03.11.16
Cine _ Entrevistas

Entrevista a Petr Václav

Se estrenó en nuestro país la película Zaneta, que muestra las dificultades diarias que enfrenta la comunidad gitana en República Checa. A Sala Llena tuvo la oportunidad de sentarse con su director, Petr Václav, realizador multi-premiado de films como Marian (1996, ganadora del Leopardo de Plata en el Festival de Cine de Locarno) y Nunca estamos solos (2016, ganadora del Tagesspiegel Readers’ Jury Award en el Festival de Cine de Berlín).

Usted empezó como realizador de documentales y ahora rueda ficciones. ¿Hay diferencias entre ambas modalidades?

No creo que haya documentales, por un lado, y ficciones, por el otro. Sólo hay cine. No me interesan las fronteras.

A menudo trabaja con actores sin formación profesional. ¿Qué le aportan a sus películas?

No hago cine sólo con actores no profesionales. Sin embargo, no existían actores profesionales que pudieran interpretar los personajes de Zaneta, así que busqué entre la comunidad gitana. Fue fascinante: ellos no construyen sus personajes como lo haría un actor tradicional, sino que aportan sus sentimientos, sus vidas. Es muy interesante como forma de filmar y como experiencia humana.

¿Qué diferencias hay entre trabajar con actores profesionales y con los que no lo son?

Casi ninguna. En ambos casos, leés el guión con el actor, cada uno comparte su punto de vista, dice qué cambiaría o qué haría distinto y luego se modifican algunas líneas. Pero es cierto que los no profesionales influyen más en la historia y en los diálogos.

¿Cómo y por qué elige los temas de sus películas?

Antes de hacer Zaneta, no quería emprender un proyecto de esas características. Estaba en Italia, con otras cosas. Pero era preocupante la situación sociopolítica en la República Checa. Yo esperaba que alguien escribiera algo, pero nadie lo hacía. Así que un día me cansé y dije: “Está bien, voy a hacer esta película porque es necesaria”.

Cuando se estrenó Zaneta, ¿hubo alguna diferencia entre cómo reaccionó el público internacional y cómo lo hizo el checo?

Sí, obviamente. En la República Checa se interpretó como un film muy político, como un ataque a la sociedad checa, porque el público se vio reflejado como un país racista, hostil hacia los gitanos. Es un tema difícil y controvertido.

Ahora está preparando una película de ciencia ficción. Muchos autores del género dirían que toda ciencia ficción es en realidad sobre el presente. ¿Qué opina?

Sí, definitivamente. Mi película no será realmente de ciencia ficción. La acción ocurre en un mundo apenas distinto al nuestro. La gente dice: “Ya estamos viviendo en un presente de ciencia ficción”. Así que la trama del film no se apartará demasiado de nuestras emociones y experiencias actuales. También haré una película ambientada en la Italia del siglo XVIII. Me interesan muchas cosas. Tal vez las vincule alguna misma preocupación o temática, pero creo que uno no debe hacer siempre lo mismo. Me encanta tener la oportunidad de hacer una película de época en italiano, otra de ciencia ficción en inglés y otra contemporánea en Francia.

Ser un director checo que vive en Francia, ¿afectó de alguna manera su visión del mundo?

Creo que sí. Ahora el mundo es tan pequeño, gracias a Internet. Todo está tan mezclado. Lo que más quiero hacer es una obra cosmopolita, pero es difícil, porque tenés que entender muy bien tu tema y la sociedad que retratás. Un fotógrafo o un pintor puede cambiar de país fácilmente. Pero si escribís guiones, es más complicado.

¿Hay algún aspecto de Zaneta que no alcance a entender el público internacional?

Sí, los acentos. La comunidad romaní empezó a llegar a la República Checa recién después de la Segunda Guerra. Así que, por ejemplo, el padre de Zaneta habla checo con cierto acento, porque además de gitano es inmigrante. Eso no lo notarán quienes no sean checos o eslovacos.

Su carrera empezó en los noventa. ¿Cómo han cambiado las formas de producir y distribuir cine desde entonces?

Todo cambió. Puede que seamos los últimos seres humanos y que hayamos entrado en una nueva era post-humana. En cuanto al cine, la tecnología digital nos da la posibilidad de filmar con presupuestos más humildes. Al mismo tiempo, no sabemos hasta cuándo sobrevivirán nuestras películas. Nadie sabe cómo y cuántas se conservarán en 20 años. No sabemos cuál será el destino de los films digitales ni hacia dónde nos dirigimos como cineastas. Es terrible y emocionante al mismo tiempo.

¿Cómo es volver a trabajar con los mismos actores?

Desde que se estrenó Zaneta, hice dos películas más con la misma actriz principal, Klaudia Dudová. Ahora somos amigos, pero cuando rodamos Zaneta todavía no nos conocíamos y fue difícil al principio, porque los gitanos no confían en un hombre blanco, no saben cuáles pueden ser sus intenciones. Hasta que nos hicimos amigos y descubrimos que podíamos seguir trabajando juntos. Los actores que encontré para Zaneta hoy son profesionales. Ya actuaron en varios films y podrían hacer más, para otros directores.

El hecho de ser alguien externo a la comunidad gitana, ¿afectó el contenido de sus films?

No sé si lo afectó. Se trata de tener empatía, de entender realidades distintas a las que uno está acostumbrado. Yo quería meterme en la piel de Zaneta, entenderla y que ella me entendiera. Los gitanos tienen buenas razones para odiar a la sociedad checa. Pero cuando hablás con ellos y les mostrás que no querés lastimarlos, que tenés la mente abierta, entonces te abren la puerta.

Guido Pellegrini | @beaucine

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