19.08.09
Directores

Entrevista a Galel Maidana

 

Si bien tu debut en el largometraje es en un documental, empezaste en el terreno de la ficción, ya que estudiaste teatro. ¿Cómo fue el pasaje al documental? ¿Qué te ofrece el documental que no encuentres en la ficción?

 

Bueno, yo personalmente creo que los géneros o los formatos son algo que en general nos sirven para organizar ideas en torno a obras ya terminadas, para poder dar cuenta de cierta historia del lenguaje audiovisual, o sea como forma de comprensión y estudio.  En función de la creación, sólo constituyen puntos de partida.

Creo que el mundo se manifiesta de formas mucho mas complejas e inaprensibles. En todo caso, como elecciones, representan una posición que uno elije y desde la que uno mira. Una película de ficción mala muchas veces se convierte sin quererlo en un documental sobre actores gesticulando en decorados falsos y poco creíbles, porque no se da la magia ficcional necesaria para que uno termine de entrar, entonces se imponen las torpezas del autor. Eso con el tiempo hasta puede convertirse en un género en si mismo, como en el caso del cine clase B. Casi como una persona contando un chiste largo y malo, si no te envuelve y te lleva, inmediatamente aparece la persona detrás de eso. En toda obra audiovisual siempre coexiste el artificio propio de un punto de vista y ciertas decisiones estéticas completamente subjetivas, con la frialdad del proceso fisicoquímico que se da en el corazón de la cámara, que da cuenta de la existencia de lo que sucede en frente de ella.  

¿Cómo te interesaste por el Frente de Artistas del Borda?

La idea inicial de la película no apuntaba a centralizarse en el tema de la locura, de hecho no me interesaba trabajar el binomio arte-locura como un cliché, sino abordar una manifestación donde el arte fuera un instrumento de resistencia, una ruptura en el sistema de comunicación, de las verdades impuestas por las instituciones. Cuando conocí lo que pasaba en el Frente de Artistas, en seguida me di cuenta que era una propuesta ideal para trabajar esas ideas.

¿Al principio hubo resistencia por parte de las autoridades del Borda y/o de los internos?

 No, la verdad que todo eso se dio de forma muy rápida y consensuada. Al principio, con lógica desconfianza, varios internos me dijeron que no querían aparecer, sobre todo para no seguir siendo estigmatizados afuera, pero cuando entramos mas en confianza y conocieron mejor mi punto de vista sobre el tema, se acercaron nuevamente y me dijeron que no había problema, que querían participar.

¿Cuánto tiempo demandó el rodaje?

 El rodaje concretamente unos tres meses, pero al principio participe de los talleres a modo de “investigación” unos dos meses mas o menos. Además, esa es una premisa del frente de artistas, para proponer algo, primero hay que pasar por todos los talleres.

La Asamblea es un documental de observación. La cámara se limita a registrar lo que sucede. ¿Fue pensado así desde el comienzo?

 No fue realmente pensado, sino algo que se fue dando naturalmente. Estaba seguro que no quería hacer entrevistas, me parecía mejor que lo que uno tuviesen para decir, lo dijeran sin presión en el momento que les resultara mejor. Sobre todo porque eso implica presentar las cosas de un sólo modo. Colocar un cartel sobreimpreso con nombre y profesión, por ejemplo implicaba constituir límites que no me parecían necesarios, porque el documental justamente apunta a la disolución de limites, y no a crearlos. A partir de esas ideas, todo el resto se fue construyendo encima, siguiendo como un orden lógico. No es una premisa para todos los documentales que haga, pero para este en particular, me parecía realmente necesario. Además, el registro en si puede ser observacional, pero como en cualquier obra audiovisual, se toman miles de decisiones en donde se excede la mera observación, y se propone un punto de vista, y en este caso creo que es bastante claro.

Trabajaste con un equipo técnico reducido. ¿Cómo lo armaste? 

La gran mayoría son personas con las que ya había trabajado, amigos en muchos casos. No fue nada complicado justamente porque ya había un código en común. Al Borda íbamos solamente iba con Matías Tamborenea el productor y Francisco Seoane el sonidista, que encima es psicólogo. Maria Galarza, la montajista, también es psicóloga. Tuve mucha suerte en ese sentido, todos tenían un interés personal por el tema y por ese mundo por fuera del mío, por eso fue muy enriquecedor trabajar con ellos.   

¿Cuál fue tu principal influencia como documentalista?

 

Tengo algunos directores que aprecio y que me enseñaron cosas con sus trabajos, pero a veces es difícil determinar que cosas influyen en uno, investigando un poco a veces uno se puede sorprender. De todos modos, a Harum Farocki desde un punto de vista mas intelectual, o Chris Marker desde un lugar mas cinematográfico podría considerarlos como influencias. También me gustan mucho los documentales hechos por directores que también trabajan en ficción, como Herzog o Jia Zhangke.

¿Podés hablar de tus próximos proyectos? ¿También irán por el lado del documental?

 Las cosas de las que me interesa hablar suceden en la realidad, en mi realidad, y no tienen una forma preestablecida. El punto de partida “documental” y sobre todo el método de trabajo que implica, me sirvió para darle forma a ciertas necesidades expresivas. Por ejemplo, la posibilidad de trabajar con un equipo reducido, de poder operar la cámara yo mismo, de tener un contacto mas directo y menos mediado con mi objeto de observación. Es algo que definitivamente voy a seguir usando en propuestas de ficción, la tecnología hoy por hoy nos permite esa posibilidad. 

Sobre mis próximos proyectos, concretamente estoy con dos largos de ficción que están en distintas etapas de producción. También estoy entusiasmado con el Vjing, y los videoclips musicales.

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