martín.

¿Qué lo motivó a hacer cine?

(Risas) Yo creo que, como digo en Todo comenzó por el fin (2015), dos cosas me motivaron. Por un lado, mi padre porque él filmaba películas familiares, tenía cámara. Tenía un proyector y nos proyectaba películas en la casa desde muy niños. Tan así es que yo no recuerdo cuál es el primer film que yo vi. Vi cine a partir de los 2 ó 3 años.

Por otro lado, era costumbre en Colombia que todos los fines de semana, nos mandaban al cine. Éramos un familia grande. Íbamos con las empleadas del servicio doméstico. Ése fue mi segundo gran aliado de mi cinefilia. Y porque yo crecí en los años cincuenta donde el cine era el espectáculo de entretenimiento más barato que había y era un espectáculo masivo. Todo el mundo iba el cine. Ahora el cine no es tan importante en las vidas de la gente.

Sí. Justamente hace dos semana estaba viendo una entrevista que le hacían en Italia a Martin Scorsese y él decía eso: que él empezó a ir al cine en el año 1944 . Cuenta que iba todas las semanas porque no había televisión.

Exactamente. Y la televisión llegó a Colombia cuando la dictadura de Rojas Pinilla que fue en el 1953-1957. Pero mi papá detestaba a Rojas Pinilla así que no compró el televisor. Yo sólo veía televisión en la casa de los amigos (Risas).

No cayeron en la dictadura televisiva.

El cine era muy importante en la vida de todo el mundo, desde clases populares hasta clases altas.

Y entre esas películas, ¿cuáles recuerda que lo formaron o incentivaron de alguna manera a hacer cine?

Quizás la primera película que recuerdo fue El mago de Oz (1939) porque para mí tuvo algo inolvidable y que se volvió una constante en mi obra: el uso del blanco y negro. En mis películas está muy presente ese juego.

Desde luego que en la niñez uno ve muchas películas. Uno se interesa más por ciertos géneros, como el western, o los grandes melodramas que los conocí por el servicio doméstico. Las grandes películas de Douglas Sirk que para mí es el gran genio del cine melodramático. Inolvidable fue ver Imitación de la vida (1959), Palabras al viento (1956). Que, por cierto, mis obras completas se llaman Palabras al viento. Lo puedes consultar en mi página web (www.luisospina.com). Es un libro donde condenso todo lo que escribí en treinta años.

Lo voy a buscar.

Uno se interesa de niño por los actores. El mío era Kirk Douglas. A mi hermano Sebastián, que es actor y ha trabajado en el cine como guionista, le gustaba Burt Lancaster. Mi hermana era fanática de Audrey Hepburn. Uno se interesaba por los actores y después, mucho más adelante, uno escogía las películas por los directores.

En varias de sus películas, suele haber un artista que crea desde la pobreza y con cierto tono de denuncia, sin caer en la porno-miseria presente en Agarrando pueblo. En torno a esta figura, ¿cuál cree que es el rol del arte frente a la sociedad?

En mi caso, que vengo de Cali, cuando nuestro grupo “Caliwood” comenzó más o menos en 1961, no existía el cine en la ciudad. No había una cultura audiovisual, aunque sí la hubo durante la etapa del cine mudo y todas esas películas desaparecieron. Se hicieron unas seis películas que luego se perdieron. De hecho, Cali fue la ciudad pionera del cine colombiano. Allá se hizo la primera película de María de Jorge Isaacs en 1922 de la cual yo hice una cortometraje junto con Jorge Nieto porque encontramos los únicos cuatro planos sobrevivientes del film.

Que está en En busca de María (1985).

Exacto. Entonces cuando empezamos a hacer cine, era todo un territorio por explorar, de filmar la cultura de nuestra ciudad, la cultura no sólo popular, sino musical. Tengo un documental sobre el pionero de la música Antonio María Valencia. Y la película sobre Andrés Caicedo que fue el autor que comenzó la novela urbana en Colombia. Antes la literatura colombiana era casi toda rural y el país era rural hasta que comenzó la violencia de los años cincuenta donde la gente comenzó a desplazarse hacia la ciudad. Se volvió un país eminentemente urbano.

Pero volviendo a la pregunta, yo me pongo en la posición de ser testigo de las cosas; no tanto de indicar lo que se debe hacer, sino de observar lo que está pasando. Las personas se encargarán de sacar las conclusiones después, según su propio bagaje cultural o su ideología. Sin embargo, también pienso que el artista tiene que ser provocador. Porque la provocación necesariamente lleva a la reflexión. Uno no puede permanecer incólume ante la provocación. Ella es una agresión, de alguna manera, que uno le hace al espectador; un reto.

También pienso que el artista debe ser subjetivo. Debe tener una visión propia. Para mí eso constituye a un artista: tener una voz propia. Por eso todas mis películas tienen elementos autobiográficos hasta la última que lo es completamente. Antes hacía películas autobiográficas a través de personas con quienes yo me identificaba, como Fernando Vallejo o Andrés Caicedo.

En Agarrando pueblo (1977) y Pura Sangre (1982), el color parece connotar una vivacidad a lo filmado. ¿Tiene preferencias por el color o blanco y negro, o prefiere aprovechar los alcances de ambos?

En el caso de Agarrando pueblo, es una decisión estética muy consciente porque está justificado el uso en la medida que el blanco y negro es el making of y el color es la película en sí. Hay una justificación muy clara. En Pura sangre, hay unas pocas cosas en blanco y negro que son las cámaras de seguridad.

Y que además el dueño de la empresa ve Ciudadano Kane y al final dice “No quiero ver más películas en blanco y negro”. Como si películas así lo deprimieran y sólo quisiera ver películas como Johnny Guitar (1954).

Sí, además que Johnny Guitar tenía un proceso diferente al Technicolor que se llamaba “true color”. Pero el uso del blanco y negro es una constante en mi obra. Me encanta el cine en esos tonos y el género que más me interesa es el cine negro.

En general, se me hace que el video y ahora el video en alta definición producen un efecto chillón, que chirrea. Entonces a veces prefiero que sea algo menos distrayente. Por ejemplo, grabas una entrevista con un intelectual y siempre tiene de fondo una biblioteca llena de libros. Y cada libro tiene un color diferente y uno se queda viendo los libros, más que al entrevistado.

La maravilla del blanco y negro es que uno está limitado a negro, blanco y la escala de grises.

Actualmente se hacen muy pocas películas en blanco y negro. Yo cuando empecé a enseñar los alumnos se negaban a ver películas en esos tonos. Ni siquiera filmes mudos querían ver.

Una cosa que detesto del cine de Hollywood es que todas sus películas, sobre todas las de fantasía, son casi monocromas. Tienen una tonalidad azul debido al CGI. En 30 años se van a ver de lo más ridículo. Películas como Avatar o las de El señor de los anillos. Así como la gente se quejaba de los back projection de Hitchcock, pues esto va a ser peor porque son como azules.

¿Cuál es su posición frente a la crítica de cine?

(Risas) Yo realmente nunca me he considerado un crítico de cine. Sí pertenecí a un grupo cinéfilo que fue el Cine Club de Cali, fundado por Andrés Caicedo y yo me uní a la idea después. Y también fui co-fundador de la revista Ojo al Cine. Pero yo me considero más un cronista del medio. Lo poco que yo he escrito sobre cine está en el libro que te referí.

He dicho antes que el gran crítico de cine de nuestro grupo fue obviamente Andrés Caicedo. Siempre me sentí intimidado a escribir sobre cine porque él escribía tan bien. En un momento, Carlos Mayolo y yo pensamos que la crítica de cine podía llevarse al cine mismo. Y por eso hicimos Agarrando pueblo.

Finalmente, para quienes no hemos visto mucho cine colombiano, ¿qué películas y directores recomienda?

Creo que la gran película colombiana moderna es Rodrigo D: No Futuro (1990) de Víctor Gaviria. Es un director que recomiendo mucho. Anterior a él, está un director muy particular que es José María Arzuaga, que sólo hizo un par de largometrajes. Uno de ellos se llama Pasado el Meridiano (1967) que es para mí la primera película de la modernidad colombiana, donde se muestran los problemas del hombre en la ciudad. Aunque es una película tan mal hecha que ahora parece de vanguardia ahora. No hay sincronía entre voz e imagen. Está filmada y montada de una manera muy extraña. Es una película muy imperfecta pero importante para el cine colombiano.

Ya de lo que es el cine de los últimos veinte años, hay grandes talentos. Como Ciro Guerra, Rubén Mendoza, que es un director muy cercano con quien hice dos de mis películas. Hay unos muy nuevos como César Acevedo, Óscar Ruiz Navia, Jorge Navas. Curiosamente también son de Cali.

Desde luego, las películas que hizo Carlos Mayolo. Carne de tu carne (1983) y La mansión de Araucaima (1986) me parecen largometrajes muy buenos. En esas actué y trabajé en la edición.

Hay toda una nueva generación de cineastas, dentro de los cuales también incluyo a Franco Lolli, Jacques Toulemonde. Desde hace veinte años se creó el Fondo de Cine y esto ha permitido que mucha gente haya podido hacer sus primeras películas. Es una Ley de Cine que funciona bastante bien.

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2018 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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