16.07.19
Entrevistas

Entrevista a Catalina Dlugi y Rolando Gallego, autores de Mujeres, cámara, acción

Son tiempos cruciales para la mujer en todos los órdenes de la vida. También por el lado del cine. Enfocándose en la producción nacional de antes y de ahora, Catalina Dlugi y Rolando Gallego publicaron el libro Mujeres, cámara, acción (Ediciones Continente), y en esta nota nos cuentan los detalles.

¿Cómo surgió del proyecto?                                                             

CD: La idea se le ocurrió a Rolo. Estuvo charlando con otro colega para hacer el libro. Después pensaron que, si iban a hablar de mujeres en el cine argentino, tenía que ser partícipe una mujer. Ahí entro a jugar yo, que acepto gustosísima. La otra persona se abre, quedamos nosotros dos, y por suerte pudimos armar muy rápido un plan de trabajo. Resultó muy fácil ser coautores. Dividimos el trabajo, sabíamos que lo queríamos decir, qué cosas quería cada uno hablar, qué capítulos cada uno quería hacer. Fue tan satisfactorio que tenemos otros planes.

RG: Muchísimos (risas). Sumo a la respuesta de Catalina que, buscando información en este auge del empoderamiento femenino y demás, descubrimos que no había mucha literatura asociada a las mujeres en el cine argentino.

CD: Casi nada.

RG: Casi nada. Hay libros que recuperan la figura de alguna productora o alguna directora, pero no mucho más. Y si no, siempre está asociado a María Luisa Bemberg. De hecho, este es el libro disparador (muestra un ejemplar del libro María Luisa Bemberg, de Clara Fontán, de la colección Los directores de cine argentino, del Centro Editor de América Latina). Es una importante colección de veinticuatro volúmenes, con grandes firmas y sobre grandes directores, pero el único dedicado a una directora es este. Si bien el libro nos encanta, no había otro material. Entonces nos pusimos a pensar que no había libros escritos sobre directoras de arte, técnicas, festivales dirigidos por mujeres, movilizaciones, manifestaciones, y entonces tratamos de aglutinar en Mujeres, cámara, acción: empoderamiento y feminismo en el cine argentino la movida del cine que, desde el otro lado, uno va conociendo en el trabajo de periodista.

CD: No solamente es lo que se ve, que es el director, los actores y el resultado, sino también los productores, las organizadoras de festivales, las jefas de prensa… Todos los rubros relacionados con el cine, donde la mujer ocupa lugares que le ha costado mucho ocupar, y además, las luchas para lograr esa igualdad, lo que se planteo en el Foro de perspectiva de género en Mar del Plata. Para llegar a eso, también recorrimos el camino de lucha, de organización, y todo lo que tiene que ver con las denuncias, que empezó con Calu Rivero y siguió con las chicas que denunciaron a Juan Darthés. También recordamos otros casos, que como no era el momento histórico, no lograron la repercusión de ahora. O sea, están las actrices argentinas, pero también todas las asociaciones de directoras, de técnicas, de mujeres que trabajan en el campo audiovisual, que quieren que se reconozca su trabajo. Muchas mujeres han trabajado, pero han sido ninguneadas, han sido borradas, o directamente se las dejaba de lado. Muchas mujeres aceptaban esa situación, pensando que esas eran las reglas del juego.

RG: Son reglas desiguales que siguen hasta hoy en día. A este 50/50 soñado lo vemos alejadísimo, más cuando en rubros como dirección de arte, se le paga más al hombre que hace una película por año que a la mujer que hace veinte anuales. Es complicado.

Dijeron que se organizaron para escribir el libro. ¿De qué manera se organizaron, tanto a la hora de investigar como para escribir?

CD: La primera vez que nos sentamos, nos dimos cuenta de que teníamos un nivel de ansiedad y de necesidad de trabajar rápido que te da el oficio. El oficio de periodista te da cierta cosa que hace que te organices rápidamente. Rolo escribe todo el tiempo, yo ahora estoy más en la tele pero mis comienzas fueron en el periodismo escrito. Yo ya había escrito un libro y sabía que lo más importante era organizarte. Primero tenés que saber qué querés decir, saber qué decir en cada capítulo, y una vez que estás organizado y sabés cómo vas a empezar y cómo terminar, el trabajo queda armado y se puede distribuir.

RG: Fue algo muy intuitivo. Por suerte, además de toda la industria, no está acompañando en las presentaciones Esther Díaz, y ella nos dio una devolución que ni la pensamos: ella ve en el libro el método de trabajo. Le agradecemos la devolución y el acompañamiento, pero fue algo intuitivo. Es como que a vos te pregunten cómo encarás una nota. A veces investigás más, menos, pero cuando te sentás, arrancás. Armamos un esquema de todo lo que queríamos recorrer, hubo cosas que se fueron modificando, pero trabajamos muy bien. También hubo mucho trabajo de entrevista, que fue sentarse, pensarlo, ver qué pregunta hacer, ver cómo hacer el recorte para que lo que dice Albertina Carri vaya pegado junto a lo que dice Lorena Muñoz, y no por ser contradictorios entren en contradicción dentro del libro. Quisimos tomar la multiplicidad de voces del cine argentino, de la riqueza y la diversidad, que es lo que hace grandes a cada una de las participaciones.

CD: Eso es lo interesante: se escuchan todas las voces: las que están a favor de un cine femenino y las que dicen: “No, nos interesa el cine bueno o el cine malo”. Pero por algo hay que empezar. Si no, es como la anécdota que nos contaban de los estudiantes de cine: la mayoría son mujeres, la mayoría terminan siendo asistentes de sus compañeros hombres, la mayoría no llega. Cuando levantás la vista en una filmación o en un set de filmación, ves que casi todos los técnicos son hombres.

RG: Y hay rubros específicos en el cine, como dirección de fotografía, donde el hombre todavía pisa fuerte. No es casual que por primera vez, en la entrega de los Premios Cóndor número 66, por primera vez se haya nominado a una mujer en ese rubro: Kris Niklison, que encima hizo ella de manera autodidacta porque le decían que no lo podía hacer. Eso habla de que hay directoras de fotografía interesantes, pero no está el espacio dado para que puedan encarar ese trabajo.Li8ta Stantic nos contó que el primer manual de cine que vio hablaba de que el director de cine debía ser hombre porque las cámaras pesaban, y que la mujer no podía cargar con el peso de las cámaras. Hoy en día, que podés filmar con un celular, ¿por qué sigue pasando eso?

CD: Hay directores jóvenes, de supuestas cabezas abiertas, que todavía usan ese argumento. Pero hay otra cosa más perversa: la mujer, para sobresalir, tiene que ser excepcional. Tiene que ser Lucrecia Martel, Albertina Carri, mujeres talentosas. Son mujeres importantes en el lenguaje del cine. ¿Pero por qué tienen que ser excepcionales? A los hombres no se les pide que sean excepcionales. La mujer tiene que luchar el doble, cuando lo natural debería ser otra cosa.

RG: No hay trascendencia del trabajo que las mujeres vienen haciendo en el cine y de manera fuerte. Hay mucho de eso, y tratamos de contarlo en el libro.

CD: Un poco contar lo de la actualidad y también lo de más atrás: las pioneras, las grandes actrices que -sin ser feministas- se imponían… Hace poco murió la Coca Sarli, y hubo un comunicado de una asociación de directores y trabajadores audiovisuales en el que rescataban a la Coca como personalidad. Ella era socia de Armando Bo, era productora, era una mujer que luchó contra la censura. Luchaba para defender su producto. Y siempre trascienden las anécdotas graciosas o las frases de películas, y discutir las frases es como no hablar de ella.

Catalina, algo comentaste sobre la estructura del libro, sobre contar lo del presente y lo del pasado. También incluye capítulos sobre guionistas, directoras, responsables de festivales… ¿De qué manera organizaron esa estructura?

CD: Esa estructura también nos salió intuitivamente.

RG: Todos nuestro trabajo fue en bares y cafés.

CD: Nos juntábamos con nuestras computadoras y decidíamos de qué hablar. Armamos el libro y algunas cosas fueron como rompecabezas. Algunas cosas las pensó Rolo después y otra ya sabía cómo quería que fuera. Yo seguro quería hacer un capítulo sobre las denuncias e incluir la entrevista que Mauro Viale le hizo a Juan Darthés. Quería la transcripción entera porque eso tiene un valor histórico. Muchas veces, cuando vamos a los archivos o a internet, encontrás algunas declaraciones, pero no la entrevista entera, con esos silencios que lo vendían como un violador, además de las cosas que dijo. Esa entrevista, con un actor tan emblemático, me pareció de un antes y un después para todas las mujeres en general.

RG: Yo quería incluir una guía para acompañar la lectura del libro o disparadores para ver algunas películas, y eso fue lo último que cerramos entre las ideas y vueltas para incorporar hasta último momento las películas que tenían que estar. Después fueron surgiendo cosas más allá de la estructura intuitiva que habíamos armado. Por ejemplo, analizar el cuerpo de Érica Rivas en diferentes películas, y como eso también habla de la transformación del cine como lugar.

CD: Cuando Rolo habla de cómo está el cuerpo de la mujer en el cine, está diciendo cómo va cambiando, porque la mujer siempre fue mirada desde el hombre: siempre fue el objeto del deseo, de la curiosidad…

RG: La santa, la puta…

CD: Esa mujer conservaba su lugar desde el mundo del hombre. En cambio, cuando la mujer es la protagonista, cuando la película expone sus miedos y la historia gira alrededor de lo que siente, la cosa cambia, y cambia la cabeza. Por eso este tiempo es tan desafiante y tan excitante de vivir, porque es un momento de cambio. En la presentación en la Feria del Libro nos dimos cuenta de que, desde nuestro lugar, estábamos acompañando ese cambio.

RG: Sentíamos que era el momento, y lo vimos en el acompañamiento que apareció. El libro necesitaba existir de alguna manera. Podríamos haber sido nosotros como podría haber sido otra persona. En esta sociedad en constante evolución, sorprende que no cambie la industria machista del cine argentino. Es rarísimo que el cine no acompañe los cambios, porque la sociedad nos acompaña todo el tiempo. El teatro sí acompaña, con obras feministas que no necesitan declararse feministas. Por eso hay que repensar el cine desde otro lugar.

CD: La sensación que yo tengo es que está pasando. Antes de nuestro trabajo en este libro, no había un libro que contara lo que está pasando, que es poco. El orgullo como autores es eso: haber olfateado que era el momento justo y haberlo hecho.

A lo largo de la investigación, ¿cuál fue el descubrimiento que les pareció más revelador?

RG: A mí me sorprendió el tema de la representación de las lesbianas en el cine argentino. La primera representación de una lesbiana en el cine argentino fue en Fuego, con Isabel Sarli. Ahí Alba Mujica hace de acosadora de Isabel. Pasaron muchos años, y recién Santiago García, con su documental Lesbianas de Buenos Aires, se las vuelve a representar. Hoy en día tenemos Las hijas del fuego y un montón de películas, pero fue una sexualidad negada en nuestro cine.

CD: Para mí fue una revelación enterarme que todavía hay gente que no se atreve a denunciar algunos casos de abuso, como ocurrió con alguien del mundo del arte que no quiere hacer la denuncia porque sabe que ese director (un misógino inmundo) tiene dinero y hace juicios a quienes lo denuncian. Tal vez ni se presenta, pero te hace un juicio. Hay miedo a un castigo en el ambiente. Eso me da pena, pero es una realidad.

RG: Vos pensás que eso ya está, pero sigue pasando.

CD: Todos los días te tenés que deconstruir. Hasta las mujeres. Yo, que me crié en una sociedad machista, tengo que tomar conciencia. Es una disciplina que tenés que ejercer a diario. No sólo el hombre debe cambiar: la mujer tiene que darse cuenta de su rol aun en pequeñas cosas.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.