06.01.20
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Fercks Castellani, director de Lo inevitable

Luego de Pájaros negros, Fercks Castellani terminó de rodar su segundo film como director: Lo inevitable, protagonizado por Luciano Cáceres, Juana Viale, Daryna Butryk y Javier Godino. Antes de encarar la postproducción, nos contó cómo fue filmar esta producción independiente, y en tiempos de crisis.

Tu ópera prima fue Pájaros negros. Luego trabajaste en otro proyecto que todavía está en una nebulosa, y entonces hacés Lo inevitable. ¿Cómo surgió concretar esta película?

Lo inevitable es un proyecto nuevo, que surgió de la necesidad de contar, otra vez, algo del género de suspenso. Pasaron cuatro años del estreno de Pájaros negros y necesitaba volver a trasmitirle algo al público. Tenía un proyecto más ambicioso en el medio, Aurora, pero tuvo su tiempo para conseguir productora y meterse en el INCAA, y ahora está en el último tramo. Pero, a todo esto, me seguía atrasando. Con viento a favor, ese proyecto se puede filmar este año. A fines de 2018, me replanteé esto, y en noviembre empecé a escribir un proyecto nuevo, que terminó siendo Lo inevitable. En el camino, volví a contactarme con los actores que tenía apalabras, y con carta de intención, para la que iba a ser mi segunda película, y los convencí del nuevo proyecto. Para que te des una idea, el noviembre de 2018 empecé a escribir y en marzo estaba la última versión del guión. Ese mismo mes fui a Luciano Cáceres, a Juana Viale y a Daryna Butryk, los protagonistas, y los convencí de la película. Les dije que se podía hacer de manera independiente, y entre todos coincidimos de llevarla adelante. La odisea siguiente fue conseguir un equipo de trabajo que se acomodara a estas condiciones y la financiación mínima que necesitábamos para hacer la película. Esta odisea fue desde marzo hasta noviembre: los actores, las locaciones, la financiación… Todo para poder filmar la película sobre el final del 2019 y no seguir postergando. Proyectos tenía muchos, pero para qué seguir escribiendo si no se podía avanzar, por lo menos en ese momento del país.

Yendo a la etapa de escritura, escribiste una película para filmar de manera independiente. ¿Cómo fue escribir teniendo en cuenta lo que serían las características de la producción?

Muy buena pregunta. Eso no me condicionó sino que me motivó a tener casi una sola locación en la película. La historia es de clima apocalíptico y trata sobre una madre, su hija y el hermano de la madre. Los tres se reúnen luego de un accidente; se les queda el auto y deben refugiarse una noche en una casa abandonada. Para seguir adelante, van en busca de ayuda, pero se les presenta un intruso que les pone en jaque todo el camino. Los pone en riesgo. Y para esa noche se anuncia el fin del mundo, el Juicio Final. Además de ese contexto, deben lidiar con un “loco”. Eso fue lo que me motivó para escribir: pensar en un guión acorde con el diseño de producción, y que no me quedara trabado en ninguna parte del camino. No por tener un diseño de producción chico la película iba a ser a medias ni necesitaba ser una superproducción: tenía cuatro personajes, una locación (el 90 %), más otros juegos que pasan en otros lugares. El guión fue concebido para filmar de manera independiente. Vi que el único que se la podía jugar para llevar la película adelante era yo, escribiendo el guión, como director, encontrando financiación, los actores… La plata es lo que te marca la vara de cuánto podés explayarte, pero tenés que rebuscártelas como puedas con el presupuesto que tenés. Pero ese no fue el gran problema acá, porque ya estaba prediseñada que fuera así la película.

Mencionaste varias veces al elenco. ¿Cómo fue trabajar con Juana Viale y Luciano Cáceres, y con el español Javier Godino?

Fueron muy buenas experiencias. Habíamos tenido muchas reuniones previas con Juanita y con Luciano, y se veía una buena predisposición de ellos. Igual con Daryna Butryk. Lo de Godino fue una aventura. Había pensado en él mientras escribía. Pensaba que necesitaba tener una figura extranjera que me diera un toque de extrañeza. No tenía que ser una cara tan vista por el público argentino. Godino tiene una cara muy cinematográfica. Lo confirmé después de ver las imágenes en la película (risas). Estoy muy contento con lo que hizo él y por lo que hicieron todos los actores. La relación con Godino fue mágica, y me la jugué: él se tenía que copar mucho para venir de España para hacer un personaje que no le significara muchas jornadas, aunque tenía un peso muy importante en la trama. Cuando leyó el guión, descubrí que era amante de las películas de M. Night Shyamalan. Fue un punto a favor para mí, porque el guión tiene una estructura y unos giros al estilo de Shyamalan. Eso lo atrajo. Además, era algo que no había hecho antes. El inicio del rodaje se demoró meses y no podía modificarse la fecha, pero pude hacer que coincidieran Godino y todos.

¿Cuántos días de rodaje tuvieron?

Tres semanas reales en las que entraba la película. No fue la típica de los últimos años, que lo de seis semanas se hacía en tres, y así las producciones se hacían pelota. Lo inevitable sí estaba pensada de esa manera, y tuvimos un esfuerzo muy grande para cubrir los costos de producción, los traslados, las locaciones… La mayoría del dinero se fue en esas cosas. Se pudo llevar adelante porque todos teníamos el mismo objetivo. La historia es de época y hubo un gran trabajo de arte. Todas las áreas funcionaron y el resultado es muy bueno. Y como director de fotografía estuvo Eduardo Pinto.

Hablando de Eduardo, él también es director, y con su productora, Eusebia en la Higuera, se asoció con vos. ¿Cómo fue trabajar con él?

Fue muy bueno desde que nos juntamos por primera vez, de la mano de Pablo Pinto, a cargo de la producción. Decidimos hacer la película de manera independiente, con la gente que conocían ellos y con la que conocía yo, y así formar un gran equipo. Eduardo fue muy importante para este proyecto. La fotografía es genial y nos entendimos muy rápido, muy fácil. Sabíamos por dónde iba la película. Él fue un gran apoyo para mí en todo momento, y además sabe manejarse dentro del cine independiente. Compartimos ese nivel de guerreros para hacer la película. lo mismo con Pablo. Armamos un tridente para que la película saliera adelante.

Contame sobre el premio obtenido en Blood Window, dentro de la reciente edición de Ventana Sur.

Eso fue llegando al final del rodaje. Estuve cascoteado todas esas semanas porque me tenía que ocupar de varias cosas, y hasta debía asistirme a mí mismo como director. Pero lo que hacíamos en cada jornada era tan bueno que no podía aflojar. Íbamos a por todo. Lo de Blood Window fue muy loco, porque teníamos que exponer a contraturno. Todo el rodaje fue nocturno, y uno de los días por la mañana fue la presentación de las pitching sessions. Presentamos el proyecto y mostramos parte del material que estábamos grabando (hicimos una edición online en medio del set, y tenía a alguien encargado del making of). Fui con otro socio a exponer. La exposición es en inglés, y estuvimos siete minutos frente al jurado y frente al público. Expusimos, todo bien, me crucé con colegas de otros países… Fue una experiencia super. A la tarde tuvimos mesas de reuniones con gente de afuera que había pedido reunirse por el proyecto. Veremos qué surge. A las 16 hs. terminaron las reuniones, y a las 18 teníamos el rodaje. Tuvimos que viajar de Puerto Madero a Pilar, con tráfico y todo (risas). Así, sin dormir, como cuarenta horas seguidas. Así fueron esos últimos días de rodaje. Y el último día me empiezan a llegar mensajes. Ventana Sur tenía en el programa que el viernes al mediodía tenía la ceremonia de premiación. Como no me habían avisado, supuse que no había pasado nada. Y a la noche, cuando estábamos grabando, me llegan mensajes de gente felicitándome por el premio (risas). Entonces me fijé en los mails y veo el mensaje de Ventana Sur, donde decía que había ganado el primer premio de Sitges. Lo llamé a Pablo y le dije que leyera el mensaje, porque yo estaba en shock. Y sí, decía lo mismo: ganamos. Fue cerrar el rodaje bien arriba. Fue una de las recompensas de toda esta aventura. Esperemos que vengan muchas más, pero esto ya es una puerta grane porque nos habilita a presentar la película en Sitges. Para octubre ya la tendremos terminada. Será una puerta al mercado internacional, sobre todo de España. Tener a Godino también fue una estrategia para conseguirlo.

© Matías Orta, 2020 | @matiasorta

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