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Entrevista a Alberto Romero, director de Carne Propia

Alberto Romero es uno de los cineastas de la productora Puente Films, usina de documentales de gran nivel. Carne Propia fue dirigido por él, y en esta entrevista nos cuenta los pormenores de este film que no deja a nadie indiferente.

Formás parte de Puente Films, que viene dando una serie de documentales, como ¿Quién Mató a Mariano Ferreyra? y Pichuco. ¿Cómo surgió la idea de hacer Carne Propia?

En Puente Films trabajamos de manera muy colectiva. Todos somos directores pero participamos de los proyectos de los demás desde otros roles, cada uno aportando desde su especialidad o talento. En mi caso es el guión, y colaboré desde ahí en las películas de mis amigos Martín Turnes y Ale Rath, cosa que sigo haciendo en sus nuevos proyectos.

En esta dinámica, cada uno trae su proyecto y entre todos le vamos dando forma. Es decir, el germen de cada película aparece en una cabeza, y luego se multiplica en las de todos, adoptando las perspectivas específicas de la especialidad de cada uno.

Carne Propia surge de la observación de un universo que me es muy familiar. Mi familia es de la provincia de La Pampa, una provincia con una influencia grande del universo de la ganadería. Desde chico vi y viví ese mundo. Mientras todos mis compañeros de escuela contaban sus vacaciones en las sierras o en la playa, yo contaba anécdotas con caballos, vacas, chanchos y tanques australianos. Este proyecto fue, inicialmente, una novela, que por diversos motivos se fue transformando en un documental. Lo que sobrevive de aquella novela inconclusa es la voz de ese toro, con sus ínfulas de aristócrata y su ideología conservadora.

El narrador del documental es un toro que conoció épocas de gloria. ¿Cómo fue trabajar con los toros? Sé que usaron más de uno.

El trabajo más difícil en relación al toro fue conseguirlo. Necesitábamos algo muy específico. Un toro viejo, Aberdeen-angus, colorado (porque da mejor en cámara), que el dueño estuviera decidido a mandarlo “al gancho”, y que aceptara a un grupo de cineastas merodeando en su campo. Además, después teníamos que filmarlo en el camión y hacer todo el recorrido hasta el frigorífico. Una propuesta delirante del guionista (yo) que el director (yo) tuvo que ver cómo resolver. Por suerte dimos con una familia de transportistas del norte de La Pampa que no solo nos dejaron filmar en el camión, sino que además nos proveyeron el toro.

Pudimos así seguirlo en todo el recorrido, hasta que llegamos al mercado de Liniers. Allí pasamos la noche en nuestro motorhome, rodeados de camiones jaula con vaquitas que esperaban a ser pesadas y vendidas al otro día. Nos levantamos muy temprano, con el comienzo de los remates, y cuando vamos a ver a nuestro toro, el consignatario nos avisa que había sido vendido a un frigorífico que no era el que nosotros teníamos listo para terminar el recorrido. Nos despedimos de nuestro toro y nos fuimos, sin saber cómo íbamos a terminar la película.

Por suerte dimos con los compañeros de SUBPGA, la cooperativa frigorífica que constituye el último capítulo de la película, que nos propusieron conseguir otro Aberdeen-angus colorado parecido al nuestro. Un día nos llaman y nos dicen “tenemos al toro”. Cuando llegamos, fuimos a los corrales y vimos al toro suplente… era negro! Y era muy salvaje, imposible de dirigir, muy distinto a nuestro toro-actor original que era un caballero sereno y distinguido. Otra vez nos fuimos llenos de incertidumbre, pero al poco tiempo los compañeros de SUBPGA nos consiguieron a este otro toro que, si bien es bastante distinto, cumple su rol con solvencia. Hay algún chiste en la película que se hace cargo de este cambio de actor, pero algunos espectadores me han dicho que no lo notan, otros que ese cambio suma, porque el segundo toro, el del final, parece más flaco y abatido, cerca de su muerte.

¿Cómo dieron con Arnaldo André para la voz del toro narrador?

Discutiendo entre todos, Ale Rath mencionó a Arnaldo. Fue una propuesta inesperada, y a la vez un enorme acierto. Arnaldo sintetiza muy bien todo lo que este personaje necesitaba: una voz profunda, con mucho cuerpo, una cualidad algo melodramática para atravesar los momentos más poéticos del texto, y sobre todo una capacidad de interpretación. El toro no es un mero narrador, es un personaje, y requiere una construcción más allá de lo dicho, de las palabras. Importan los tonos, las pausas, las intensidades.

El documental tiene un tono muy interesante: el tema es serio, pero la cuota de humor lo convierte en algo menos solemne. ¿Cómo hicieron para conseguir ese tono?

El elemento humorístico en esta película lo juega este personaje-narrador del toro, que está planteado de por sí desde un absurdo: es un animal, y tiene unos modos muy refinados e ideas conservadoras. Es como gentleman un poco patético, un lord con agujeros en los bolsillos, una especie de tío viejo al que uno deja hablar porque sabe que no le queda mucho. Y eso genera una especie de empatía a la vez que su discurso, como progres bienpensantes que somos, nos horroriza.

¿Cuánto tiempo les llevó hacer el documental, desde la preproducción hasta su primera exhibición?

Empecé a escribir el guión de Carne Propia en febrero de 2014. Lo presenté a la vía de documental digital del INCAA, esperé todo lo que hay que esperar (los tiempos del INCAA son largos), y para noviembre de ese año estábamos filmando. Rodamos durante todo 2015 en diferentes etapas, según se iban desarrollando las historias y se abrían las posibilidades de concretar todos nuestros objetivos delirantes, y hacia fines de ese año ya tuvimos un primer corte. Luego, durante todo 2016 recorrimos algunos festivales, y ahora llega a todo el público en el cine Gaumont, para luego continuar por las salas de las provincias. Parece un recorrido largo, pero no lo es tanto. Infierno Grande, mi próxima película, una ficción, arrancó en 2012 (las primeras ideas) y recién voy a rodarla a comienzos del año que viene. La vía digital es una conquista de los documentalistas que tiene, entre otras muchas ventajas, la inmediatez y el amplio acceso a la producción, en comparación con otras vías. Además, es la que permite mayores libertades en cuanto a la experimentación en las formas y en los procesos de producción. Además de estar en DOCA, formo parte del Colectivo de Cineastas, un grupo de cineastas (directores, productores, técnicos, críticos), desde el que buscamos impulsar la existencia de una vía como la del documental digital pero para la ficción.

La película viene de pasar por buen número de festivales. ¿Cómo fue la recepción del público?

La recepción en general fue muy buena, inclusive en los festivales internacionales. Tratándose de una película con temas tan locales, siempre pensé que el recorrido iba a ser mucho más difícil afuera. Pero anduvo bastante bien, pudimos estar en el Festival des Films du Mond, de Montreal, y en el Festival de Cine Latino de San Diego y algunos otros. En todos hubo risas y expresiones de indignación con algunas cosas de las que decía el toro. Una linda sorpresa, dado que el humor es uno de los lenguajes más intraducibles de cualquier cultura.

Sé que tienen próximos proyectos en carpeta. ¿Qué se puede contar al respecto?

Lo más inmediato es Finito, película de Ale Rath que escribimos juntos. Es una historia bastante autobiográfica de él, sobre la muerte, la religión y el marxismo. Estamos empezando la preproducción y suponemos que estará lista para fin de año.

Luego viene Infierno Grande, una roadmovie mía que narra la historia de una maestra de pueblo de la provincia de La Pampa que, embarazada de 8 meses, escapa de su marido golpeador por los remotos desiertos pampeanos. Tiene también una voz en off particular, que es la del hijo que ella lleva en la panza, unos años después, contando la historia de su nacimiento. Una historia dura, pero que conserva algunos elementos del humor que me gusta trabajar.

Tenemos también Una Noche Solos, un corto de Martín Turnes que escribimos juntos y que ganó el último Historias Breves; y otros proyectos más de él y de Juan Martín Hsu que están en etapas más tempranas de desarrollo.

© Matías Orta, 2017 | orta@asalallena.com.ar | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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