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Entrevista a Kimi Takesue, directora de 95 and 6 To Go

En el marco del BAFICI 2017 nos encontramos con Kimi Takesue, la directora de 95 and 6 To Go (2016), que formó parte de la Competencia Internacional. Se trata de un afectuoso y profundo documental en el que la realizadora retrata a su abuelo, Tom Takesue, y explora su vida como descendiente de japoneses en Hawái. Juntos, además, charlan sobre un guión que ella está escribiendo y van armando una ficción sobre amor y desarraigo.

Me imagino que habrás grabado incontables horas de material. ¿Cómo fue resumir todo ese contenido en una película de noventa minutos?

Empecé a filmar a mi abuelo en el 2005. El disparador fue cuando él mostró interés en un guión mío, una ficción. Lo leyó y se le vinieron a la cabeza muchas ideas, títulos, canciones, finales para la película. Y eso me sorprendió. Mi abuelo siempre había sido un tipo serio, trabajador, práctico. No pudo ir a la universidad. Y nunca lo había visto hacer algo creativo.

Lo del guión se convirtió en una oportunidad para verlo más de cerca. Él siempre había existido más en la periferia de mi vida. Así que cuando estuvimos a solas esos meses, durante la filmación del documental, empecé a notar todas estas dimensiones de su personalidad que había ignorado. Tenía un sentido del humor, cierto instinto para los negocios, ideas para que la película fuera más comercial. El guión se volvió un vehículo para entrar en su vida y para que él reflexionara sobre el amor, su pasado y todo lo que dejó atrás en el tiempo. Fue una manera de entablar una conversación que nunca habíamos tenido.

Pero mientras lo filmaba, él me decía que nunca podría mostrarle el material a nadie. Me amenazaba con que nunca me perdonaría. Recién en su lecho de muerte me dio permiso para hacer el documental. Creo que, cerca del final de su vida, le gustó la idea de dejar un legado. Así que yo había acumulado todo este material fílmico, pero nunca había pensado en una estructura, en un montaje. Nunca había revisado lo que tenía. Incluso después de que él falleciera, tardé un tiempo en ver el material.

Y es que el documental tiene muchas tramas. Está el guión, la historia de mi abuelo, su relación con mi abuela. Entretejer todos estos elementos y encontrar el equilibrio justo fue difícil, porque quería hacerlo sin voz en off. Además probé una estructura no-lineal. Al principio de la película, mi abuelo habla de cómo conoció a mi abuela. Es un relato frío y pragmático, sobre un matrimonio prácticamente arreglado. Pero después, el documental retrocede dos años y aparece mi abuela, cuando todavía estaba viva, que cuenta una versión muy distinta de cómo conoció a mi abuelo. Según ella, él la cortejó activamente. Entonces, no hay una sola verdad, siempre estamos construyendo distintas versiones de la historia de nuestras vidas.

¿En qué se distingue esta película de tus obras anteriores?

Hay mucho diálogo y lenguaje. En mis otros trabajos, no hay tanto. Suelo ser más observacional e imponer más control sobre el encuadre. Pero en este caso, como mi abuelo se resistía a ser filmado, muchas veces tuve que dejar la cámara en algún lugar y esperar que mi abuelo ingresara en la toma. Tuve que ser muy paciente. No podía controlarlo. Igualmente, intenté introducir algunos elementos formales, jugar con la duración. Pero todo tenía que ser funcional a lo que quería contar. Por ejemplo, hay una toma larga de él haciendo flexiones. Es bastante extensa, pero revela algo esencial sobre su personalidad, su determinación y perseverancia. Hacer este documental significó tener la templanza necesaria para dejar que surgieran por su cuenta estos pequeños detalles.

¿Cómo hiciste para retratar un tema tan personal y a la vez poder alejarte del material para contemplar cuestiones como la estructura narrativa y los aspectos formales?

No sabía si una película tan personal le iba a interesar a los demás. Así que hice el documental para mí. Quería preservar esta historia. Supongo que he emprendido la mayoría de mis películas de la misma manera. Sin embargo, al avanzar con este documental, se me ocurrió que quizás sí tendría cierta llegada a un público masivo. Aborda tópicos universales como la familia, la pérdida, la ausencia, el cambio, la vejez, cómo interactúan distintas generaciones, cómo se entienden o no se entienden. Mi abuelo es un personaje muy sincero. Habla sin filtros y eso le gusta a la gente.

En la película, no sólo hablás sobre tu abuelo sino también sobre su contexto, sobre cómo fue ser un descendiente de japoneses en Estados Unidos en el siglo XX.

Muchos no saben de las olas inmigratorias que vinieron de Japón a fines del 1800, escapando de la pobreza y buscando una vida mejor en Hawái. La mayoría de los que llegaron eran agricultores y fueron a trabajar en las plantaciones. En general eran hombres, que luego se casaron con japonesas que sólo conocían a través de fotografías. Durante la Segunda Guerra Mundial, los descendientes de japoneses en Hawái no fueron internados en campos de concentración, como sí ocurrió en el territorio continental de Estados Unidos, donde familias enteras tuvieron que renunciar a su herencia japonesa para demostrar su lealtad estadounidense. Se les quitó su nacionalidad, se las acusó sin razón, se les sacó su propiedad privada, tuvieron que empezar sus vidas de vuelta. Para muchos fue algo vergonzoso. En vez de sentir bronca por el trato que sufrieron, internalizaron su dolor, se volvió una historia silenciosa y traumática, de la que no se hablaba. Después de la guerra, buscaron asimilarse a la cultura blanca.

Pero en Hawái, los descendientes de japoneses no fueron internados. Pearl Harbor fue en Hawái y la mayor concentración de familias de herencia japonesa estaba en Hawái. Pero no se internó a nadie para que no colapsara la economía. Sufrieron mucha discriminación durante la guerra, sí, pero no pasaron por la experiencia de los campos. Así que retuvieron su conexión con la cultura de sus antepasados. Yo crecí en un entorno familiar en el que la tradición japonesa estaba muy presente.

¿Cómo surgió y en qué terminó el guión sobre el que hablás con tu abuelo?

Estuve cuatro años trabajándolo. Y después lo desarrollé durante dos años más. En un momento, estuvo por concretarse. Iba a ser una gran coproducción con Japón. Había actores de renombre vinculados a la película, incluso una estrella del cine japonés. Trataba sobre un esculpidor de hielo a quien se le muere la hija en un accidente. Él está esculpiendo en un lago y ella se cae en un agujero en el hielo y se ahoga. Así que él se siente culpable y decide dejar todo, incluso su esposa en Japón. Va a Nueva York y se dedica a hacer esculturas de hielo con fines comerciales. Ahí conoce a una cantante de cabaret, que también carga con sus propias penas. Y ambos se enamoran, con el hielo como metáfora de lo efímero de su relación.

Le dediqué seis años a este guión, así que fue devastador cuando no se concretó la película. Los productores no pudieron recaudar los fondos y colapsó la economía internacional. Le hice caso a lo que me recomienda mi abuelo en el documental. Necesitaba un trabajo estable, así que me enfoqué en mi carrera profesional. Ahora soy docente y me sostengo con eso. Y empecé a hacer películas más autogestionadas.

Todo esto, para mí, es una gran satisfacción personal. Que se cayera lo del guión fue brutal y tuve que renacer de las cenizas. Así que este documental es muy significativo para mí. De lo que pareció un fracaso surgió algo importante. Es una demostración, además, de que el proceso creativo no es una línea recta. Hay digresiones y hay que seguir adelante y encontrar alternativas. Y también, al hacer este documental, descubrí el lujo que significa poder hacer algo artístico. Mi abuelo tenía toda esta creatividad que nunca había podido destapar, y yo le di la oportunidad de hacerlo.

¿Cómo respondió el público a tu película?

El documental superó barreras culturales, lo que me parece grandioso. Porque, también, el lenguaje de mi abuelo es muy propio de las islas, de los descendientes de japoneses en Hawái. Y eso no se puede traducir. Pero cuando proyecto la película en Argentina, en Portugal, en Dinamarca, los espectadores igual se identifican con él.

Obviamente, cuando mostrás algo tan íntimo sobre tu familia, hay una sensación de vulnerabilidad. Y es cierto que algunos elementos del documental son inusuales. Pero siempre pensé que era importante que esta película fuera accesible. Aunque tengo que decir que el público acá en Buenos Aires ha sido uno de los más receptivos que encontré en toda mi carrera cinematográfica. Pocas veces me pasó que la gente se me acercara después de una función y expresara tanto entusiasmo.

¿Cómo fue hacer una película sin saber el final o el rumbo que tomaría?

Lo que más me gusta de filmar es lo que puedo descubrir en el camino. Estar atenta al momento y captar lo que me interesa. No es lo mismo hacer una ficción, en la hay un guión y reuniones en las que se debate cómo será la película, cómo es el guión, por qué será una producción increíble. Hablar de una película antes de que exista es una experiencia agotadora. Le quita mucho misterio al proceso creativo. Porque la realidad es que no sabemos qué es lo que pasará. Es muy lindo poder ir por el mundo, observándolo, rodando material, y luego, privada e intuitivamente, encontrar escenas y una estructura, sorprendiéndote ante los sentidos que emergen.

¿Volverías a probar suerte con una película de ficción, aunque no haya prosperado tu anterior intento?

Terminé algunos cortos de ficción. Hice uno que se llamó That Which Once Was (2011). La trama ocurre en el futuro y uno de los protagonistas es un escultor de hielo inuit, un refugiado medioambiental desplazado de su tierra por el derretimiento del hielo en el Ártico, quien llega a una ciudad desconocida. Extraje partes de mi frustrado guión y las usé para mi corto. Siempre busco canibalizar proyectos que fracasaron cuando emprendo nuevas obras. Con un largometraje de ficción, el desafío es encontrar colaboradores adecuados, que puedan ayudar a recaudar fondos. Por el momento no lo he logrado. Caso contrario, sí, volvería a intentarlo. Pero es difícil. Así que ahora trato de ser autosuficiente. Lo bueno de esto es que puedo ser intransigente y hacer lo que quiera.

© Guido Pellegrini 2017 | @beaucine

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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