31.12.19
Cine _ Directores _ Entrevistas

Entrevista a Ezequiel Tronconi

Ezequiel Tronconi es uno de los actores argentinos jóvenes más activos, tanto en cine como en teatro. Una carrera que compagina con la de director de obras y, más recientemente, de películas. En una charla pendiente desde hace tiempo, Ezequiel hace un balance de un 2019 muy productivo, cuenta detalles de su primera experiencia en un film internacional y adelanta nuevos proyectos.

Es muy bueno cómo, a pesar de las crisis que atraviesa el país, a pesar de lo golpeada que está la cultura argentina, vos nunca te detenés. Siempre estás haciendo cine, haciendo teatro… ¿Qué balance podés hacer de tu 2019?

Este fue uno de los mejores años de mi vida, profesional y personalmente, porque además tuve la suerte de viajar mucho y de vivir muchas experiencias interesantes. Los últimos años venían siendo muy buenos en ese sentido, porque ya hace tiempo que una o dos veces al año viajo a un festival y me quedo recorriendo. Pero este año tuvo la particularidad de que empecé viajando a Cannes, al festival de series, con Los mentirosos, una serie que protagonicé con Paula Carruega (gran amiga) y Alejandro Jovic. Estuvimos en competencia entre las diez mejores series cortas. Este proyecto, además, es serie y es película; de hecho, la estrenamos primero como película en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y luego en Cannes, como serie. Hoy se puede ver de las dos maneras, en el canal de Youtube de UN3 y en Flow. Por un lado, tuve ese viaje, y a su vez, estuve tres meses en Europa, haciendo teatro como director y como actor. Como director en El huevo, una obra de Microteatro que hice este año y nos fue muy bien en Buenos Aires. La hicimos en Madrid, en Barcelona, pegándola con otra gira que yo tenía como actor de una obra que vengo haciendo hace cuatro años: La fiesta del viejo, que retomamos el 14 de enero en el Metropolitan Sura. Con esta obra, este año estuvimos en Murcia y en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, que es increíble. Estuvimos una semana en esa ciudad costera, comiendo y bebiendo muy rico, y además haciendo la obra. Y en el medio de toda esa vorágine, me fui unos días de vacaciones con mi madre, que no conocía Europa. Entonces me llama una representante que tenía en España y me dice que me querían ver para una película., para una producción española-uruguaya muy grande, titulada El año de la furia. Querían verme para un personaje y me mandaron una escena. Mi mamá me filmó con el celular en Atenas, donde estábamos en ese momento. Le mandamos el video a mi representante en España. Quienes hacen la película lo vieron, les gustó mucho y me contrataron una semana después. Yo me volvía en noviembre de Europa, pero me quedé un mes más. Filmé una semana en Montevideo y otras tres en Madrid. Una película increíble, porque además nunca había viajado a Europa para actuar en una película. Y pude filmar con Maribel Verdú, Martina Guzmán, Alberto Ammann, que es el protagonista y una persona con una humanidad increíble. Él me ayudó mucho, como Joaquín Furriel, Sara Sálamo, Miguel Ángel Solá, Paula Cancio, todos me trataron de primera. Fue un lujo estar ahí trabajando con ellos. Aprendí un montón, conocí gente… El director, Rafa Russo, es muy sensible y escuchaba mucho a los actores. Fue un aprendizaje también ver cómo se filma en España. Me tocó una producción grande, pero debe ser como acá: hay de todo. Acá los rodajes son muy diferentes entre sí. Eso es lo divertido del cine: cada rodaje es un mundo (risas). Te podés encontrar con cualquier cosa, en todos los sentidos. Siempre es positivo porque siempre aprendés cómo se filma, cómo trabajan los compañeros, cómo trababa el equipo técnico…

Así que fue un año increíble por los viajes y porque filmé mucho. Filmé cinco películas, estrené dos, y esas dos fueron filmadas este año. Algo muy loco, porque tengo películas a estrenar que fueron rodadas el año pasado y llegarán el año que viene. A Astrogauchos, de Matías Szulanski, la filmamos entre febrero y marzo, y en junio ya la estrenamos. Apenas terminamos esa película, con el director hicimos El gran combo, que se estrenó hace dos semanas. Filmé esas dos películas, El año de la furia, estoy filmando Algo se movió en la nada (dirigida por Samot Marquez) y El fuego que hemos construido, de Luis Fontal. De esta película también soy coguionista y la protagonizo con Verónica Intile y Andrés Ciavaglia. Tuve esos cinco rodajes, mezclados con un montón de estrenos, ya que también hice un montón de obras. Mientras hacía Astrogauchos estaba estrenando tres obras: La fiesta del viejo, El huevo y Las viajantes. También en teatro hice Clara y Germán De Dinamarca, Oasis vegano y La liga, estas últimas en Microteatro. Y también terminé la postproducción de El encanto, mi primera película como coguionista y codirector junto a Juan Sasiaín, que protagonicé con Mónica Antonópulos. Además, terminé la post de Forasteras y elefantes, película que escribí y dirigí y protagonizaron mis alumnos. La rodamos en Chascomus durante una semana, de manera muy independiente. Estoy muy contento con ambas películas. Fue un año en el que no paré.

Volviendo sobre algunos puntos, ¿cómo hacés para balancear tantos trabajos que se dan al mismo tiempo, sobre todo cuando interpretás personajes san diferentes entre sí?

Creo que fue una gimnasia que entrené luego de muchos años de hacer esto. Desde que empecé, hace más de quince años, haciendo cine y teatro a la vez. A veces hacía tele, pero mi fuerte siempre fue el cine y el teatro. De hecho, desde que arranqué, nunca dejé de hacer teatro. Casi siempre más de dos obras en cartel por año. Dese hace diez años tengo la suerte de filmar bastante, sobre todo después de La Tigra, Chaco. Y a partir de componer papeles tan disímiles, eso me generó más oportunidades de trabajo. Me gusta probar hacer personajes que nunca hice. Siempre es un desafío cualquier película, más allá del personaje.

Y películas de distintos tamaños y presupuestos.

Totalmente. De película en las que también participé en la producción, en el guión, en ayudar en algo, a películas como la de España, una producción mainstream con Maribel Verdú. Algo de eso también te lo da el teatro independiente y el cine independiente. Todo el tiempo voy a estar haciendo esas dos cosas. Se me ocurren ideas para hacer con los tiempos del INCAA e ideas para hacer con una cámara y pocos recursos. Tengo el impulso de estar creando todo el tiempo. Hoy en día es más fácil; necesitás recursos, pero con los recursos necesarios también podés hacer buenas películas, como La Tigra, Chaco. Lo que siempre priorizo cuando me convocan para algo es que me llame la atención la historia o tener una empatía con el director o que me dé intriga. Cuando hay una buena historia, sin importar si es una película grande o chica, y mientras pueda, me gusta sumarme.

En el caso de las películas que hiciste este año con Matías Szulanski, ¿cómo fueron esas experiencias y cómo trabajaron juntos?

Con Matías en Astrogauchos trabajamos mucho más porque el personaje es un protagónico absoluto. Tuvimos más charlas y nos manejamos con referencias para entender el tono. Matías te manda a ver películas, o tal personaje de tal película. En el set probamos cosas y él te va corrigiendo y dirigiendo en base a lo que ya pensamos de antemano. Con Laura Laprida tuvimos varios ensayos previos al rodaje. De hecho, sólo ensayamos con Laura. Con los demás personajes ensayábamos en el set. Eso suele pasar en el cine: no hay tanto tiempo para ensayar con todos y mucho se resuelve en el rodaje. Con El gran combo, Matías me mandó una referencia física para mi personaje. Esta película no tiene un protagonista, es más coral. En casos así, hay mucha neutralidad por parte del protagonista, y los secundarios aparecen mucho más estallados, exagerados, como es mi personaje. Como es secundario, estoy jugando más a otra cosa. Fue divertido hacer de ese malo bien malo.

Luego de tu experiencia en España, ¿hay más chances de trabajar en más películas de allá?

Espero que sí. Mi representante de allá está contenta con la película que acabo de terminar y cree que me dará la oportunidad de que me llamen más de España. Por suerte, la gente con la que trabajé quedó muy conforme y tengo la posibilidad de volver a trabajar con ellos y con gente cercana a ellos. Pero es como acá: nunca se sabe. No es arrancar de cero, pero el laburo freelance no te da la seguridad de que vas a trabajar todo el tiempo. Estás ahí y te van llamando. En España es más complicado porque yo no estoy viviendo ahí. Me gustaría filmar allá o hacer teatro allá por lo menos una vez al año. Sobre todo, seguir incursionando en el cine español. Pero bueno, primero veremos qué pasa con el estreno de la película.

¿Y qué podés contar de tu trabajo en Algo se movió en la nada?

Es un thriller de suspenso, sobre un triangulo amoroso entre dos amigos y una chica, y la muerte en el medio de todo. No puedo adelantar mucho más que eso. Está bueno, porque nunca había hecho algo así. El guión está bueno y Samot es muy copado; filma con pocos recursos, pero tiene muy claro lo que quiere. El proyecto me llegó cuando estaba filmando en España. Dije que sí y fuimos hablando del personaje a la distancia. Casi que no llegué a mi casa (risas), porque vine al país un jueves a la noche, el sábado estaba haciendo la prueba de vestuario y el lunes estaba filmando todos los días en Beccar y en Luján. Y es un proyecto que tengo para seguir filmando el año que viene, pero ya arrancamos ahora.

Además de los estrenos pendientes que te nombré, está El maestro, que filmé el año pasado en Salta, con Diego Velázquez y Ana Katz. Es una ópera prima, dirigida por Cristina Tamagnini y Julián Dabien, con un guión muy lindo. Fue una muy linda experiencia.

¿Y con respecto a El fuego que hemos construido? ¿Va por el mismo camino que Congreso, la película que hicieron antes con Fontal?

No, se mete con el tema de las nuevas familias. Es sobre una pareja gay que quieren ser padres, y una amiga de ambos les presta el vientre. Pero en la mitad del embarazo, ella decide abortar de manera casera. No logra abortar, ellos se enteran, la internan, se salvan ella y el bebé… La película empieza cuando ella empieza a vivir con ellos todo su período que le queda de embarazo. En el medio, mi personaje está dirigiendo Las viajantes, así que mezclamos un poco la ficción con la realidad (risas). Algunas cosas de la realidad fueron incorporadas a la película. El embarazo de Verónica era real. Así que la película muestra la relación entre estos tres personajes. A diferencia de Congreso, es más un drama. Tiene otro tono.

¿Y cómo estás viviendo tu experiencia como director de cine?

La pasé muy bien en las dos películas. Por lo general, el director se estresa mucho. Es mucha responsabilidad. Por eso a la primera la hice con un amigo, pero me metí a protagonizarla también. Confié mucho en Juan, aunque yo también tenía que estar dirigiendo y actuando. Pero ya había dirigido más de diez obras de teatro, así que tengo los recursos y la experiencia como para llegar a ciertas cosas. Juan también es fanático de la dirección de actores, y tuvimos suerte de que Mónica se copó con nuestra manera de dirigir. En El encanto pudimos hacer algún ejercicio de actuación para entrar mejor en las escenas. Eso toma unos minutos pero te cambia mucho la calidad de la película. Si tenés un ejercicio previo, una concentración previa, se logra una mejor conexión. Para Forasteras y elefantes tuvimos menos tiempo (se grabó en una semana), y no había tanta prueba. Pero algunas veces les decía algo antes de que empiece la escena y era lo que quedaba. Tengo muchas ganas de seguir probando con la dirección de cine. Tengo escritos algunos guiones. Tengo uno con Juan para que yo lo protagonice. Tengo otro con Fernando Criscenti, con quien hicimos Veredas, que dirigirá él. Y hay una idea de proyecto con Santiago Van Dam, con quien hice Ojalá vivas tiempos interesantes. A su vez, tengo ganas de dirigir algo mío, solo, pero todavía no tengo ninguna historia concreta. Quiero volver a dirigir cine.

© Matías Orta, 2019 | @matiasorta

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