27.12.19
Cine _ Entrevistas _ Productores

Entrevista a Frida Torresblanco

Desde hace años, la productora Frida Torresblanco se hizo de un lugar en la industria del cine, primero junto a titanes como Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, y luego con su propia compañía,  Braven Films. Frida vino al país con motivo de Ventana Sur y pudimos hablar con ella.

¿Cómo fueron tus comienzos en la industria del cine y cómo te enfocaste en el área de producción?

Cuando era pequeña, quería ser bailarina de ballet clásico. Fui a estudiar a Cuba, a la academia de Alicia Alonso, Cubanacán, y me di cuenta de que no era tan buena. Me habían dado una beca, pero llegué y vi a las bailarinas de Rusia, que eran extraordinarias, y los profesores ni me miraban (risas). Entonces me di cuenta de que debía cambiar de profesión. Llegué a España y mis padres me invitaron a un viaje para ver los molinos del Quijote. En este viaje venían varios directores de cine, y me preguntaron cuáles eran las películas que más me gustaban. Les hablé de directores que me apasionaban, y creo que les hacía gracia que una niña tan pequeña les hablara de John Cassavetes, de Fellini, de Pasolini… Estuvimos mucho tiempo hablando de cine, porque lo que hacía era bailar ballet y ver películas, que también era parte de nuestro aprendizaje. Cuando bailaba, todos los días veíamos una película. Entonces los directores se sorprendieron, y como tenía un período de vacaciones de cuatro meses, uno de ellos me dijo si quería empezar a trabajar. Dije que sí, encantada. Debía llevar té, café. Era como una tercera ayudante de dirección, pero pronto fui subiendo. Empecé a tener una relación cercana con Fernando Trueba y Emilio Martínez-Lázaro. Durante las vacaciones de cada año trabajaba en una película, antes de entrar a la universidad. Así conocí a mucha gente de la industria. Durante toda la carrera trabajé, y al final empecé a producir.

Fuiste creciendo cada vez más, y llegaste a trabajar con directores como Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón. ¿Cómo fueron esas experiencias y qué aprendiste de cada uno?

Alfonso era mi socio. Cuando llegué a Estados Unidos, montamos juntos la empresa Esperanto. Todo lo que he leído cuando estaba en la compañía era desde la visión de Alfonso, de Guillermo o de Alejandro (González Iñárritu), porque ellos luego se fueron uniendo. Son tres genios, muy interesantes y tienen una visión distinta de cómo hacer cine. Fue un gran aprendizaje para mí, y además, me escuchaban. Fue un diálogo creativo muy bonito durante muchos años.

Vayamos a Braven Films, empresa de la que sos una de las fundadoras. ¿Cómo surgió esta iniciativa?

Cuando Alfonso decidió irse a Londres para hacer su vida, yo tenía la disyuntiva de buscar otra aventura. Encontrar trabajo con otro director o con otro productor muy grande. Entonces pensé que debería tratar de escuchar mi propia voz, explorar mis instintos. Había proyectos que no eran ni para Alfonso ni para Guillermo ni para Alejandro que yo había dejado ir. Pensé que ahora debía buscar lo que a mí me gustara. Fue así como levanté seis millones de dólares con mis socios, Eric Laufer y Giovanna Randall, y creamos Braven. Ahora la compañía es un laboratorio de contenidos. Hemos creado muchas cosas que están casi a punto. Tenemos grandes películas, series de televisión y documentales. Ahora estamos en otra tapa en la que estoy agregando los contenidos de otros colegas. Se unen a Braven y lo que hago es elevar el contenido con ellos: buscar directores, mejorar los guiones y cuestionarlos, dar notas, traer cast, encontrar fnanciación…

Siguiendo con lo que estás contando, hablame de tu experiencia de la relación entre el productor y el director.

Siempre es muy intensa, siempre muy cercana. Yo soy una productora creativa. Con todos los directores con los que he trabajado, la relación ha sido muy, muy cercana, donde compartimos todos los miedos y los retos, y encontramos soluciones juntos. Cada vez que tenemos un problema, siempre traigo varias soluciones en la manga. Yo creo que eso me ha ganado el respeto de mis colegas. Entonces se establecen relaciones de trabajo muy bonitas, muy reales, y siempre basadas en la honestidad. Yo no miento y siempre trabajo con los presupuestos abiertos, y creo que eso da muchísima libertad, pero también crea mucha responsabilidad.

¿Qué podés contar de proyectos en los que estés trabajando?

Estoy superilusionada tratando de iniciar el rodaje de una película con Ethan Hawke y Alessandro Nivola. Es una historia real, basada en un libro de los Louvin Brothers, dos músicos de los ’60. La película es sobre las últimas tres semanas de una gira que hacen estos hermanos, que tienen una relación simbiótica de amor y de odio. Es una película muy íntima, muy sexy, muy divertida. Luego estoy produciendo docuseries sobre Marbella y otras ciudades del mundo, sobre sexo, drogas y rock & roll, y cómo la gente con poder se reúne en varias partes del mundo. Y tenemos otro proyecto con Robert Sheehan, protagonista de The Umbrella Academy. Es una película que me gustaría hacer en Argentina. Nunca he ido al desierto aquí, pero vi fotos y me he quedado ilusionada. Esta es una película que necesita un pueblecillo pintoresco, con bares y tal, pero urbano. Pienso que aquí se puede encontrar perfectamente, pero además, desierto.

¿Cómo ves el cine latinoamericano que se hace en la actualidad?

Hay una grandísima oportunidad ahora mismo. Antes no se financiaba nada en español, era dificilísimo conseguir dinero, y ahora hay entidades privadas, entidades de riesgo… Se me han acercado y me han pedido películas en español, y de todo tipo. Antes esto no ocurría. Hoy más que nunca tenemos que tender este vínculo para poder hacer más películas y más grandes. Confío ciegamente en el talento latino. Bueno, la prueba está ahí: todos los directores con los que he trabajado.

Iniciaste tu carrera hace unas décadas. ¿Qué recordás de tus comienzos siendo mujer y latina? ¿Cómo se veía a una mujer, y latina, en ese momento en la industria del entretenimiento, y cómo ves el panorama ahora?

El problema es que antes no se veía (risas). Éramos bastante invisibles. No había muchas mujeres. La verdad, nunca puse mucha atención si había menos mujeres y más hombres. Siempre he sido una gran trabajadora, y nunca me rendía. Yo le aconsejaría a la gente que no se deje derrotar por sufrir el rechazo. Es parte de la madurez aprender a enfocar el rechazo. Muchas veces, como productora, se te caen los proyectos y tienes que dejar ir propiedades que no querías, en las que pones el alma, energía y dinero. Esto pasa siempre. Creo que ahora la mujer se está ganando un lugar de respeto que debió tener siempre.  Hay que tirar de las productoras y directoras jóvenes, y ayudarlas. Es el papel que me gustaría jugar.

© Matías Orta, 2019 | @matiasorta

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