26.04.19
Blood Window Pinamar 2019 _ Entrevistas _ Festivales _ Programadores

Entrevista a Diego López, programador del Festival de Sitges

Con más de 50 años de historia, el Festival de Sitges es el más importante dedicado al cine fantástico y de terror. Diego López es uno de los programadores, y suele venir a la Argentina para Ventana Sur, Blood Window Pinamar y la flamante Semana de Sitges en Buenos Aires. Tuvimos el honor de hablar con él y esto es lo que nos contó.

¿Cómo nace tu fanatismo por el género fantástico y de terror?

Nace gracias a los libros. No hace viendo una película. En casa, cuando era pequeño, mi padre tenía una colección de la Enciclopedia de Cine Salvat, muy famosa en España. El fascículo uno estaba centrado en el cine fantástico y de terror italiano y español. Ahí, siendo un crío, empiezo a ver fotos de ¿Quién puede matar a un niño?, de La noche del terror ciego, de películas de Paul Naschy, de La semana del asesino… Fotos que a mí me corrompen el cerebro: muy sangrientas, muy impactantes. Le dije a mi padre que me gustaría ver esas películas, y me dijo: “No, esas pelis no puedes ver tú”. Y yo seguía impactado por esas fotos de Black Sabbath, de Rojo profundo… A partir de ahí nace el contacto, digamos, y luego la búsqueda de esas películas. Con el tiempo, algún pase en televisión, algún alquiler, y esa fue mi formación, mi gesta, con el cine de terror español e italiano, y también con todo el terror estadounidense que te encontrabas en los ’80 en los videoclubes. Recuerdo alquilar Asalto al precinto 13, sin saber quién era John Carpenter, y decir: “Uh, qué peliculón”. Príncipe de las Tinieblas, Day of the Dead… Recuerdo cuando vi Re-Animator. Tenía una amiga en el colegio y una de nuestras actividades extraescolares era ir al videoclub de sus padres. Cogíamos unas pelis, y una vez fue Re-Animator. La vimos varias veces. Y alguna vez iba al cine. Iba poco porque vivía en un pueblecito donde no existía el cine, pero teníamos hasta siete videclubes. Ver pelis, pelis y pelis de alguna forma te incuba esa pasión por el terror.

¿De qué manera esa pasión se convierte en profesión?

El Festival de Sitges, que es lo profesional, es algo que para los que hemos vivido en Barcelona, Cataluña o España siempre ha sido un referente. En mi caso, perfecto, porque lo tienes al lado de casa. Empiezo a ir en el año 91, 92. Fue un caldo de cultivo para todos: ver pelis, hacer contactos, comprar fanzines, recorrer los stands… Mike (Hostench, hoy subdirector del festival), por ejemplo, tenía el stand de Gorgon Video, que fue muy importante para nosotros: fue la primera tienda de fantástico y de terror que abre, 1995. Había pelis, camisetas, posters, VHS… Lo bueno de Gorgon es que trae películas importadas de Londres, de Estados Unidos, que era imposible verlas en España. Eso también fue una ventana estupenda. Entrado en el 2000 ya empiezo con (la sección) Brigadoon, que la llevaban anteriormente otros compañeros. Empiezo a colaborar con ellos, hice alguna cosa en el diari, fui jurado el Méliès de Plata en 2007… Ya en esa etapa colaboraba en cosas de programación de Brigadoon, en alguna charla, y por una cosa y otra te empujan ahí. En el 2010 empiezo ya en el comité de selección, llevando la programación de Brigadoon. Me quedo ahí anclado. A partir de ese momento, todo lo que conlleva trabajar en un festival. Sitges es un monstruo, hay muchas cosas que hacer, y al final acabas encargándote de veinte mil cosas (risas). Al final también llevas exposiciones, coordinas libros… El año pasado, por ejemplo, coordiné el libro sobre Michele Soavi. Así que te van saliendo tareas, pero tareas bienvenidas. La verdad que los disfrutas. Por ejemplo, organizar el concierto de John Carpenter el año pasado fue muy bonito. Estuvimos un año en rodaje con todo ello, pero cuando se materializa, cuando ves el auditorio lleno y toda la gente que lo pasó tan bien, realmente valió la pena. Y así seguimos, esperemos que muchos años más.

Deteniéndonos en la programación, ¿cómo trabajan con Ángel (Sala, director del festival), Mike y vos para la selección de las películas? ¿Cuál es el criterio?

En el tema de los largometrajes, efectivamente estamos Ángel, Mike y yo. Es un proceso largo, que casi empieza cuando acaba una edición. En el caso de la edición de 2019, apenas terminó la de 2019 estábamos Mónica (Garcia Massagué, directora de la Fundación Sitges) y yo en Ventana Sur, en Buenos Aires, viendo películas que ya están cerradas para la próxima edición. En cuanto al criterio, tenemos cierta amplitud a la hora de manejar títulos. Se seleccionan de acuerdo a las secciones: Oficial, Panorama, Brigadoon, Midnight, Nuevas Visiones… Son secciones que ya tienes muy familiarizadas. Cuando estás viendo una peli, sabes dónde la puedes ubicar. Es un proceso de ver películas casi a diario, durante buena parte del año, hasta el mes de agosto. Es un trabajo entre los tres, aunque hay películas que, si bien las ve uno, va directamente a la sección Oficial. Es automático. Hay otros casos en donde tenemos que verla los tres para acabar de definir dónde irá. Puede depender de la visión de cada uno de la sección. La puedes ver claramente en Oficial, pero otro la ve más en Panorama. Es un trabajo entre nosotros que ya está familiarizado. Es bonito, es chulo, aunque a veces haya algunas disputas cariñosas (risas). Pero estás haciendo algo que te fascina, que es ver cine. El mundo del cortometraje sí que es muy grande. Aquí el comité de selección sí que se amplía más. En los largos también se amplió: desde hace un par de ediciones está trabajando con nosotros también Annick Mahnert, programadora del Fantastic Fest de Austin, y Domingo López, amigo nuestro y programador de las Noches de Cine Oriental, un festival que lleva unas quince ediciones y se especializa en el cine asiático.

Contame de la iniciativa Blood Window Pinamar. ¿Cómo están viviendo esta experiencia y cómo ves las novedades, como el cine en el bosque?

La relación que tenemos con Argentina es importante. Siempre digo que Buenos Aires es mi segunda ciudad. Una relación que empieza con Ventana Sur, cuando comenzamos a tener más conexión. A Javier (Fernández Cuarto, director de BWP) ya lo conocíamos. Yo le programé en 2010 un cortometraje que hizo y nos vimos de nuevo en Cannes hace unos años. Siempre hubo una relación muy estrecha. La relación es con INCAA y con Javier, y poco a poco llegó el trabajo en Ventana Sur, en Cannes… De ellos nace la iniciativa de hacer algo en conjunto en Pinamar, Blood Window Pinamar. A nosotros nos pareció muy interesante poder estar en contacto con una plataforma como Blood Window, brindar apoyo al cine latinoamericano nos parecía maravilloso. Además, en Sitges está la sección de Bloow Window. Nos pusimos manos a la obra el año pasado y nos vinimos, vimos esa primera edición, y este año vimos esa amplitud, sobre todo en el bosque, con la Sala Crystal Lake en plan Martes 13 (risas), el escenario, el espacio INCAA, los food trucks… Todo eso es muy guay. Todo festival que quiere crecer tiene que buscar, año tras año, alguna manera de ascender. Para esta edición, este nuevo enclave es muy positivo. La programación, hecha en conjunto, también ha quedado muy bien. Y también el invitado: el año pasado vino Brian Yuzna, y este año llegó Sergio Stivaletti. Son esos pequeños pasos importantes que va dando el festival. Y lo del bosque siempre mola. Si el cine de terror hay tenido una localización, ha sido pues el bosque. El festival va por buen camino. Hay concurrencia de público a las funciones y a los paneles de la mañana. Gente que probablemente venga de Buenos Aires y de otras ciudades, y una buena legión de fans del cine fantástico. Está bueno que vayan arrastrando gente de distintos lugares. Nosotros, encantados de continuar, y por muchísimos años más, y también con la Semana de Sitges en Buenos Aires. Esa propuesta también nos gustó mucho, con Stivaletti, con Helga Liné. A Helga ha sido aquí, en Argentina, donde la hemos conocido. Helga abandona España en los ’90 y desaparece del plano cinematográfico. Vi una entrevista que le hicieron en un programa de la TVE donde pasan comedias, no cine de terror, y ahí apareció ella. Guapa; una mujer mayor, pero guapa. Luego aparece que la entrevista fue hecha en Argentina. Obtengo un contacto de ella. Le mando un e-mail, pero no contesta durante dos años. Cuando surge venir por Ventana Sur de 2017, y la llamo. Muy bien, muy maja esa llamada. Le contó de Sitges y le gustó la propuesta. El año pasado volví a hablar con ella y se animó a venir al festival. Ella nunca había estado en Sitges, ni siquiera con películas., y fue muy emotivo tenerla allí, en un auditorio lleno. Es un referente para muchas generaciones, porque había gente joven, gente de mi generación y mis padres. Cuando trabajamos en la selección para la Semana de Sitges en Buenos Aires pensé en ella, junto a una función de Pánico en el Transiberiano. Y dijo que sí, muy agradecida.

¿Qué se puede adelantar la próxima edición de Sitges?

Estamos trabajando en toda esta línea de cine postapocalíptico, a partir de lo que fue Mad Max, tanto en lo que fue la trilogía de la película como todo ese cine que se confecciona en la industria italiana, comandado por directores como Enzo G. Castellari, Joe D’Amato y Sergio Martino. Estamos trabajando en esos frentes con varias acciones. A nivel de películas, ya hay títulos cerrados y estamos trabajando en ampliar la programación, en invitados, en homenajes… Nos faltan menos de seis meses para empezar, pero vamos bien. En breve daremos alguna información más, pero ahora estamos un poco privados de hacerlo (risas). Será un año muy chulo. Venimos de una edición pasada muy potente, tal vez la mejor edición del festival que hemos tenido, por los invitados, las pelis, cerrar con Carpenter… Te explotaba la cabeza de lo bonito que fue. Toca trabajar en esa línea y disfrutar de una edición que bastante encarrilada.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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