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Álex de la Iglesia: “Lo más bonito en el cine es jugar”

Álex de la Iglesia visitó Argentina para presentar El Bar (2017), su más reciente película, que se estrena el 8 de junio en cines.

Al llegar al Nuss Hotel, desde la vereda ya se percibía una enorme expectativa. Periodistas de todos los medios aguardaban en la pequeña entrada del hotel boutique, con 11 grados de temperatura exterior.

Al ingresar, todo estaba casi listo (una mesa pequeña con una botella de agua y un vaso; y micrófono) para recibir a quien, para nosotros los cinéfilos, es toda una eminencia no sólo en España, sino en todo el mundo.

Y llegó el momento de presentarse. Álex de la Iglesia circulaba silencioso por la recepción del hotel hasta llegar al espacio pequeño de al lado, donde estábamos esperándolo con ansias.

El director de El Día de la Bestia (1995) y Balada triste de trompeta (2010) se hizo presente con el porte que lo caracteriza. Primero se lo vio un tanto serio y cansado –seguramente por la cantidad de entrevistas que tuvo que dar a la prensa ese mismo día desde temprano– pero luego se soltó más y con sonrisas recurrió a la autocrítica e ironía de siempre con un “no soy tan bueno en el cine”, para descontracturar.

Aunque el encuentro fue corto, hubo unos minutos para tomarle al artista estrella las clásicas fotos delante de los “standee” de su último film, El Bar (2017), que estrena en nuestro país el próximo 8 de junio.

La primera pregunta (obligada seguramente para la mayoría de los periodistas) fue acerca de su constante indagación en las miserias de los seres humanos a lo largo de su filmografía, pero especialmente, en su última película. Y qué contundente fue su respuesta: “Solemos echarle la culpa a los demás por todo, cuando en realidad somos nosotros mismos los culpables de aquello. Es cierto que en mis películas hay una cierta angustia acerca de cómo es la vida. Pero yo creo que la tenemos todos. Yo tengo la oportunidad de reflejarlo en mis películas… entonces de alguna manera intento preguntarme también acerca de por qué diablos nos ha tocado todo esto”.

El Bar funciona como un ensayo incisivo (que no deja de lado el humor negro y la sátira) acerca de las poses ficticias, la superficialidad y cómo escapamos cada uno a su manera de la realidad que nos duele. Y así también lo explica su director: “Mis personajes prefieren pensar que el mundo es un escaparate. Por eso están en un bar muy a gusto; porque el enemigo está afuera y eso genera una tranquilidad enorme. Adentro está todo bien y afuera están los locos. Nadie se pone a pensar en nuestra responsabilidad, nadie lo reconoce, porque supone una valentía que no tenemos”.

Más adelante, y en base a otra pregunta, De la Iglesia reconocería que su imagen de la realidad es muy diferente de la mayoría de las personas y que su cabeza se nutre básicamente de personalidades como Michel Foucault, Asterix y Obelix, Haddock, Silvestre Tornasol o Hernández y Fernández en Las Aventuras de Tintín, como fuente de inspiración a la hora de encarar sus películas. De allí que su visión de la realidad, que según él “no es tangible, sino que es todo aquello que nos duele”, devenga de las novelas gráficas por las que siente un profundo cariño, excepto tal vez cuando son llevadas a la pantalla grande y “son reducidas a un ámbito infantil, ni siquiera adolescente, por cuestiones de mercado”.

El Bar también es un claro ejemplo de los desafíos técnicos que se presentan a la hora de filmar, aunque siendo su propio productor, admite, no fue tan complicado superar tal situación. Como si fueran piezas de un rompecabezas que cada uno maneja a su antojo, De la Iglesia nos cuenta cómo lo hizo posible: “Lo más bonito es jugar. Todas las paredes era móviles: las de cristal, las de detrás de la barra (que se partía en tres piezas), la pared del fondo. Por su parte, el exterior correspondía a un exterior real. Y teníamos terror de que en planos muy contrapicados se vea el fin de los decorados cuando los personajes estaban en el suelo. Supuso un reto pero lo asumimos todo con cariño”.

Sobre el final, fue el turno de la pregunta más jugosa y los responsables fueron los integrantes del equipo de producción de un documental acerca de su trayectoria, El Camino de Álex, y que tuvo que ver con el hecho de la motivación para nunca dejar de filmar, y aquí es cuando se descubre la grandeza de un artista: “Sigo por el hecho de haberme equivocado mucho, por el fracaso. El pensar que se puede hacer mejor. La insatisfacción es tu modo de ver la vida. No hay nada que te convenza. Pero cuando dejas de rodar es como un abismo. Es como quedarte sin el “nuke” en Robocop 2 (1990)”.

© Ximena Brennan, 2017

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

brennan@asalallena.com.ar | @AnXieBre

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