27.06.18
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Entrevista a Che Sandoval y Antonella Costa tras el estreno Dry Martina

Las coproducciones son tendencia en la industria del cine de autor y el director chileno Che Sandoval lo ratifica con su reciente film “Dry Martina”, coproducción chileno-argentina protagonizada por la actriz Antonella Costa. Previamente a su estreno comercial, el film pasó con mucho éxito por el 20 BAFICI.

“Dry Martina” es tu tercera película coral que atenta contra el statu quo social, conservador, desde el humor negro. En “Te creís la más linda (pero erís la más puta)” (2009) y “Soy mucho mejor que voh (2013), los personajes principales son hombres que cuestionan su masculinidad; acá abordás la premisa desde la perspectiva de una mujer ¿A qué remite éste cambio de eje? 

Che Sandoval: Siempre escribí historias a partir de personajes basados en vivencias propias o de amigos. Mi primer guion lo realicé con 23 años y estudiaba en la escuela de Cine de Chile para derribar el mito del macho alfa. Luego, en Argentina, hice la diplomatura en Guionarte y conocí a Antonella. Ella fue la musa inspiradora de la primera versión de Dry Martina; sin saber si la rodaría. Pensé el guión desde un personaje femenino con accionar masculino -en el sentido costumbrista- que atraviesa situaciones y se posiciona como mujer. Antonella es artista y cuando me contó que armó su camino con su madre muerta y su padre en coma, decidí enfocar la historia en estas cuestiones para revelar cómo le afecta a una mujer construir su carrera y enfrentar a los hombres sin apoyo familiar. Así nace Martina, una mujer que pasa de sentirse una artista frustrada y merecer más de lo que le dio la vida musical a una mujer fuerte e independiente que descubre, en el camino, cómo puede ir sola contra el mundo. Al principio parece vulnerable y vacía pero termina llena de amor.

En este sentido la trama presenta, además de personajes ensamblados, un enfoque sexual liberador en oposición a la cultura chilena ¿Cómo surge este disparador? 

CS: Martina es un personaje frontal, sexual y libre que representa una mujer argentina moderna metida en el conservadurismo chileno. Incluso en la vestimenta y lo sensual. Acá Martina no tiene una pareja estable que la sostenga, conoce a un hombre chileno y migra para llenar ese vacío; además la obsesiona recuperar su sexualidad. Pero todo cambia cuando aparece inesperadamente una fan desquiciada chilena que dice ser su hermana. Este nexo familiar aparente permite que funcione el ritmo de la trama y mantenga el interés del espectador. Marca cómo un sentimiento trasciende el lazo sanguíneo y sexual.

En ambos casos, son mujeres de diversas culturas rodeadas de hombres que operan como sus esclavos ¿Por qué? 

CS: Quise revelar cómo cambió la educación sexista en ambos países porque ningún extremo es bueno. La cuestión del deber ser o no caballero juega en contra en las relaciones de pareja. Si te topas con una mujer que va al frente o es independiente y seguís el mandato social cuestionan tu masculinidad. El manejo está mal de ambos lados. Es enfermizo. Por eso, en mis películas anteriores muestro a hombres en crisis que no saben en qué lugar están parados: La primera es un eyaculador precoz que se pregunta si ser un macho alfa en la cama lo define como hombre porque él no lo es; la segunda un padre preocupado por no cumplir el rol que le asignó la sociedad de productor, proveedor y protector de su familia. En esta son hombres al servicio de las mujeres que se ven afectados por esta situación porque entra en juego su dignidad cuando ellas los manejan. Quiero generar un debate universal y trascienda lo sexista.

¿Qué respuesta tuviste con los espectadores en BAFICI? 

CS: Las espectadoras me agradecieron el haber creado a Martina. Una de ellas me dijo: “¡Por fin una mina que hace lo que quiere con su cuerpo!”. En relación a una escena donde el camionero le grita a Martina un “piropo” subido de tono por su vestimenta y ella en lugar de callar, lo enfrenta, quiere subirse al camión y el tipo se retracta. Esto muestra el machismo ridículo que existe pero no implica que si accionan así se extinga. En Chile, por ordenanza política, se prohíbe piropear en la calle e igual existe.

Cambiando de plano: Llevas más de seis años viviendo en Argentina ¿En qué se diferencian Chile y Argentina a nivel producción fílmica? 

CS: En lo cinematográfico pasa por el lenguaje y tratamiento visual. Con frecuencia los directores argentinos inconscientemente respetan menos en el guión a los personajes extranjeros cuando filman. No es que sean xenófobos pero muchas veces acentúan ésas diferencias; quizás yo lo noto por mi origen y entonces desarrollo los dos personajes y culturas por igual. Otra diferencia es el tipo de cine que se consume.  Argentina tiene más gama de cosas que Chile: está instalado el mainstream de 400 personas; hay cine de genero, de taller y se da lugar a cineastas independientes que no se interesan en las salas comerciales como por ejemplo Campusano, Piñeyro; allá no. En Chile los directores de ficción van a lo comercial; hollywoodense –sin menospreciar estilos-; porque los fondos chilenos se invierten en lo convencional. A mi me gusta documentar y ficcionar realidades donde el espectador se encuentre con personajes complejos y que los sientan cercanos, aunque no lo digan, porque conviven con ellos. Me gusta el cine-debate que genere reflexiones.

 

Al respecto, la actriz Antonella Costa lleva más de un año y medio esperando el estreno de “Dry Martina. Entretanto, continuó estudiando canto, protagonizó una serie policial que se verá próximamente en la plataforma CINE.AR Play y actualmente dicta dos talleres de actuación frente a cámara, uno de ellos en la Casa de la Cultura del Ministerio de Cultura de la Nación.

¿Qué te dejó protagonizar a Martina?

Antonella Costa: Aprendí un montón a nivel humano. Fue un rodaje muy intenso que implicó un vacío muy grande porque las locaciones, en su mayoría, se filmaron en Chile y estuve lejos de mi hijo. Martina es producto de la relación más importante de mi vida que fue con el Che. Enfrentarme a estas dos cosas fue un desafío y logré salir entera.

El Che Sandoval dice que se inspiró en vos para escribir el guion ¿Te identificás con Martina?

AC: Si, ¡un montón! Martina es un personaje que representa una parte de mi ser que yo activo y exagero en la ficción. Me causa mucha gracia porque cuando mis amigas la vieron en BAFICI dijeron “¡Uh, Anto es re Martina!” y si, creo que en realidad hay algo de Martina que tenemos todas las mujeres argentinas en la manera de ser y afrontar el mundo. Salvo la afición al canto, el resto soy yo en modo Martina. Me reconozco en el aspecto de desdramatizar las situaciones para sobrevolar e ir para adelante siempre, sin reflexionar demasiado ni perder el tiempo en sentimientos que son más introspectivos y estancos. Quizás, después se arrepiente de su accionar pero sigue… traspasa… no hay tiempo para la duda.

Hay algo interesante en relación al arco de tu personaje con la pérdida de la dignidad; más allá de la líbido ¿Qué pensás al respecto? 

AC: Justamente ese rasgo del personaje yo no lo tengo y cuando lo vi en pantalla me di cuenta que así quiero ser y sentirme. Siempre, instintivamente, tuve encima un juicio moral de decir cuando estaba mal por algo; porque pensaba que estaba fracasando si lo decía. Pero ese orgullo interno no te lleva a ningún lado. Y hay algo en esta sociedad con relación a la pérdida de la dignidad que está muy subestimado como algo que jamás debe pasarte; una careta. Nos dicen “Vos sostenete. Que no se te vaya a notar que estás así. Nunca pierdas la dignidad” y de repente… pensas ¿Por qué? Si en todo caso te quitaron la dignidad, es más fuerte hacerse cargo de haberla perdido, bancarse estar sufriendo, demostrarlo y seguir de largo con tu vida como puedas. Cuando lo vi en pantalla dije: “¡Está buenísimo perder la dignidad! Siempre ganás. Perder la dignidad con respeto es lo mejor. Es honesto asumir que no somos un robot. Somos humanas y vulnerables.

Para finalizar, ¿de qué se sostiene el detrás de escena de Martina para crear el personaje?

AC: De la pérdida de los padres. Perder esta figura tan presente que muchas veces nos encierran, deshacerse del fantasma y salir adelante como mujer es fantástico. Martina abandona el cover de su madre, busca a su padre al hospital y cuando el médico le dice que está en coma; ella lo niega. Pero cuando entiende que esa situación no es estar vivo, pese al dolor, apenas aparece un personaje que le dice “tenes un papá y está vivo en Chile” mágicamente le gusta un pibe, activa la líbido, viaja, pero ese impulso inconsciente es volver a ese pequeño núcleo familiar. La vida son impulsos, además la activó competir con esta piba que le parece fantástica.

© Luciana Calbosa, 2018 | @LulyCalbosa

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