Directores _ Entrevistas

Entrevista a Pablo Stigliani, director de Mario On Tour

Pablo Stigliani nació en el barrio porteño de Chacabuco y se crió en Pompeya. Fue a un colegio estatal y laico, donde nació su deseo de hacer cine. Luego estudió Cine en ENERC y Comunicación Audiovisual en UNSAM. Hoy asegura que ese mismo impulso que lo motivó desde chico es motor y génesis de sus historias, y remarca “no podría darle a la sociedad otro mensaje más que luchar por sus sueños, estudiar, y respetar siempre los valores de su crianza. Ésa es la verdadera esencia”.

¿Qué te inspiro a escribir esta historia llena de vida?

Un personaje real que conocí en Santa Teresita, de donde eran mis abuelos; por eso transcurre ahí. Me basé en la anécdota del imitador que escuché cantar todos los veranos, durante mis vacaciones, temas tributo a Sandro para, luego, poder cantar sus temas con su banda de rock en el año. El resto es ficción.

En la película hay varios elementos que establecen un híbrido entre lo “popular” y lo “naif”, tales como el contraste del deporte fútbol en equipo y popular, en contraposición al tenis que está, en cierto punto, relacionado a lo individual y de elite. ¿Esta misma intención fue la génesis del titulo?

¡Qué buena pregunta! Honestamente, en un principio se iba a llamar Mario, a secas. El “on tour” surgió un día cuando escuché en la radio que auspiciaban un show de la banda “Depeche Mode, on tour”; me frené en esa frase: “¿On tour? ¡Wow!”. Enseguida lo linkeé con Mario y sirvió para congeniar y parodiar el tour de su vida. Mi idea era poder reír con Mario, en el buen sentido, y como bien decís, mostrar el contraste al público para que sienta la conexión con el universo artístico. Aparte, me gusta mucho el juego de una palabra muy castellana, española, combinada con inglés. Crea un tercer significado. Apunto de lleno a ese nuevo concepto.

En este sentido, así como pasaste del Mario, a secas, a añadir el concepto “on tour”… ¿Hubo algún otro cambio significativo desde que empezaste el proceso de pre-escritura de guión a lo que vemos hoy en el estreno comercial?

Sí. Las películas de cine independiente pasan por tantas instancias desde que uno pre-escribe hasta que estrena, que te permite repensar lo que buscás durante el proceso de rodaje con cada una de las partes y, de ese material, después se hace un todo. Principalmente, me interesaba como eje reflexionar sobre el concepto del éxito y mostrar las infinitas vueltas que damos los artistas para llegar a nuestro objetivo. Es triste pensar en un tipo que tiene que cantar canciones de otro para poder cantar las suyas; claramente marca una época. Sin embargo, aún hoy está latente el prejuicio social que sólo define lo que es, o no, exitoso y reconoce el valor de las obras por el mero motivo si salió, o no, en radio o televisión, más que por su calidad artística. Cuando hablo del concepto de éxito no es un ensayo sobre el éxito, la película no es pretenciosa en eso. Yo abro el juego en el espectador para que pueda reflexionar sobre lo que le pasa a la persona detrás del estereotipo de su personaje, que vean qué le pasa en su vida por intentar perseguir el éxito. Mario deja en el camino un montón de cosas hasta que se cansa de perseguir ese sueño y trata de recomponer una relación. Por eso mi recorte fue un fin de semana aventura. Claramente, acá el sostén de Mario es su amigo, hermano, El Oso, que lo banca aunque cante para diez personas. Creo que siempre que uno asume el riesgo de perseguir algo difícil de lograr, sólo cuenta con su hermano del alma en la locura; otro, fríamente, ¡te sacaría cagando! (risas). Después, a partir de cosas muy chiquitas, se disparan un montón de aristas en la mente del espectador pero no están manifiestas en la película.

En este sentido, Mike Amigorena ya es un personaje reconocido en el ambiente. ¿Por qué pensaste en él para interpretar el personaje? ¿Tuvo que ver que en ese momento estaba incursionando su faceta de músico?

En gran parte. Mike es un gran actor televisivo y teatral; pero acá yo buscaba otro registro. Era un desafío difícil. Es una película musical y siempre quise que ése músico tenga impronta verdadera, sin playback, ni doblaje para que puedas creerte al personaje. Quería que el público al verlo diga “Este tipo hace tributo de verdad”. No que vean a Mike actor, sino a Mario. En este sentido, creo que la elección fue correcta porque se logró eso. Él entiende la música y complementa esta veta musical.

¿Durante las escenas finales siempre canta en vivo?

Si, no está tocado en post-producción. La estética realista la definí de entrada. No quería retoques ni que suene perfecto, había que respetar un verosímil. Mi propuesta fue: cantá. Si desafinas, ¡vamos de nuevo!, pero considerar el error también es otra forma de contar. La película, le guste a quien le guste, es realista. Respeté los códigos que tiene un cantante tributo de verdad.

Ahora que mencionas los códigos, hay una frase muy presente en Mario donde ofrece un caramelo cual efecto retórico. ¿A qué apunta?

Bueno, ese detalle muy de guión es lo que se va sembrando durante toda la película. Habla un poco de lo porfiado del personaje, que está toda la película ofreciéndole al hijo un caramelo, y cuando el hijo se lo pide, él no tiene. El caramelo funciona como metáfora de aceptación del padre a través de un gesto. Justamente hay una escena donde el hijo replica su actitud cuando le ofrece un caramelo a su mamá. En esa representación, el caramelo está hablando del padre. Exige al espectador que esté activo, lo conmueve. No es un monologo, se construye con el correr de las escenas.

O sea, en este sentido el caramelo, considerando que es una comedia dramática, también podría pensárselo como que denota ansiedad y, al mismo tiempo, endulza la vida de Mario…

¡Es genial que lo veas así! Tiene varias funciones. Es como hablar del tiempo en el ascensor. Y ahora que mencionas el tema de los caramelos hay algo que quizás no se notó en la película: esos caramelos jamás los compró Mario; eran de degustación. La realidad del tipo es que no tiene ni guita para comprar un caramelo pero se siente orgulloso porque son nuevos y no están en el mercado. Es como decir “Sólo yo puedo darte estos caramelos”, ¡y es genial!

¿Estás conforme con el resultado final?

Cuesta ver la película de uno y decir que está buena. Lo que uno termina haciendo es lo que está bien, lo ves muy bien; y lo que está mal, lo ves muy mal. Hice lo mejor que pude en ese momento. Tardé seis meses escribiendo el guión, ocho horas por día. Después lo compartí con mis colegas y tuve devoluciones. Lo dejé reposar… Hice reescrituras y entre cosa y cosa pasó un año. Creo que uno siempre cambiaría algo pero me gusta la versión que quedó.

© Luciana Calbosa, 2017 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Google+0Pin on Pinterest0
Libria-Banner

© A SALA LLENA.