02.08.09
Directores

Entrevista a Santiago Giralt

 

 -¿Cuándo comenzó tu interés por el cine?

Mi interés por el cine comenzó en Venado Tuerto, cuando era pequeño. Tuve una infancia muy cuidada, somos cuatro hermanos, una familia de clase media, mi papá es agrónomo, mi mamá ama de casa…


Por la empresa donde trabajaba mi papá llegó a Venado Tuerto uno de los primeros reproductores de VHS y, un tipo a la vuelta de casa que ahora no recuerdo por qué, alquilaba VHS. Tenía cinco o seis al principio pero era lo único para ver. Hasta que se abrió el primer videoclub de Venado del que fuimos los socios número 1. Allí empecé a consumir VHS como loco. Desde Spielberg hasta Forman, todo lo que llegara me atraía… Y así, durante toda mi adolescencia, alquilaba cuatro películas por fin de semana y miraba dos el sábado y dos el domingo. Creo que como vivía en un ambiente muy contenido, el cine era donde yo imaginaba y soñaba que la vida era más grande que mi vida, y ahí descubría los millones de mundos que existían allá afuera.

 

-¿Alguna película o director que te hayan marcado? Leí que la obra de Almodóvar y la de Douglas Sirk fueron muy importantes.

 De chico, Spielberg, Doria en mi adolescencia (donde empiezo a experimentar también con la tele: Atreverse, Zona De riesgo, series que marcaron mi horizonte como espectador), Almodóvar, toda la vida, El Padrino, Zemeckis, Joe Dante, Fernando Trueba… Una mezcla de directores que iban llegando a Venado y yo iba conociendo. Cuando estudié cine me enamoré de Sirk, de Lynch, de Ripstein, de los directores con los que trabajaba…  

UPA! satiriza al denominado Nuevo Cine Argentino. ¿Tuvieron problemas con alguna persona o entidad vinculada a ese movimiento?

En absoluto. La película cayó pesada en el comienzo pero, con el tiempo, todos pudieron digerirla y hasta la recuerdan con un buen sabor. Yo la miro y la veo actual, viva y estimulante como el primer día.  

-Tanto en UPA! como en Las Hermanas L. dirigiste junto con otras personas. ¿Cómo fue trabajar de esa manera? ¿Cómo se organizaron?

 

Cada grupo tiene una dinámica diferente que la encuentra el propio grupo. En el caso de UPA! fue un año de rodaje y edición donde tuvimos que armar familia para poder llevarla a cabo, En las Hermanas fueron 20 días de rodaje a toda fiesta y después mucho meses de edición para pulir la fiesta. Las experiencias grupales te obligan a negociar con tu ego y son un aprendizaje duro y brutal, pero necesario. Tu identidad se funde con la del grupo y tu color se mezcla con el de los demás, no puede predominar demasiado uno, la cabeza tiene que cambiar de lugar…

-Siguiendo con Las Hermanas L., ¿cómo fue trabajar con Soledad Silveira, teniendo en cuenta que no suele hacer cine independiente? ¿Cómo diste con ella?

 A Soledad la contactamos a través de una amiga, Saula Benavente, quien nos recomendó porque nos conocía. Solita agarró viaje y nosotros tuvimos que acomodarnos a la exigencia de trabajar con una profesional como ella. Creo que aprendí muchas claves del trabajo conociendo a Solita y me quedé con ganas de más. Es una persona que cuando trabaja está conectada en un mil por ciento con la vida y con la alegría. 

 -Con respecto a Toda La Gente Sola, ¿cuál fue la idea principal a la hora de armar una película coral? ¿Siempre supiste que iba a ser así o primero se te ocurrió un personaje y luego decidiste ampliarla? 

Siempre fue coral porque o quería pintar mi aldea y mi aldea está llena de gente. En principio, escribí un cuento que era la historia de amor inconclusa entre Lola y Julián, pero el cuento iba hacia otros lados diferentes. Y allí apareció un personaje que quedó fuera pero es el germen de mi próxima película: un niño travesti. Luego vinieron todos los personajes que están alrededor de ellos y se armó un horizonte. En el medio, vi mucho Amas De Casa Desesperadas (la versión original) y me contagió el humor para encontrar un tono en el relato… Y ahí las amas de casa ganaron terreno.  

-¿Fue un rodaje complicado al ser tu primera película dirigiendo solo a un grupo grande de actores?

Fue un complicado pero no por el grupo de actores sino porque hacer cine en el interior no es lo mismo que hacerlo acá. No tenés la empresa de equipos cerca, tenés que trasladar cosas… Fue complicada porque se hizo en un momento complicado de la realidad argentina (el piquete del campo, pero ¿qué momento de la realidad argentina no es complicado?), porque el presupuesto y las semanas de rodaje eran muy acotadas y porque era mi primera película sin codirectores con quien compartir el peso.  

-En un reportaje dijiste que Almodóvar te marcó. Al igual que el director manchego, vos solés trabajar con un elenco estable: Silvina Acosta, Elías Viñoles, Esteban Meloni… ¿Escribís personajes ya pensando en determinados actores para interpretarlos?

Sí. Escribo con los actores en la cabeza y además cuando armo elencos me repito todo el tiempo. Yo soy un ser alegre y social pero me gusta estar con gente que conozco, no me siento cómodo entre muchos extraños… Para mí los equipos son tu familia emocional en el rodaje, trato de que la gente que descubre mi intimidad en el rodaje sea más o menos la misma y en cada película nos conocemos un poco más. Silvina estuvo en todas y pienso que tiene que asomar la cabeza aunque sea a decir buen día en todas las que haga, incluso si son películas animadas…  

-Muchas veces los guionistas tienen que aceptar concesiones de los directores que dirigen su material ¿Te pasó alguna vez? ¿Habiendo dirigido tu opera prima tuviste que dejar afuera cosas del guión que sentiste que no estaban a tono con lo demás? 

Sí, siempre sucede, A veces porque no lográs darles el mismo tono en el rodaje, a veces porque en el guión trato de poner cosas de más para luego poder sintetizar. Igualmente yo trabajo con una consigna que hoy es poco apreciada pero la consigna es Más es más, lo de menos es más lo dejo para otros. A mi me gusta que la historia tenga giros y sea interesante, que los actores sean expresivos, que la narración fluya… Son las cosas que me preocupan a la hora de dirigir y de editar.

-¿Podés encontrar influencias de lo que buscás como artista dentro del cine nacional?        

Sí, al menos yo me siento cerca de Cama Adentro, de Jorge Gaggero; de Amorosa Soledad de Victoria Galardi y Martín Carranza, y de algunos directores de generaciones anteriores como Doria, Campanella, Aristarain, Piñeyro… Lo que yo busco es contar una historia atrapante, con personajes creíbles e interesantes y con un toque personal y único.

-A la hora de estrenarla hablabas de un cine más inclusivo, donde todos podía entender, disfrutar y pasarla bien viendo la película ¿Creés que el cine argentino actual perdió contacto con el público común que va al cine?

Sí, creo que los cineastas argentinos se preocupan poco por llegar al público o solamente se preocupan cuando ya no acude a las salas. Yo pienso en el espectador cuando estoy filmando pero en un espectador imaginario, ideal, que es para quien armo mis películas. Pero ese espectador es mucho más esquivo de lo que yo creo y es hasta te diría una conjetura que me permite trabajar con un orden y un sistema precisos.

-¿Crees que hay un grupo de cineastas con lo que estás tratando de darle un nuevo punto de vista al cine argentino, haciéndolo más accesible, pero sin perder la calidad a la hora de contar historias?

Sí, y espero que prenda en mucha gente y que empecemos a tener una corriente de cine accesible, de calidad y popular, de algún modo como Shakespeare pensaba el teatro o como Tolstoi pensaba la novela. El arte popular es el arte que llega al público y moviliza conciencias, genera pensamiento y emoción. Yo no hago cine para el mercado del cine-arte por lo tanto siempre lo pienso para el público. Es que yo soy un público muy simple: a mí la historia me atrapa o no, me interesan los personajes o no, y el estilo si es bueno, mejor. Pero soy un espectador de buenas historias. 

-Este año participaste también produciendo el documental 8 Semanas. ¿Con qué rol te llevas mejor: guionista, director o productor?

Mi labor como productor es siempre casual y es el rol que menos ejerzo. No me llevo bien o mal con ningún rol, todos los roles tienen momentos hermosos y momentos duros. Yo me siento un vehículo para concretar historias y películas. Si en alguna (como en 8 Semanas), lo que se necesita es un poco de apoyo, ahí estoy… Mis amigos hacen películas que me gustan mucho y me encanta incluirme en proyectos que no tengo que llevar adelante como director. Además, inspiro mi carrera en directores como Soderbergh, que dirigen muchas cosas diferentes, producen otro tanto… El rol más agotador es el de director porque tiene momento de enorme exigencia física y emocional.

 

-A la par de tu carrera cinematográfica, escribiste un libro: Nelly R., La Amante Del General. Contanos un poco al respecto.

 

 

Yo soy escritor antes de ser cineasta, como te diría que soy lector antes de ser escritor. De chico (y sigue siendo igual) siempre fui un lector voraz con una gran capacidad de memoria y de organización de la información, lo que pasa es que no soy un amante de los procedimientos formales (o del arte de vanguardia) sino de las grandes historias (una línea más clásica). Entonces puedo reconocer la audacia y originalidad absolutas del Ulises de Joyce pero no me produce ningún tipo de placer leerlo, lo hice porque creo que hay que leer las grandes obras de la literatura… Admiro la cabeza de Joyce, un artista realmente especial y único, pero la bajo del pedestal y la miro de frente: no quiero pasar tanto tiempo en la cabeza de Joyce, prefiero pasarlo en la de otras personas, como Tolstoi, por ejemplo. Ese hombre es trans-histórico: es un hombre que sabe lo que es lo humano. Es como Shakespeare o como Ibsen o como D. H. Lawrence o Henry James, gente que nació fuera del tiempo… En el 2000, hice mi tesis de licenciatura de la Universidad del Cine sobre narrativa y peronismo y analizaba cómo aparecía el discurso peronista en dos películas de Lucas Demare con Tita Merello: Guacho y Mercado De Abasto. En todos los libros aparecía la historia de esta adolescente, Nelly R., y me pareció una espectador privilegiada de los últimos años del General en su segundo mandato. Me dije: “Acá hay una historia que merece ser contada”. Como película iba a ser carísima entonces decidí escribirla como novela. Después decidí hacerla en primera persona (para alejarme del cine), en tono de diario íntimo y en pasado. Y en un instante estaba escribiendo algo que no e parecía en nada a los guiones. Y me enamoré de la escritura de novelas. Ahora acabo de terminar otra y ya tengo en mente un par de historias que pueden tener esta forma. Cuando me viene una historia al instante la pongo en un casillero en mi cabeza: esta es más para cine, esta es más para novela. Y las guardo en rinconcitos de mi memoria para que empiecen a germinar por allí.

¿Se puede adelantar algo de Perla, tu próxima película? Será la primera vez en la que te basás en un libro (en este caso, de Manuel Puig) para escribir un guión.

Manuel Puig es el novelista más grande que ha dado la literatura argentina y su obra es un misterio de inteligencia, humor y observación que sigue interpelando el discurso en tiempo presente como cuando lo escribió en su momento. Por eso, para mí tener el gusto de adaptar a Manuel es un regalo del cielo. La historia es una especia de imaginación del personaje de Molina cuando era adolescente y cómo se empieza a armar la identidad de un joven que descubre que quiere ser mujer en su cuerpo de hombre. Ese momento de descubrimiento, de duda, de despliegue de una identidad subterránea hacia la superficie, es lo que cuenta Perla. Perla cuenta ese momento en que uno descubre un motor interno hacia una dirección desconocida y se lanza a vivirlo con sus consecuencias. Es una película en carne viva, muy emotiva y con un humor muy especial. Ojalá pueda hacerla pronto. 

http://www.santiagogiralt.com.ar/  

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