29.07.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Franca González, directora de Miró: Las huellas del olvido

Franca González es oriunda de La Pampa. En el año 2006 filmó su primer largometraje-documental en La Pampa y siempre soñó con la posibilidad de volver a filmar en su provincia pero no encontraba el tema que la terminara de conmover e interpelar para dedicarle los próximos tres años de su vida, asegura. Hasta que descubrió en el año 2014, gracias a un artículo que leyó en un diario, que habían descubierto un pueblo debajo de plantaciones de soja y que ése lugar quedaba a solo 100km del lugar donde nació. De esto trata su presente documental Miró: Las huellas del olvido que tiene como misión recuperar el patrimonio histórico de la Argentina.

Contame cómo fue el proceso simbólico desde que supiste la existencia de Miró hasta que decidiste llevar a cabo el rodaje, recibiste apoyo del INCAA y concretaste este valioso material que hoy forma parte del Patrimonio Histórico Pampeano.

Lo que más me atrapó de esta historia es que muy poca gente de la región sabía que ese pueblo había existido y dónde estaba ubicado. Porque Miró no sólo había sido borrado del mapa, sino también del pasado de los habitantes y de sus memorias. Hoy lo único que subsiste de él es una estación de tren, medio abandonada, en el medio de la llanura. Mariano Miró quedó ahora dentro del perímetro de un campo privado. Para mí fue muy importante redescubrirlo y acercarlo a la gente.

Este acto que mencionás de desaparición de la memoria ¿Por qué pudo haber sido?

Pienso que quizás tiene que ver con lo traumático del fracaso de los proyectos personales. La frustración a veces hace que uno decida ocultar ciertos relatos de su vida. Silenciarlos. A tal punto que ni siquiera llega a contárselo a sus hijos. Pienso que si una película actúa como ese granito de arena que orada y poco a poco logra visibilizar ese pasado, ya es un logro maravilloso. Es permitir que eso que está enterrado puje por salir. Ese fue el eje de mi búsqueda en la construcción de la película.

¡Estamos frente a una Pompeya, pampeana! El documental tiene varias aristas. Por un lado, establece desde el trailer un misterio que le da el clima. Por otro, en la película lográs pasar del caos de un no saber qué ocurrió allí al orden de datos empíricos contrastados por testimonios, material de archivo y voces autorizadas de arqueólogos ¿Qué sensación tuvieron ellos de antemano cuando planteaste tu proyecto?  

Cuando comencé a filmar en Miró, el equipo de arqueólogos de la UBA y el CONICET ya trabaja en la zona desde hacía un par de años. O sea que el trabajo de campo más profundo ya había sido realizado. Enseguida logramos una sintonía muy especial. Ellos comprendieron que ese registro se complementaba con sus trabajos de investigación y era un modo de devolverle a la gente del lugar su propia historia. Al principio, la conexión con la gente de la zona no fue sencilla para ellos. Al principio existían ciertas tensiones de tipo: “¿Quiénes son estos científicos porteños que vienen a contar parte de mi propia historia descubriendo datos que ni yo mismo conocía?” o tal vez también, un poco de incomprensión ante el hecho de verlos trabajando en pleno invierno en medio de un campo ralo, cuando la idea que todos tenemos de los arqueólogos es que desentierran culturas milenarias. Lo mismo les pasaba cuando me veían a mí filmando en medio de la nada con todo un equipo de rodaje. Se preguntaban ¿Qué hace toda esta gente acá? ¿Si aquí nunca pasó nada importante? De algún modo, todos subestimamos nuestra propia historia. Sin embargo, esas historias de pueblos que no prosperaron, también encierran muchísimas cuestiones interesantes. Cuando desenterraron Miró, los arqueólogos descubrieron que varias de las casas tenían pisos de parqué traídos en tren desde Buenos Aires. Esto demuestra que la gente que construyó su casa allí, tenía la ilusión de echar raíces y no pensaba que iba a tener que huir en tanto poco tiempo abandonándolo todo. Por más chiquito que sea Miró es muy valioso. Es nuestro. En muchas culturas, un lugar como Miró sería un lugar mítico, dado que de allí partieron poblaciones que fundaron otras. Sin embargo, Miró quedó en el olvido. Por suerte, el cine puede reparar en cierta medida estas injusticias y reconectar a la gente con su propia historia.

¡Anillo al dedo! Porque para que haya película documental de este calibre el conflicto debe nacer de una situación no resuelta, novedosa, que aborde una historia real ¿Cómo tenes pensado el camino para la difusión de este material? 

La película se terminó a fines de marzo de 2018 con el apoyo del INCAA, el Programa Ibermedia y el Fondo de Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires. Su estreno mundial fue en el Bafici a mediados de Abril. Luego participó en la Competencia Oficial del Festival Nacional de Cine de Gral. Pico donde obtuvo EL PREMIO DEL PUBLICO AL MEJOR LARGOMETRAJE ARGENTINO. Su estreno comercial en salas en Buenos Aires fue el 5 de Julio de 2018 y desde entonces se proyectó en los cines Gaumont y MALBA. Durante todo Agosto seguirá en cartel en el MALBA todos los domingos a las 22hs. En este mes se estrena en Santa Rosa, en septiembre será el turno de Córdoba y Rosario y así continuará su periplo a nivel nacional en los cines. En paralelo, estoy comenzando a enviarla a festivales internacionales. Veremos cómo nos va. Creo que la película plantea un conflicto universal que hace que gente de cualquier cultura o lugar en el mundo pueda sentirse identificada. De hecho, “Miró” es una co-producción con Ecuador y allí la película fue muy bien recibida.

¿Cómo fue el proceso de rodaje en La Pampa con sus cuatro estaciones estalladas naturalmente?

El vacío, la ausencia del objeto de estudio que en este caso era un pueblo desaparecido, representó desde el vamos un enorme desafío narrativo y cinematográfico. Mi intención fue poder escudriñar ese espacio desde todos los lugares, acciones y temporalidades posibles. De noche, de madrugada, con lluvia, en las diferentes etapas del calendario agrícola, etc. A nivel fotográfico siempre fue un desafío ese horizonte infinito en medio de la llanura que dividía el plano en dos rectángulos que había que cargar de sentido. Comenzamos a filmar en mayo del año 2015 y nos tocaron años de terribles inundaciones en el norte de La Pampa. Fue un rodaje por momentos muy complicado dado que no podíamos llegar al lugar con todos nuestros equipos. Los arqueólogos sólo podían trabajar en ese campo cuando la tierra descansa, entre la cosecha y la nueva siembra. O sea que si queríamos filmar su trabajo sólo podíamos hacerlo en pleno invierno. El rodaje concluyó a fines de enero de 2017.

¿Qué devolución tuviste del pueblo y el público en general?

La gente de los pueblos aledaños siente que es una película sobre una historia que los une, por lo que la están acompañando y esperando en cada lugar en que podamos pasarla. Mi temor era no cumplir con las expectativas que se fueron creando a lo largo de 3 años. Siempre es difícil pintar tu propia aldea. Este no es un documental fácil. No te ofrece una investigación formal donde ya todo está masticado, sino que es más bien una mirada personal y poética. Miró funciona como metáfora de una historia común a casi todos los argentinos. En ese sentido, el público en general ha recibido muy calurosamente la película. Las devoluciones han sido maravillosas.

¿Cuál pensas que fue la clave para que logres los subsidios? 

Mira, en el año 2015 el INCAA declaró al proyecto de interés, por lo que pude solicitar un crédito para la producción de la película. No creo que haya habido una clave para lograrlo. Siempre trabajo el desarrollo de mis proyectos con mucha profundidad y recién los presento cuando me siento absolutamente segura de que está muy claro lo que quiero contar. Un tema puede ser más o menos interesante. Pero el punto de vista, el cómo contarlo, desde qué lugar hacerlo, eso tiene que ser muy potente. Estos últimos años se tornó bastante complicado producir con los fondos de Fomento del INCAA. En tal sentido, ayudó muchísimo ganar los Fondos de IBERMEDIA tanto para Desarrollo de Proyecto (2015) como para Co-producción (2016), y finalmente, la ayuda de Mecenazgo cultural de la ciudad de Buenos Aires en 2017.

Al principio de la entrevista me dijiste que ansiabas encontrar un punto clave para devolverle la identidad al pueblo ¿Sentís que lo lograste? 

Si. Siento que esta película es como una cajita de música. La abro, y veo a mis abuelos y bisabuelos haciendo “L’América” en esa Pampa árida y profunda. Siento que puedo entenderlos y amarlos mucho más aún.

© Luciana Calbosa, 2018 | @LulyCalbosa

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