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Entrevista a Sebastián Caulier, director de El Corral

En La Inocencia de la Araña (2011), Sebastián Caulier demostró una capacidad de adentrarse en el costado menos visible de la psiquis de la gente joven. El Corral (2017) es otra buena muestra de sus preocupaciones. Esto es lo que Sebastián reveló para ASL.

Tu ópera prima fue La Inocencia de la Araña, en donde se presenta a jóvenes con oscuras intenciones. Incluso en tu corto Los Extraños, de Historias Breves, ya había un personaje tenebroso. El Corral sigue la misma premisa, lo que denominaste “el lado b de la adolescencia”. ¿De dónde viene tu preocupación por estos temas?

Me viene muy naturalmente porque el lado B es el único que conozco, entonces es lo que me sale escribir. Realmente me costaría contar la adolescencia desde el lado A, porque a ese lado nunca lo viví, solo me lo contaron. Al margen de esto, también me incentiva un poco patear el tablero de todo lo que se suele decir sobre la adolescencia. Eso de que es la edad más hermosa de la vida, los años maravillosos, y todos esos discursos elaborados e instalados desde una perspectiva adulta que nos quiere vender la nostalgia en frasquitos. Recuerdo que cuando era adolescente miraba Dawson’s Creek y sentía que mi vida no era tan intensa y maravillosa como la de los chicos de la serie (ciertamente no lo era). Me acuerdo de sentir la presión de no estar aprovechando tanto como debía “los mejores años de mi vida”, y eso me frustraba. Sentía como una obligación de ser feliz y generar futuros recuerdos llenos de nostalgia. Tal vez si no me decían todo el tiempo desde el cine, la tele y los libros que esa era la mejor etapa de la vida, no iba a sentir esa presión de que lo fuera y hubiera estado un poco más relajado. Hacen falta más películas que digan que esos años son una mierda y que lo mejor viene después. No es que crea exactamente eso, pero vendría bien aunque sea para compensar todas las otras.

Una vez más, trabajás como Daniel Werner en la producción. ¿Cómo fue el proceso de concretar esta nueva película?

En la anterior película éramos chicos y operaprimistas, había un montón de cosas que no sabíamos y la hicimos por segunda vía del INCAA. Con ésta ya estábamos más grandes, teníamos varias cosas más en claro y la hicimos por primera vía, lo que significó más presupuesto y, por ende, la posibilidad de trabajar menos ajustados. Como en términos de producción la película es muy similar a La Inocencia… (Formosa, un colegio, uniformes), nos sirvió el ya contar con todo el trabajo que habíamos hecho para esa película: contactos, locaciones, etcétera. Creo que aprendimos bastante de los errores que cometimos con la anterior y en esta pudimos aprovechar mucho mejor nuestras respectivas capacidades. Esperemos en la tercera funcionar aún mejor. Porque de eso se trata: hacer, equivocarse, aprender de los errores y volver a hacer pero mejor.

¿Cómo fue el proceso de escritura del guión?

Fue caótico y muy interrumpido. Lamentablemente no soy para nada metódico a la hora de escribir, sino más bien todo lo contrario. Empiezo cinco guiones al mismo tiempo, abandono uno, sigo con otro, vuelvo al anterior. No lo recomiendo para nada, esa dispersión es una de mis grandes falencias y es algo que trato de combatir por todos los medios. Esta película no fue la excepción. Empecé el guión cuando tenía veintiún años, lo abandoné por muchísimo tiempo y lo retomé cuando ya estaba estrenando La inocencia de la araña. Más que retomarlo, lo empecé de cero. Ahí tuve varias idas y venidas, amagues de abandonarlo, etcétera. Escribir un guión no es solo tiempo de sentarse a escribir: es todo un proceso de investigación de los personajes y la historia que jamás es lineal y que puede llegar a ser mucho más caótico de lo que uno piensa.

Dijiste que para La Inocencia de la Araña fue crucial la influencia de La Mala Semilla. En este caso, ¿cuáles fueron tus principales referentes? Pienso en el caso Leopold-Loeb, por ejemplo.

No me apoyé en ninguna referencia concreta en el momento de escribir, pero cuando estaba en el proceso de ensayos con los actores me di cuenta que la película tenia mucho de El Ángel Malvado (The Good Son, 1993), con Elijah Wood y Macaulay Culkin; una película que me había gustado mucho de chico. Me di cuenta de que la encrucijada moral del personaje es más o menos la misma. Me gusta esto de que todas las películas y directores que me marcaron en la vida impregnen lo que hago sin que yo sea consciente. Es como el idioma que uno habla, algo que está ahí aunque no se piense en él. Más que influencias o referencias, yo llamo a todo ese bagaje mi ADN cinematográfico.

En la película trabajaste con la directora de casting y coach María Laura Berch, que se especializó en el trabajo con menores. ¿Cómo fue la colaboración entre ambos a la hora de dar con los protagonistas?

Primero hicimos una convocatoria abierta a chicos de entre 16 y 18 años. Ella tomaba los castings y después yo iba a su estudio a ver los videos. En base a esos primeros videos, hicimos una preselección y empezamos a llamar a callbacks para probar distintas duplas. Así llegamos a los dos protagonistas. La visión de ella sobre los personajes fue clave en mi elección final de la dupla protagonista. Ella también estuvo presente como coach durante todo el proceso de ensayos y los cuatro fuimos definiendo y redefiniendo a los personajes. El proceso de ensayo fue una de las cosas que más disfruté de hacer la película. Aprendí mucho de ver cómo a través de las distintas modificaciones en la curva dramática de los personajes se puede reescribir todo el argumento, sin cambiar una sola letra del guión. El personaje de Gastón, por ejemplo, cambió completamente durante el proceso de ensayos. Yo lo había concebido como un psicópata absolutamente frío y calculador, y terminamos encontrándole un costado de fragilidad que lo hizo mucho más interesante.

Como a tus obras anteriores, filmaste en tu Formosa natal. ¿Cómo fue esta nueva experiencia rodando allí?

En primer lugar, ¡calurosa! Por disponibilidad del colegio y de los chicos, una vez más filmamos en verano, con temperatura que a veces superaban los 45 grados. Más allá de eso, filmar en Formosa para mí es muy divertido, porque es ver los escenarios de mi infancia convertidos en un set de filmación y a mi familia y amigos en extras. Para mí es como un juego en el participa toda la gente que me conoce desde que nací. Un juego enorme que abarca a toda la ciudad. Todo el mundo quiere participar, aportando una locación, un mueble o apareciendo de extra. Se genera algo de festividad en la ciudad. Es eso, sobretodo algo muy divertido. Me siento en casa, literalmente.

Según dijiste, la Inocencia… y El Corral forman parte de una trilogía. ¿Qué podés adelantar de la tercera oscuridad juvenil?

Va a haber una tercera película que cerrará la trilogía de los colegios, pero antes me voy a tomar un recreo de la temática y voy a filmar otra cosa completamente distinta. Mi próximo proyecto es una película de terror psicológico, transcurre acá en Buenos Aires y está protagonizada por un adulto. Aún así, vuelve a aparecer una escuela como escenario. Muy poquito, pero aparece. Así que tan distinta tal vez no sea.

© Matías Orta, 2017 | orta@asalallena.com.ar | @matiasorta

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