03.10.19
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Carlos Ameglio, director de “Porno para principiantes”

Carlos Ameglio es el director de Porno para princicipiantes, una comedia de corte buddy movie ambientada en la Montevideo de la década de 1980.Hablamos de las influencias, de la ambientación de época, del tratamiento fotográfico de su nueva película pero también de los problemas de la distribución actual para las películas de presupuesto medio, de la cinefilia uruguaya y otros temas en una extensa charla de cine. 

¿Cómo surgió la idea de Porno para principiantes?

La idea nació de otro guión que estaba escribiendo, basado en una novela pero finalmente cambié toda la historia y me quedé con los personajes, que podrían haber sido parte de una movida de los 80 en Montevideo pero no, no existió una escena del porno en Uruguay. En esa época se hacían muchas cosas para Europa, casi toda la “industria” uruguaya audiovisual estaba dirigida a la producción internacional. Siempre pensé que hubiera sido más divertido que filmáramos porno en vez de publicidades o cosas por el estilo para otros países (risas). La escena porno de Montevideo que se ve está creada dramáticamente para la película, de todos modos hubo algunos intentos de hacer porno en el país. Esa época estaba marcada por la Cinemateca y por el videoclub, era más divertido esto último. La Cinemateca representaba más el status quo, el Festival de Cannes y esas cosas de las que nos burlábamos un poco (risas). En esa época los videoclubes tenían copias de películas que alguien en Estados Unidos grababa del cable, no había derecho de autor ni nada parecido. Mi generación es más de la publicidad, yo rápidamente me inserté en ese mundo. No hacíamos películas pero teníamos un entrenamiento muy importante porque manejábamos equipos de última generación, incluso en el manejo de efectos especiales. 

¿Te planteaste algún límite  a la hora de hacer un humor en esta película?

Lo que busqué hacer era algo más americano, en el sentido de que podíamos ir bien arriba con los diálogos sin límites pero no tanto para lo que se podía mostrar porque la idea era hacer una comedia mainstream. Quería mantener cierta fineza en la historia, más allá de que es una comedia para un gran público. 

La película tiene una estructura de buddy movie 

Sí, la pensé como una buddy movie. Todo el elenco y el equipo técnico son mis primeras opciones, eso es fantástico, es decir si la película no es buena es culpa mía (risas). Una de mis ideas fue pensar a Nico Furtado en un personaje que se saliera de su zona de confort, al estilo Brad Pitt en Quémese después de leerse (Burn After Reading, 2008) de los Coen. Me interesa mucho la presencia de Martín (Piroyansky) como alguien del cine pero que viene de la televisión. En el fondo, en la historia el más intelectual es el menos creativo.  La película es muy dual, por la idea de la película original de James Whale, La novia de Frankestein (Bride of Frankestein, 1935). 

¿Qué influencias trabajaste para pensar tu película?

Hay una película que se llama Viviendo en el olvido (Living in Oblivion, 1995) con Steve Buscemi que si bien no es una comedia hay algo aquí sobre el mundo del cine que me interesaba. Formalmente si se fijan están todos los ejes al revés pero después coreográficamente las tomas se acomodan, esto que es un poco técnico funciona muy bien para tener una idea de las perspectivas.  También me gusta mantener una atmósfera teatral, por eso es que pensé en las películas de 1930, como las de Whale. 

¿Cómo se trabajó la ambientación de época?

En Uruguay mirábamos mucho lo que pasaba en Checoslovaquia o en Rumania porque había un clima depresivo muy similar al de esos lugares (risas). Desde la fotografía el trabajo fue muy arduo; mandé a rearmar unos lentes que eran de Sergio Leone, hay también otros accesorios de Zama que usó Lucrecia Martel, fue una combinación de elementos muy modernos con cosas muy viejas. Lo pensamos en función del protagonista, que es un director amateur. Quería una puesta teatral muy del 30, donde las cámaras siempre estaban al nivel del público sin ángulos raros ni nada parecido, a la vez tenía que verse como algo extraño. Lo mismo con la banda de sonido, quisimos reproducir de alguna manera los spots políticos de la época. De vuelta a la fotografía, el foquista se volvió loco porque trabajó con rangos enormes. 

Daniel Araoz suele interpretar papeles de personajes border, entre la comicidad y la máxima tensión. ¿Cómo trabajaste con él? 

Cuando había ganado un premio en el Festival de Biarritz pensé que no iba a aceptar el papel pero me llamó y me dijo “Carlitos, es espectacular esto” (imitándolo). Creo que en este tipo de películas el tono lo define el malo. Daniel tiene una cualidad especial; te da miedo pero al mismo tiempo es muy gracioso. Entendió muy bien su personaje, me dice un día: “Este tipo es como un chimpancé” (risas), trabajó mucho físicamente su papel pero también en términos teatrales en el uso de la voz. Tanto él como Martín (Piroyansky) son directores, saben qué podés buscar o necesitar para que los papeles funcionen.  

Hay otra película detrás de Porno para principiantes, ¿cómo trabajaste eso?

Sí, es verdad. Tuve una idea al principio de que el protagonista fuera muy fanático de Pasolini, por ejemplo, y que la película que tenían planeada hacer tuviera un corte de festival. Luego surgió lo de La novia de Frankestein y me pareció mejor porque todo el mundo conecta con Frankestein, al menos lo conocen. La película detrás de la película está pero si el público no alcanza a advertir eso tiene de todos modos una comedia divertida, la cual está en un primer plano. 

En general las comedias tienen un tratamiento fotográfico bastante neutro, incluso las más mainstream de Hollywood

Sucede que el lenguaje americano trabaja con multicámaras, cuando hay una comedia graban con una grúa y a tres cámaras por lo tanto necesitan que la luz esté más plana. Eso es muy bueno para que los actores improvisen pero no para pensar en una estética fotográfica particular. En Porno para principiantes el asistente de dirección y el continuista se volvieron locos porque yo grabé como si estuviéramos trabajando con multicámaras pero con una cámara sola. Esto da una sensación de que los actores improvisaron mucho pero en realidad no. 

La película se estrena el mismo día que Joker, ¿qué expectativas tenés en función del público que pueda recibir Porno para principiantes?

 Me dicen que nuestra película es para un público joven, entre 18 y 40 años. Sinceramente, creo que nadie tiene la más remota idea de lo que pueda pasar con una película. También me dicen: “Mirá este es un momento muy político”, como algo malo, pero yo pienso que una comedia puede funcionar muy bien en el medio de unas elecciones. Si pensamos así, la verdad nunca hay un momento para estrenar, ya no lo hay porque siempre hay un tanque que te espera. Me encantaría ver qué pasa con esta película, en un preestreno no se puede dilucidar demasiado porque van amigos, el equipo técnico, etc. Yo iría a ver Porno para principiantes en vez de Joker (risas).

¿Cómo recibe el público uruguayo a sus propias películas?

El público uruguayo es muy particular, muy feroz para las críticas. Si una película ganó, por ejemplo, en Berlín mejor no lo digas porque ya empezás mal en Uruguay (risas). Por eso creo que Porno para principiantes es como un regreso al cine de los 80, al de directores como Zemeckis, Carpenter en el sentido de la aventura. Se tiene más respeto intelectual por esas películas que por el cine de Lisandro Alonso, que ya sabés lo que va a pasar: el personaje va a estar dando vueltas por ocho minutos, va a tener un final asimétrico, etc. El público en el medio se va a comprar maní con chocolate (risas), en serio no hay un gran respeto por un cine que se cree prestigioso, no puedo saber si está mal o no pero así funciona en Uruguay el público. 

¿Y qué sucede en Uruguay con micro fenómenos como La noche de 12 años o con el cine de Fede Álvarez que tiene ya una filmografía en Hollywood? 

El mundo de Fede Álvarez es Hollywood, sus cortos eran sobre Star Wars. Es de una generación diferente a la mía, él es el tipo perfecto para esa industria, lo mismo su director de fotografía y su guionista que conforman un grupo abroquelado para trabajar allá. Hay una situación muy típica de Uruguay, cuando él sube su corto Ataque de pánico un par de días después ya lo estaban llamando los hermanos Weinstein, Raimi y medio Hollywood pero cuando se presentó en el festival de Piriápolis quedó afuera de la selección (risas). 

 Uruguay parece que tenía una cinefilia más nutrida que la Argentina, a pesar de tener mucha menos películas propias en comparación

Sí, la Cinemateca durante la dictadura uruguaya se mantuvo, teníamos siete salas con todos los ciclos de películas que se te ocurran por un monto pequeño que pagábamos mensualmente. Manolo Martínez (el coordinador de la Cinemateca Uruguaya entre 1978 y 2005) conseguía los guiones de las películas y muchas veces leíamos los guiones antes porque venían películas rusas, por ejemplo, sin subtítulos  y ya sabíamos lo que pasaba en la historia antes de verlas (risas). Le teníamos poco respeto a lo que sucedía en Argentina, con las producciones de Olmedo y Pórcel pero tampoco es para algo jactarse (risas). La primera película a la que prestamos atención fue a La película del rey de Carlos Sorín.

Cada vez hay menos películas de presupuesto medio que se estrenan en salas, ¿en dónde crees que radica el problema de la crisis de la distribución actual?

Creo que lo de Joker es una batalla cultural perdida, no solo fue al Festival de Venecia sino que ganó. El futuro del cine en sala va a ser como el Cirque du soleil, es decir destinada a espectáculos. Creo que gran parte del dinero ya no está en el cine sino en la televisión, no es algo que crea que está mal pero sí estamos conviviendo con un solo tipo de cine que parece funcionar. El sistema actual hoy es la película grande en la que te podés meter y te convertís en un elemento más de una gran fábrica o es la película ultra independiente. A mi generación nunca le interesó  mucho los festivales, discutíamos películas pero sin saber si había ganado acá o allá porque no nos importaba de verdad, de todos modos que Joker haya obtenido el máximo galardón de un festival que se dice prestigioso es la confirmación de los tiempos que vivimos. La discusión también que se dio en Venecia sobre Roman Polanski te demuestra que el cine está en un segundo lugar. Además los festivales siguen con esa dinámica de: “No te preocupes, estas películas pequeñas se van a seguir haciendo y nosotros las vamos a proyectar”.  Te doy un ejemplo, Lucía Garibaldi ganó en Sundance el premio a mejor directora por Los tiburones, cuando la película se estrenó en Uruguay no la fue a ver nadie, lamentablemente. No significa absolutamente nada ganar en un festival a esta altura, yo creo que le viene bien a la industria que existan los festivales porque te dicen: “Andá hablá un poco mientras te tomás un vino con un cartelito colgando y no nos jodas a nosotros que tenemos las salas”. 

Las salas de cine parecen ser ya un espacio para vivir solo una experiencia y no tanto para ver películas

Pero fijate lo que sucede con la televisión, de la que tanto nos quejamos, ¿cuántos directores que hace años que no trabajaban ahora van y hacen cosas mucho más interesantes que los directores de la industria? El cine tiene una pacatería que hace que sea un trámite burocrático hacer una película: tenés que pasar por ejecutivos para que debatan como si fuera un comité político para que al final te digan: “Me encantó King Kong pero voy a sacar todas las escenas con el mono” (risas).  En cambio en la televisión es todo más orgánico. Nos quejamos de Netflix pero qué es de la vida de Harmony Korine, no sé hasta Soderbergh está haciendo películas para televisión. Vamos camino a tener dos  tipos de salas de cine: las de Marvel y las de DC. 

© José Tripodero, 2019 | @jtripodero

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