23.09.17
Cine _ Entrevistas

Entrevista a Sofía Gala Castiglione

La actriz despertó polémica al deslizar por Twitter “Prefiero ser puta antes que moza”. Lo hizo en el marco de la presentación de Alanis (2017), la película que protagoniza junto a su hijo Dante, dirigida por Anahí Berneri cuyo stanley fue censurado por algunos cines del país por retratar el momento en que amamanta al hijo. Hablamos en exclusiva con la protagonista de esta historia que, indudablemente, es influencer.

Alanis es una mujer que trabaja de prostituta ¿Cómo preparaste el personaje?

La película es densa y cruda, pero el proceso fue todo lo contrario. Fue natural. Nunca hago mucho trabajo de campo ni investigo la realidad de mis personajes, salvo por lo técnico o el léxico que puedan llevar. Como por ejemplo, un abogado. Pero en este caso, es una puta. Traté de crearla a partir como vibro su energía.

En este caso compartís la edad de Alanis y ambas son madres ¿Cómo viviste esa energía en esta historia que te tocó estar con Dante, tu hijo?

¡Fue hermoso! Es increíble poder compartir mi espacio de trabajo con él, y encima el rodaje. Mi hijo es súper histriónico y se sintió súper, como todo el tiempo con Anahí. Yo jamás haría algo que lo perjudique, ella trabajó mucho tiempo con niños en otras películas y sabe de qué manera tratarlos para que se sientan bien y él la paso bárbaro. ¡Es más! Ahora habla y dice: “Hice una película con mi mama”. A mí me llena de felicidad. Además, sabe que nos vamos a ir a un festival de cine a presentar nuestra película. ¡Me gusta llevarlo!

Actualmente haces cine y teatro. ¿Cómo concebís estos universos?

Son dos canales de expresión distintos: El teatro es más expresivo, físico, corporal y de repetición e implica encontrar lo nuevo en lo mismo; todo el tiempo en el trabajo de ensayo. En cambio, el cine es un proceso irrepetible, mucho menos expresivo pero más natural. Hay cero repetición: es ahí, y si no ¡ya fue! Es contar en un mes una historia. Es un momento.

Recién definiste el cine como un instante más natural e irrepetible. A la hora de aceptar los personajes cuando recibís el guión, ¿en qué te basas para aceptar el protagónico? Es bien egoísta mi pensamiento. Principalmente, me baso en poder terminar de leerlo porque si me aburre leer la primera pagina, ¡imaginate hacerlo! En general, no me baso en la historia ni si la película va a ser comercial, o no, tampoco en los demás actores del elenco. Siempre que elijo los papeles lo hago según lo que tenga ese personaje para ofrecerme a mí y yo a él. Siempre pienso si va a servirme emocionalmente vivir ese proceso que se espera en el rodaje y, a partir de ahí, como experiencia personal para crecer.

La impronta del film enfatiza en el cuerpo de Alanis y cómo este en constantes escenas pasa de estar en plena actividad sexual con sus clientes a amamantar a su hijo ¿Cómo vivís este contraste?

Me impacta como desdobla su cuerpo en herramienta profesional y, al mismo tiempo, su verdadera sexualidad que en este caso es su hijo. Entendiendo sexualidad como amor. Ella siente amor cuando amamanta, no cuando se coge. Es muy fuerte el mensaje porque no la pasa bien cada vez que se la cogen. En la escena que vemos cómo padece su cliente; lo que le jode no es su laburo sino que el chabón esta re duro, no le acaba, la van a cagar a trompadas las bolivianas que la persiguen y hace tres días que vive esa situación. ¡Está harta! Pero Alanis quiere ser puta, nadie la obligó. Esta consciente que su cuerpo es una herramienta de trabajo y en ese contraste que vemos cuando llega a su casa le pasa lo mismo que a todos cuando llegamos de trabajar: ¿Qué es lo que queremos? ¡Conectarnos con nosotros mismos! Alanis quiere conectarse con su verdadero amor; su hijo; el motivo que la hace salir a trabajar.

Dijiste que elegís tus personajes por la retroalimentación que genera interpretarlos. ¿En qué sentís que te ayudó encarnar a Alanis?

¡Me encanta esa pregunta! Me cuesta mucho ver la peli porque veo a mi hijo en esa situación y lloro. Me identifico con Alanis porque cuando hago una película, interpreto la visión de otra persona y eso siempre lo tengo claro. Soy un instrumento del director y entrego todo de mí para interpretar su historia. Yo no soy directora ni tengo idea de cómo contar esta historia, entonces jamás iría a decirle que no me gusta determinado plano estético ni quisiera intervenir en el proceso de armado porque mi función ahí es darle vida a esta mujer que Anahí imaginó. Cuando termina mi trabajo, ya no tiene más nada que ver conmigo la película. No es mi cuento ni soy un personaje. Soy Sofía.

Recién mencionaste los planos estéticos. ¿Qué significa para vos la estética?

La naturalidad de las cosas. A mí me interesa muy poco como pueda quedar mi cuerpo ante las cámaras y sospecho de los actores que sobreponen eso ante un trabajo. No me obsesiona mi cuerpo, yo tengo rollos celulitis, papada. ¡Soy así y lo acepto! No me molesta filmar una escena en que salgo desnuda; caminando. Es más, cuando hice Alanis tenia varios kilos de más, acababa de ser mamá y tenía las tetas llenas de leche; estaba con esa cosa lechosa que les queda a las mujeres cuando apenas tienen a su hijo y si bien hoy no me veo en mi mejor momento de cuerpo, no me importa. El cuerpo es una ropa más y tiene modas. Una mujer con curvas desnuda y sin posar, caminando, es mucho más atractiva que una mina chata. Hay una determinada naturalidad en la desnudez que te vende una supuesta estética ficticia.

Si tuvieses que definir tu profesión en una palabra que no sea actriz, ¿cuál sería? Catarsis. Es lo único que se hacer. Mi trabajo es poder expresar la cantidad de cosas que entran en mi corazón y mi mente super ciclotímica y que me paguen para hacer algo que me transforma emocionalmente y encima te cura la cabeza es hermoso. Para mí, no es una terapia porque no tengo la subjetividad del otro. Es mucho más que eso. Es poder largar un montón de sensaciones y sentimientos que tengo dentro de mí y que no se adaptan a nada. A veces es muy loco pero estoy sentada en casa y me entran en la cabeza mil sentimientos: felicidad, tristeza, ganas de llorar; romper cosas; reírme; matarme; pegarme un tiro; suicidarme; volver a vivir; renacer, ¿entendes? Y me miro y estoy así, sentada. Y no me está pasando nada más que un exceso de sensaciones. Mi trabajo me ayuda a darle un contexto a una historia que no es la mía y poder sacar cosas de mí.

¿Por eso, justamente, elegís bien el guión?

¡Exacto! No espero ser Woody Allen. Si empiezo un trabajo, lo termino. Concensuamos tiempos pero me tiene que dejar avanzar y crecer a mi. En este momento la obra La Empresa siempre Perdona, que hago los viernes a las 18 hs. en el teatro Tiglado. Soy una psicóloga que cura a un obrero que enloqueció; tuvo un brote de locura y rompió toda la máquinaria de la empresa. Es un choque de mambos total porque estoy ayudando a la empresa, no a la persona. Me divierte mi trabajo.

© Luciana Calbosa, 2017 | @LulyCalbosa

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