18.07.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Adrián Biniez, director de Las olas

Después de Gigante y El 5 de Talleres, Adrián Biniez regresa con Las olas. Volvimos a entrevistarlos y nos contó detalles de la película, de sus ganas de hacer más films en su Remedios de Escalada natal (actualmente reside en Montevideo), sus nuevos proyectos y su pasión por el cine.

¿Cómo surgió la idea de la película?

Después de El 5 de Talleres, quería hacer algo distinto (como cuando hice Gigante), y tenía unas ideas anotadas. Una era sobre un flaco que nadaba en el agua. Era una línea, no mucho más: un tipo que nadaba y se metía en otras playas, en otros balnearios de otras épocas de su vida. A partir de ahí empecé a escribir. En realidad, después se me ocurrido otra idea y estaba por empezar a escribirla, y me hizo acordar a eso que ya tenía anotado. La idea nueva era sobre una mujer, con una familia, que salía de la casa, se iba caminando tipo cinco cuadras y entraba en otra casa, con otra familia y otra vida. Y la estructura era así, pero en tiempo presente. Entonces me acordé que la estructura era como la idea del nadador, que al principio se titulaba Las Playas. Dije: “Vamos a hacer ésta, que es la madre de lo que se me ocurrió después”, y empecé a escribir. Ya desde el principio pensé en Alfonso Tort como protagonista. Es amigo mío, lo conozco hace muchos años. Me lo imaginaba en la película, y sabía que si no hacía la película con él, no la hacía con nadie. Cuando ya sabés cómo habla, cuáles son sus modismos, después es difícil trabajar con otro actor.

Ya con la idea y con el actor, ¿cómo fue el proceso de escritura del guión, sobre todo a la hora de ensamblar todos los momentos a los que va volviendo el protagonista?

La carcasa ya era fantástica; el tono es entre absurdo y fantástico. Por ese lado ya sabía que me podía permitir muchísimas cosas. Quería que las escenas tuvieran un cambio de tono o de lo que pasaba, quería jugar con eso. A la película la filmamos en marzo y abril de 2016, y al guión lo había escrito en 2015. Fui retocándolo a medida que llegaba la producción. Como no hay un arco narrativo hiperclásico, a algunos episodios le fui buscando la vuelta y se fueron convirtiendo en otra cosa. Estuve así hasta antes de empezar a filmar.

Justamente el carácter fantástico de la película remite a las historias de autores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar. Las influencias literarias también se ven en los títulos de los segmentos, que remiten a títulos de libros clásicos. ¿Cómo fue que tomaste estas influencias y las plasmaste en la película?

La influencia por el lado de la literatura se fue decantando. También hay algo de John Cheever. A Cortázar no lo tengo tan leído, pero a Borges y a Bioy sí. Se fue dando un poco eso. El fantástico siempre me gustó, siempre escribí cosas así aunque nunca las terminé haciendo. Es raro, porque las películas que hice no tienen nada que ver, pero mi punto de partida era más eso, siempre. Y después está el cine. La película también es como una mezcla de géneros y me gustaba jugar con eso. Hay cosas más delirantes tipo Raúl Ruiz, por ejemplo, y tiene algo de película de los ’80. Y después el mundo de Julio Verne apareció porque es una literatura que frecuenté mucho de chico. No vuelvo a leer muchas cosas, pero a Verno lo releí. Para mí los episodios eran como islas. Para los uruguayos funcionaban como balnearios uruguayos reconocibles, pero para los demás pueden ser islas. Quería jugar con eso y quería agregarle la literatura de género. Quería que fuera reepisódica, sin un arco dramático definido.

El elemento fantástico diferencia a Las Olas de Gigante y de El 5 de Talleres, pero al mismo tiempo comparten temáticas, como la madurez y el replantearse cosas de la vida. ¿Cómo fuiste incorporando tus preocupaciones habituales en esta película?

Lo que me pasaba con esto es que yo sabía que tenía el elemento fantástico y me parecía renatural: el tipo que volvía a su pasado, a su cotidianeidad. Incluso a mí me cuesta analizar esta película. Hay cosas que tampoco sé por qué las hago. Me gustan y sé que tengo que ir por ahí y sé qué cosas no tienen que ir por ahí. Muchas veces es muy intuitivo. Se va dando, me sale natural. Me gustaba la idea de introducir lo fantástico en lo cotidiano, ahí estaba el juego. Sí, tiene elementos de El 5 de Talleres en un punto.

En cuanto al elenco, mencionaste a Alfondo Tort, el protagonista. Después también hay un elenco numeroso, que incluye a Julieta Zylberberg; los personajes con los que Alfonso se va encontrando. ¿Cómo armaste el elenco?

Con Julieta ya había trabajado en El 5 de Talleres y escribí pensando en ella. El resto del elenco, que es todo uruguayo, se fue armando de manera diferente. Algunos fueron por casting, a uno de los niños ya lo conocía, otro de los niños era alumno de las clases de actuación de Alfonso… Entonces dijimos: “Estos niños son divinos, laburan rebien, sabemos que pueden estar muy bien en la película, tenemos vínculo con los dos, juntémoslos y vemos qué sale”. Y tuvieron una química. A otros actores los vi en obras de teatro o en otras películas, con otros ya había trabajado… Fue algo muy heterogéneo. Y hay un actor que me encanta que apareció a último momento porque se pinchó otro (risas). Ese tipo de cosas que se fueron dando. El mundo de los niños fue algo aparte. Hay una escena que improvisamos en el momento, cuando están jugando con una especie de Teg. Habíamos terminado de filmar, nos quedaban cuatro o cinco horas y dijimos: “Vamos a filmar otra escena” y nos juntamos con los nenes y con el equipo y pensamos cómo hacerla. La ensayamos un par de veces, pero el diálogo y todo eso fue improvisado. Hay una frase que dice uno de los niños que dice que Kaluma es como Darth Vader pero sin traje (risas). Eso fue completamente improvisado por ellos. Son cosas relindas que aparezcan así de la nada. Igual creo que eso fue influenciado por los padres. Eran niños de entre 8 y 10 años. Al universo de Darth Vader lo conocen, pero lo heredan más de los padres. El padre de uno de ellos hizo un trabajo de mostrarle cómo era la década del ’80 (risas). Hubo escenas improvisadas y otras en las que se respetaba el guión. Fue muy heterogéneo.

A diferencia de las anteriores, en esta película trabajaste con un equipo técnico reducido. Además, filmaron mucho en exteriores, en playas, y con luz natural. ¿Cómo fue esa experiencia?

Eso estaba desde el vamos. Era parte de la idea de la película. Era la primera vez que hice eso: escribí el guión y ahí supe que el equipo debía ser chico. Que el modelo de producción fuera acorde a la película. Entonces había cosas que no me permitía ya desde el guión. Además, otras de las ideas era filmar con luz natural. Me encanta la luz del sol, el cielo nublado, y me dije que quería hacer una película así. La película fue armada un poco para eso también. Estoy abierto a todas las experiencias y puedo seguir rodando con equipos grandes (grandes para mí, no grandes para la industria), pero me doy cuenta de que los equipos chicos funcionan como un grupo de rock o algo así. Me gusta más. Me da mucho placer y se genera una dinámica diferente, que siento más afín. Le tengo cariño a eso tipo de cosas. Hay algo natural que me lleva a trabajar de esa manera. Éramos diez en total, incluido Alfonso, y después se sumaban los actores secundarios. El día que más gente hubo en el rodaje fuimos dieciséis. Cada vez pienso más sobre el modelo de producción de las películas. Tiendo a querer filmar más seguido, y me pasa que no sé si me fumo mucho esperar cuatro o cinco años para hacer una película. Trabajando con equipos chicos podés filmar más seguido.

Teniendo en cuenta esto que decís, contame sobre el cine en Uruguay. En su momento te pregunté cómo veías el cine uruguayo de esa época, hace tres años. Ahora te pregunto cómo lo ves ahora.

Yo creo que está más variado que nunca ahora. Creo que siempre digo lo mismo (risas). Este año hay como mucho operaprimista, lo cual está genial. Hay como cuatro o cinco películas que se filmaron este semestre, o que se están filmando, y eso es buenísimo. Después es como en todos lados: difícil pero no imposible. Pensá que allá somos tres millones y medio de habitantes, hay otro esquema. Y la “industria”… todavía acá estamos pensando si hay una industria, imaginate en Uruguay. Son esfuerzos individuales de diferente escala, apoyados por el estado (algunos sí, otros no). Pero hay ganas y se hacen cosas, y está buenísimo.

Contame de la secuencia animada de la película, durante los créditos iniciales.

La secuencia animada es algo que nunca había hecho. Cuando escribí el guión, supe que iba a haber una secuencia animada. Sabía en ese momento cómo iba a ser: el muñequito como el de Sugus (risas) y alguien que se desplazaba en negro. Nos juntamos con el animador, que hizo un trabajo hermoso, pero la idea estaba desde el vamos. Después, pegarlo después de que Alfonso se tira al agua surgió durante la edición. Es muy linda la animación y establece el tono de la película.

¿Es posible hablar de próximos proyectos? ¿Algo más próximo, o al menos en desarrollo?

Aunque ahora estemos haciendo el lanzamiento acá de Las olas (en Montevideo se estrenó hace alrededor de un mes), ahora estoy editando una serie que filmamos con Pablo Stoll. La hicimos en verano y se llama Todos detrás de Momo. Una comedia policial en el ámbito de las murgas, con un policía que se infiltra en una murga. También es musical. En este momento estamos con eso. Lo de la presentación de la película es un impasse (risas). Había dejado un poco Las olas y este año estuve abocado a la serie. Son diez capítulos y la hicimos para la televisión pública uruguaya. Calculamos que se va a estrenar este último trimestre del año, o el año que viene. Después esperamos que tenga otra vida y se vea aquí y en otros lados.

¿Cómo fue pasar del cine a hacer una serie?

(risas) No sé. Nosotros habíamos escrito la serie hace diez años con Carlos Tanco, el coguionista. Después nos dimos cuenta de que iba a ser imposible conseguir el dinero para hacerla en Uruguay y la descartamos. Hace un año y medio surgió un concurso nuevo de la televisión pública y de ciertos organismos. Participamos y ganamos. Reescribimos mucho el guión original, solo conservamos el corazón de la serie y de lo que trata, pero después creamos otros personajes y otras situaciones. Filmamos los diez capítulos en, no sé, cincuenta días. Y es otro mundo. Había escrito una serie hace como quince años, cuando me vino a vivir a Uruguay, pero nunca había filmado una. Es como que te perdés más que con una película, porque a veces estás filmando algo y no te acordás mucho lo que viene antes y lo que va después (risas). Encima lo filmamos como una película, no por capítulo, según la disponibilidad de la locación. Teníamos que estar hiperconcentrados. El equipo, increíble. Con Pablo filmamos casi el ochenta por ciento juntos, y por momentos nos dividíamos en unidades pequeñas, pero siempre estábamos juntos. Estuvo buenísimo. Después tengo cosas de cine, pero estoy escribiendo.

¿Volverías a filmar en Argentina, más precisamente en Remedios de Escalada?

Sí. No se me ocurre qué, pero siempre tengo ganas de filmar en Escalada. Una vez había dicho que quería hacer una trilogía de Escalada, pero nunca lo hice (risas). Pero sonaba lindo y me daban ganas de filmar el puente y ciertas cosas. Es un anhelo más que una idea. Por ahora pienso más en cómo filmar en Uruguay. Las olas también fue tipo: “Estoy en Uruguay, estoy instalado acá…”. A El 5 de Talleres la filmé acá porque pensé que nunca iba a poder filmar una película en Argentina. Pero sí, me encantaría filmar en Escalada. Después estoy escribiendo un thriller que sucede en Colonia de Sacramento, acá enfrente. En eso estoy más enfocado ahora. Me faltan unas páginas para terminarlo. No sé si va a ser la próxima película, pero le estoy metiendo toda la energía al mismo tiempo que la edición de la serie. También estuve haciendo un documental durante unos años sobre un amigo. Y estoy con un proyecto de filmar una película a fin de año, más estilo guerrilla. Estoy con Nico Soto, el director de fotografía de Las olas y de la serie. Nos dijimos: “Che, que no sea lo único que hagamos en el año”. Dijimos que teníamos cámara, luces, y con dos actores ya podíamos tener algo. Estamos en eso. También es un equipo reducido. Me pasa que aprendo o encuentro más cosas filmando. Es una pelotudez lo que digo, pero es real. Y no es lo mismo filmar un corto que un largo. Pero son cosas personales. Hay gente que filma cada cuatro años, es un proceso interno. Yo por mí filmaría tres o cuatro películas por año. Qué sé yo, no sé cómo saldrán (risas). Pero bueno, nunca sabés. Es más una cuestión interna y de necesidad. Estoy tratando de ir hacia ahí. No sé cómo, muy intuitivamente, sin un mango, pero tratar de filmar. Miro otras películas, investigo mucho, diferentes directores, modelos de producción, veo lo que se puede hacer… Hay una red de amigos, hay modelos de producción que se pueden imitar… Estoy con eso. Quiero filmar más seguido. Y me pasa que en vez de pensar en películas más grandes, pienso en más chicas. Debería ser al revés (risas), pero no me sale.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

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