28.09.19
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Federico Veiroj, director de Así habló el cambista

Federico Veiroj es uno de los directores más prominentes de Uruguay. En Así habló el cambista, su quinto largometraje, encaró un proyecto más grande y ambicioso de lo habitual en él, pero afín a sus preocupaciones. Esto es lo que Federico nos contó al respecto.

La película está basada en la novela de Juan Gruber. ¿Cómo diste con el libro y cómo surgió la idea de adaptarla para el cine?

Todo se dio en los mismos cinco minutos (risas). En el año 2012, estaba haciendo un casting en una ciudad pequeña de Uruguay llamada Castillos. Había un centro cultural donde estaba esperando para hacer el casting de adolescentes, y en un cuartito me puse a husmear a ver qué encontraba. En una estantería encontré la novela Así habló el cambista. Me atrajo de primera el nombre, por la referencia de Zaratustra. La tomé, me puse a leer el prólogo (la escena bíblica que incorporamos a la película) y ahí decidí hacer una película. Fue algo inmediato, aunque el personaje al principio no estaba tan definido: no tenía nombre y era muy descriptivo. Pero había algo en la sensación, en sus capas, en lo que hablaba, en su humor. La novela tiene un aspecto que intentamos no trabajar, que es el cinismo. Teniendo en cuenta que es un personaje de moral reprobable, el cinismo iba a alejar a los espectadores. Lo mejor fue quitar eso de la película. Sí que tuviera humor, que tuviera cosas al límite. Así que hubo cosas que transformamos de la novela. Hablo en plural porque trabajé en el guión con Arauco Hernández (el director de fotografía y mi primer aliado en esta peli) y con Martín Mauregui.

Siguiendo con esta cuestión, ¿cómo se organizaron para coescribir?

Fueron bastantes años, con proyectos en el medio de todos los implicados. Nos dividimos la tarea. Hablamos mucho de lo que queríamos. Había épocas en las que Arauco escribía más y yo me encargaba de cosas que quería rescatar. Así fuimos definiendo el guión. Fueron bastantes años. Empezamos en 2012, pero la fuerza de la historia, las ganas de hacerlo, sobrevivió. Para mí ese fue el máximo desafío: mantener durante todo ese tiempo la ilusión de hacer la película.

Venías de trabajar en películas de escala más chica, ahora pasás a una producción más grande, con recreaciones de época y actores de renombre. ¿Cómo fue encarar una película de esta magnitud?

Fue divino. Fue espectacular, fue algo nuevo recrear distintas épocas y trabajar con un actor profesional, cuando antes trabajaba con actores naturales u ocasionales. Pienso que lo que yo aplico de mi lado es como la construcción de un mundo de fantasía en la pantalla. Siguiendo esa línea, en las películas anteriores había que construir otro mundo con elementos actuales algunos, otros no. En este caso, el marco a construir tiene que ver con una época. Lo hice a mi gusto y lo trabajamos con el fotógrafo, con el director de arte, el diseño de producción… También hubo efectos especiales para hacer algunas cosas y borrar otras que no son de la época. También usamos los autos, la ropa y los peinados a nuestro favor. Para mí era fundamental no hacer una época empalagosa, que en cada plano no viéramos cosas de una época determinada. Estábamos recreando un ambiente financiero, así que no era necesario enfatizar cada época. Lo mismo con los coches, con los colores de las ropas. Por eso usamos los carteles: para indicarnos en qué época estamos y olvidarnos, sin necesidad de enfatizarlo, así nos concentramos en los personajes y en la acción.

Con Daniel Hendler ya se conocían, y hasta habían trabajado juntos, pero vos nunca lo habías dirigido. ¿Cómo fue darle órdenes?

Estuvo buenísimo. Es un poco sí, dar órdenes. Me hubiera gustado decir que todo fue más natural (risas), pero es cierto que uno da órdenes porque obedezco a necesidades que tengo. Dirigir es un poco eso: traducir las necesidades con todo un equipo, incluyendo a Daniel. Su prótesis dental y su composición del personaje también responden a eso, a mi necesidad de imaginar un personaje. No tenía un referente, pero sí imaginaba un tipo de una cara rectangular, con otra nariz quizá, pero como eso era difícil de cambiar, opté por la opción de los dientes. Me gustaba que sus dientes estuvieran un poco separados, pero sin llamar la atención. Eso le daba una cosa más humana. Las órdenes o los mandatos pasaron por componer al personaje. Daniel es mi amigo desde hace treinta años y fue un privilegio poder dirigirlo. Es un actor muy talentoso. Trabajó más que el resto del equipo de rodaje porque tenía que ir a maquillaje antes que todos, no por los dientes sino por la cara, el pelo y demás. Pero fue bárbaro. La confianza con un amigo en este proyecto fue muy positiva porque nos permitimos buscar al personaje hasta el último momento, incluyendo la grabación de la voz en off, que fue un año después de filmar. Después de seis o siete etapas de grabar todo el off de la película, en la última toma del último off encontramos la voz del personaje. Leyó toda la película con esa voz. Trabajar con un amigo en un rol protagónico fue una maravilla.

¿Es posible hablar de próximos proyectos?

 Sí, estoy con cosas, pero no estoy seguro cuándo ni cómo las haré. También me agarró como que el año pasado había estrenado una película nueva, Belmonte, así que fueron años de mucho trabajo. Ahora estoy trabajando con cosas lindas, pero no tengo prisa, nunca tuve. Siempre tuve la intuición de dejarme llevar por los tiempos de cada proyecto, y en este caso va a ser un poco así. Si es que tiene que ser, va a ser. Dejo que la vida mande.

© Matías Orta, 2019 | @matiasorta

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