NachoVigalondo
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Entrevista a Nacho Vigalondo

El cineasta español Nacho Vigalondo se hizo de un nombre gracias a cortos y largometrajes con una impronta muy particular, a veces graciosa, a veces oscura, siempre imaginativa. En 2014 pasó por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, para presentar Open Windows (2014) y Confetti of the Mind (2014), y pudimos hablar con él. Aquí, además, anticipa Colossal (2016), su debut en los Estados Unidos.

¿Cómo nace tu pasión por crear? No me refiero sólo a hacer cine.

Bueno, siempre ha estado ahí. Es una condición genética, creo, y a partir de ahí no tengo mucho más de maniobra. Sí me sorprende la cabeza haciendo cine en vez de otro tipo de disciplinas creativas quizá más próximas a mí cuando era niño, más manejables. Soy de familia obrera, de España, y acabar haciendo cine es un viaje muy largo no solamente por la cuestión económica sino por la cuestión geográfica. Este está siendo un bonito viaje del cual, pues bueno, solamente tengo explicación para algunos fenómenos y otros no. No estoy en control de mí mismo.

Uno ve tu trabajo y nota un confetí de influencias. Si tuvieras que mencionar algunas de esas influencias, ¿cuáles fueron las que más te marcaron?

Aunque intento ser lo más visual posible, creo que Open Windows es la película más visual que haré nunca. Reconozco más influencias literarias que cinematográficas. En concreto, para mí una influencia capital para hacer esta película fueron los folletines, las novelas francés de principios del siglo XIX y principios del XX., con superhéroes que cambiaban identidad constantemente.

Como Arsenio Lupin.

Como Arsenio Lupin. Para mí esta película es, de manera apócrifa, como los relatos de Arsenio Lupin.

Comenzaste filmando cortometrajes, y uno en  particular te catapultó: 07:35 de la Mañana. Un gran delirio orquestado (mejor dicho, coreografiado). ¿Cómo es que nace una historia así?

Fue un golpe de suerte muy grande. Sí reconozco que en ese entonces, cuando me propuse hacer un corto en celuloide, recordarás que hace unos años, el celuloide era el formato con el que te volvías oficialmente adulto como cineasta. Reconozco que me esforcé en hacer un corto que me representase en ese momento, y lo concebí como una apuesta. Dudaba de mí, en más de un sentido, como cineasta, y quería aprovechar este corto como si fuera mi última oportunidad. Si le iba bien, sería cineasta, y si no, no. Lo tenía muy claro. Es la mayor suerte que he tenido jamás. Yo creo que por mucho empeño que pongas en dar con una historia que sea tan universal y que conecte con tanta gente diferente entre sí, requiere de un golpe de suerte específico. Si fuese todo talento, todos mis cortos hubiesen sido igual de eficaces, o todas mis obras serían igual de afortunadas.

Otro corto que dirijiste y que me llamó mucho la atención es Choque. A la hora de rodarlo, ¿cómo fue filmar con autos chocadores?

Fue una experiencia muy intensa porque fue mi primer corto con una estructura dramática tradicional, y es un corto también en el que, a una escala pequeña, intento reproducir todos los golpes de efectos formales de las películas de coches, de persecuciones, de accidentes de coches y tal. Fue complejo. La localización, que al ser un interior absoluto no planteaba complicaciones de continuidad de luz, al tener todo controlado, permitía que fuese cómodo el rodaje, pero hubo que hacer muchos planos en muy poco tiempo.

¿Cuánto tiempo duro el rodaje?

No recuerdo, pero no debieron ser más de tres noches. En un corto, lo que aprendes es a condensar mucho en poco tiempo. Esa es la clave del asunto.

¿Cómo llegás a filmar Cronocrímenes (2007), tu ópera prima?

Tuve la suerte de estar nominado al Oscar con 07:35 de la Mañana y automáticamente, ya viendo la posibilidad real de hacer un largometraje, vi los guiones que tenía en mente más o menos definidos y fui a por el guión más inusual para producción española, porque en ese momento me parecía más rompedor con lo que se podía esperar de mí. Fue un gesto suicida hacer la película que nadie esperaba de mí… y yo creo que la película que nadie esperaba de un director de cine español. Ese ánimo autodestructivo me va a acompañar siempre.

Tu siguiente paso iba a ser Open Windows, pero se demoró por problemas de producción y filmaste Extraterrestre (2011), que se estrenó antes. ¿Cómo fue filmar esta película?

Fue una maravilla. Creo que es mi mejor experiencia como director. Ha sido la experiencia más agradable. En un entorno tan cómodo como aquél, con unos actores de los que estoy enamorado… Tuvo sus complejidades, pero el entorno era maravilloso. Fueron como unas vacaciones.

Hablando de actores, solés trabajar con Carlos Areces, a quien lo conocemos desde hace unos años por sus participaciones en películas de Álex de la Iglesia y de Pedro Almodóvar. ¿Cómo es trabajar con él?

Trabajar con él es todo lo que te esperas. Areces es tan gracioso y tan brillante como aparenta de lejos. Esa devoción que él tiene por repugnar delante de cámara la tiene también detrás. Le encanta repugnar, le encanta provocar. Todo eso, con un sentido del humor brillante. Una delicia. Me gusta trabajar con él. ¡Me gustaría trabajar con él el resto de mi vida, vamos!

Entrando de lleno en Open Windows, ¿cómo es escribir y dirigir una película que es como un mecanismo de relogería?

Pues implicando es esfuerzo desde la mera concepción de la historia. Lo doy más peso a la forma que a la propia historia; es la primera vez que hago algo así. El esfuerzo es tener contantemente algo en pantalla, algo delante de los ojos, y en ese sentido la historia está más al servicio de la imagen de lo que jamás ha estado en una película mía, y creo que no va a volver a pasar algo así. En otros casos, cuando hago una película, cuando escribo el guión, no contemplo cómo se va a dirigir. En este caso, la película me lo empezaba exigiendo: lo que aparecía en pantalla, desde qué ángulo, desde qué punto de vista y desde qué posición de cámara.

Así que desde el guión ya tenías que ser preciso.

Desde el guión ya estaba dirigiendo y ya estaba montando la película, lo cual hace que la película se convierta en un callejón estrecho en el que es complicado hacer cambios más adelante. Pero hubo que hacerlos; siempre hay que cambiar cosas, siempre hay que parchar deficiencias, siempre surgen ideas buenas a mitad de camino. En una película normal tienes esa posibilidad, pero aquí es casi imposible. Es la película más complicada que haré nunca, o al menos no estoy dispuesto a volver a pasar por esto (risas).

No te voy a preguntar por Elijah Wood, no te voy a preguntar por Sasha Grey, sino por un actor argentino que forma parte de la película: Iván González. ¿Cómo fue trabajar con él?

Iván es un profesional intachable. Fue muy fácil trabajar con él. Es muy fácil de moldear. Recomiendo a cualquier director trabajar con él. Ha sido una sorpresa muy grande toparme con él.

Gran fanático del género, además.

Sí, sí, sí, y muy mutante, muy maleable.

También dirigiste un segmento de las antologías ABC of Death (2012) y V/H/S Viral (2014). ¿Cómo fueron esas experiencias?

Para mí fue el privilegio de rodar un cortometraje para una película más grande. Digo cortometraje porque, a fin de cuentas, se trata de hacer un cortometraje. Fue repetir el lujo que para mí es hacer un corto, con el privilegio añadido que se proyecta junto a otros trabajos en una película grande. Cuentan conmigo cada vez que quieran los productores de esas antologías.

¿Te llegan ofrecimientos de Hollywood?

De momento me estoy resistiendo un poco. No ha salido, de alguna manera, roda una película ajena, un proyecto ajeno o de encargo, pero estoy dispuesto a que surja. Es probable que el año que viene se ruede un guión mío en los Estados Unidos. No es Hollywood, pero sí en los Estados Unidos. Un guión mío que plantea una vuelta de tuerca respecto al subgénero kaiju, el de las películas con monstruos. Y va a tener un monstruo gigantesco destruyendo Tokio. Lamentablemente no va a ser Godzilla, pero sí un sosías.

¿Compitiendo con Del Toro?

No, no. Cuando veas la película, entenderás que no estoy compitiendo con Del Toro en absoluto.

Quería preguntarte por otra faceta tuya: la de los karaokes, sobre todo en eventos como el Fantastic Fest. ¿Qué podés contar al respecto?

Nada, es una oportunidad para sacarle rédito a la borrachera y hacer algo estrepitoso y que, por definición, ha de fracasar, ¿no?, porque en un karaoke hay que fracasar. Entonces, bueno, que en una sociedad capitalista haya espectáculos donde el fracaso se ha legitimado, pues yo creo que hay que apreciarlo (risas)

© Matías Orta, 2017

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

orta@asalallena.com.ar | @matiasorta

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