05.08.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Diego Gachassin, director de Pabellón 4

El director Diego Gachassin registra en su reciente documental Pabellón 4 cómo es posible hablar de libertad desde adentro de una cárcel. Dedicó seis meses a capturar la jornada en que el abogado Alberto Sarlo dicta un taller de filosofía y literatura a los internos, basado en su proyecto editorial Cuenteros, Verseros y Poetas, cuyo modus operandi para reinsertarlos en el sistema opera a través de la producción lingüística. Conversamos sobre los efectos que la Ciencia Social produce en el accionar de un preso y cómo tras la jornada entre rejas sintió que “los otros somos nosotros”.

Pabellón 4 documenta al igual que tu anterior trabajo, “Los cuerpos dóciles” (2015), el proceso del aparato judicial argentino ante la aplicación de la pena en los reclusos y su posterior reinserción en la sociedad. En 2015 centraste el eje de la premisa en el rol del abogado penalista Alfredo García Kalb y cómo ejerce su profesión atravesando ciertos límites éticos con los presos. Aquí vemos el lado B: Los presos del Pabellón 4 gracias al abogado Alberto Sarlo intentan cambiar su destino. Vemos sus vivencias allí dentro y cómo se forman para ser mejores personas ¿Cómo surge este cambio de perspectiva? 

Todo surge en el año 2016 cuando post-estreno de Los cuerpos dóciles me contacta la agente de prensa de Alberto, Rocío Raiberti, desde la editorial Cuenteros, Verseros y Poetas para contarme lo que hacían con este proyecto editorial y los presos. Lo investigué en redes y decidí reunirme con Alberto. En esa reunión me contó tan emocionado su trabajo que enseguida me entusiasmé. Luego, casualmente, cuando lo invité a ver mi película; me informa que Elías -a quien condenan en Los cuerpos dóciles– estaba en el Pabellón. Y pensé: Si el destino nos cruzó… ¿Por qué no hacerle caso? Era una buena forma de responder algunas preguntas que dejó este primer trabajo mío, como por ejemplo: qué hacer frente al estado actual de las cárceles y cuál es la respuesta frente a la injusticia. Te cito el caso de Elías porque, lamentablemente, terminó en un traslado de pabellón. Por eso no aparece en esta película. Sentí que el tiempo corría y era urgente hacer algo para cambiar definitivamente la realidad.

Hoy Alberto ocupa un rol de asistente social dentro del Pabellón 4 ¿Cómo logró insertarse ahí, posicionarse como profesor a través de la editorial, y ser aceptado por los reclusos? 

Alberto es, sin duda, un personaje muy particular. Cuando estaba terminando la carrera de abogacía un profesor lo llevó a la cárcel para ver en qué estado estaban y desde ese día decidió dedicarse a luchar contra todo el sistema penitenciario y la filosofía tumbera que muchas veces los cosifica y termina destruyendo por una filosofía propia que les permita repensar la vida desde otro lugar a través de rever las obras de los grandes filósofos como Hegel, Sartre y Dostoievsky. Él les enseña, totalmente ad honorem, filosofía y literatura para (re)educarlos ¡Y te digo más! Hasta pone dinero de su bolsillo una vez por año para realizar un concurso de cuentos y poesías en todas las cárceles del país y premiar a las mejores producciones. En el Pabellón 4 lo respetan y lo llaman “maestro” porque, según dicen, genera luz y esperanza. Sin embargo, el Estado lo boicotea ¡Es increíble que haya todo un sistema en contra de que el proyecto prospere!

Alberto además de educarlos mediante la filosofía y la literatura los instruye con clases de boxeo y defensa personal ¿Qué resultado arroja esta especie de knock out cuerpo, mente y alma? 

Es terapéutico porque, como bien decís, la conclusión de esto es un golpe literal que genera un cambio radical. Alberto noquea a los reclusos para re-insertarlos y, al mismo tiempo, a la sociedad en su conjunto. Su tenacidad logró que desde el Ministerio de Justicia contraten a Carlos, el ex preso que aparece en el documental como primera figura. Fue el primer contratado en la historia y hoy es un ejemplo a seguir por sus ex compañeros de celda. Sin embargo, hoy está todo tan atado con alfileres que, lamentablemente, pasan meses y no le pagan. Es más, Carlos hoy lleva cuatro meses sin cobrar un peso y es muy duro porque tiene bajos recursos y un pasado estigmatizador.

En este sentido, si los ex reclusos cuando salen no consiguen empleo ¿Es factible que vuelvan a delinquir pese al coaching? 

Si, el conflicto principal para cualquiera que sale de la cárcel es si va a volver a robar o no. Por eso, es muy importante lo que hace Alberto y presionar al Estado para cambiar esta realidad: Hoy no hay trabajo ni para nosotros, para un preso tampoco ¡Más aun al tener un prontuario! También hay que considerar el marco en que ellos viven porque cuando salen de la cárcel no tienen ningún oficio, mas allá de haber hecho eso, ni posibilidades… entonces hay que generar empleo ya. Y ahí la literatura puede ser un salvavidas.

Es interesante como en el documental semióticamente abordas el concepto de un “nosotros” inclusivo ¿En qué momento sentiste esta conexión con los presos? 

De chico vivía en Quilmes y pasé miles de robos. Casualmente en esos momentos yo soy frío e intento tranquilizar al que me está robando. Jamás odié al que me roba porque entiendo que formamos parte de un sistema tan injusto que veo las posibilidades que uno tiene versus la que tienen otros y… honestamente, a mi no me sale decir “hay que matarlos a todos”.

¿Creés que la violencia genera más violencia? 

Si el sistema no cambia, la violencia y la injusticia que hay dentro de las cárceles, tarde o temprano, va a salir a la sociedad. Hoy la gente reclama que las cárceles sean un lugar de tortura y vejámenes pero no piensa en el otro. Es egoísta. No analizan el motivo, sólo actúan por despecho. Tampoco cuestionan al Estado ni se preguntan por qué esa persona llegó a la cárcel. Creo que para que exista un cambio verdadero las cosas deben ser diferentes: desde adentro hacia afuera. Hay que pensar con quién uno quiere encontrarse cuando salen de las cárceles: ¿Con una persona que sale humillada y violentada o con alguien a quien se le dio otra oportunidad?

Para cerrar ¿Cómo fue tu primer acercamiento al Pabellón 4 y qué reflexión te dejó transitar durante seis meses el rodaje allí junto a los internos? 

Mi primera visita fue sin cámara. Cuando Alberto me presentó a la gente del pabellón les dije: ¨Hago cine documental porque me gusta conocer realidades diferentes a las mías y acercarlas al público¨; les conté qué tipo de registro de película había pensado y les pregunté si estaban dispuestos a participar. La gran mayoría estuvo de acuerdo. Recuerdo que el primer día que filmé me sentí oprimido y encerrado durante las cinco horas de jornada. Me quería ir. Es muy difícil entrar a estos lugares y que no te pase nada. Te diría que palpité el encierro junto a ellos; me sentía muy extraño cuando finalizaba mi registro en el momento del engome, que es cuando los encierran en la celda y se van a dormir hasta día siguiente. Sin embargo, en todo momento los presos me hicieron sentir muy cómodo, fueron amables y generosos conmigo y con el proyecto. Verlos contentos me ayudaba a que me sienta mejor, me acostumbre al clima y esté todo bien porque ellos estaban contentos con el proyecto. Cuando terminamos, lo mostramos en el pabellón y fue muy emotivo. Estaban muy agradecidos conmigo, me abrazaban ¡Fue muy emocionante!

© Luciana Calbosa, 2018 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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