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Entrevista a Gastón Ugarte, argentino que trabaja en Pixar

Nacido en Tucumán, Argentina, Gastón Ugarte está haciendo una importante carrera dentro de Pixar. En Un Gran Dinosaurio había debutado como supervisor de modelado de set. Coco lo tiene ocupando el mismo rol. Tuvimos la oportunidad de entrevistarlo en 2015, y pudimos encontrarnos con él nuevamente, donde nos contó sobre esta producción ambientada en el Día de los Muertos, recordó sus comienzos y anticipó uno de los próximos films de la compañía.

Venís trabajando en Pixar desde Ratatouille, en 2007, y a partir de allí fuiste creciendo dentro de la empresa. Ya en Un Gran Dinosaurio ocupaste el cargo de supervisor. ¿Cómo llegás a Coco?

Lee (Unkrich, el director) hizo el pitch de Coco en 2011, pero fue todo un proceso. En Pixar es todo muy democrático; al ser supervisor en Un Gran Dinosaurio no significa que voy a ser supervisor en Coco. Siempre se publica el puesto, pasan toda una serie de entrevistas y tenés que quedar, digamos. Pero cuando escuché el pitch de Coco y el contexto y Miguelito y que la abuela y Ciudad y Latinoamérica, dije: “Tengo que trabajar ahí como sea” (risas). Así que apliqué, pasé por todo el proceso de entrevistas y por suerte quedé. El elenco de Coco fue sumamente latino. El diseñador de personajes es Danny Arriaga, que es mexicano… Toda la comunidad latinoamericana de Pixar quiso formar parte del proyecto, y al director le pareció buenísimo que todas nuestras influencias latinas de Pixar trabajaran para transmitir esa fidelidad en la pantalla. Fue muy lindo porque era un equipo sumamente latino.

¿Cómo fue el proceso de investigación en lo referente a la cultura de México y el festejo por el Día de los Muertos?

Tradicionalmente, el Pixar la investigación es crucial. Para Ratatouille nos fuimos a París, por ejemplo; siempre hacemos viajes de investigación. Sabíamos que con Coco y con la trascendencia y lo importante que es el Día de los Muertos para la comunidad mexicana, así que teníamos que tomar una cautela adicional. No hicimos uno sino múltiples viajes a México. Lee comenzó a ir desde 2012, cuando le aprobaron el proyecto, y a medida que fue formando el equipo empezamos a ir todos para empezar a embebernos un poco más de la cultura mexicana y, más que nada, para vivir la celebración, que es una celebración sumamente especial. Lee quería que todos viviéramos eso para poder plasmarlo en la pantalla de la mejor manera posible. Viajamos por todo México. Sabíamos que queríamos que Miguelito viviera en una ciudad rural, Santa Cecilia (chiquita, plana), y entonces viajamos por muchas ciudad rurales. Hay una ciudad de México que se llama Santa Fe de la Laguna que es bien chiquita (onda Tilcara de Jujuy), y cuando llegamos allí, Lee dijo: “Esto va a ser Santa Cecilia”. Fue la gran inspiración para Santa Cecilia. En cuanto al mundo de los muertos, usamos una ciudad real llamada Guanajuato, que queda cerquita del centro de México. Es una ciudad montada en un valle, absolutamente vertical, y Lee quería contrastar la planeza rural de Santa Cecilia con un mundo vertical y fantástico. La investigación terminó siendo vital para el look final de la película.

Sos una inspiración para mucha gente, sobre todo para los que se quieren dedicar a la animación. ¿Cómo llegaste a Pixar?

Es una larga historia, pero la puedo contar resumida (risas). Básicamente, desde que tengo razón de ser, dibujo. Como artista, mi evolución natural fue la de dibujar personajes, después me interesé por hacer comics de esos personajes, después me picaba el bicho de hacer mover a esos personajes. Esa fue mi evolución para ser animador y lo que me motivó a averiguar sobre cursos y talleres para estudiar animación. Empecé a buscar por Argentina. Te hablo de cuando era superjoven, estaba en segundo o tercer año del secundario. Se venía quinto año y buscaba qué estudiar. Mi mamá me decía: “¿Qué vas a estudiar? ¿Qué vas a estudiar?” (risas), y yo sabía que quería dibujar y no había ninguna carrera. Arquitectura, diseño gráfico, y ahí nomás nos quedábamos. Un amigo mío se fue a Estados Unidos becado para jugar al golf. Para conseguir la beca, se fue a vivir con una familia norteamericana que lo ayudó y lo guió un poco. Entonces dije: “Ah, está buena esa idea”. Entonces mi mamá me consiguió un intercambio cultural y me fui a vivir con una familia norteamericana por un mes y medio, en Florida. La mamá de esta familia era profesora de la Universidad de Tampa y tenía un colega que era profesor del departamento de arte de esa universidad, y él tenía un contacto en Disney de un chico que era bien junior que hacía limpieza del dibujo de los capos. Fue ese chico el que me dijo: “Si querés mandarles cosas, mandalas a esta dirección”, y yo le mandé mis trabajos y él me dio consejos de cómo armar el portafolio. Preparé mis dibujos, escribí una carta, mandé todo y me volví a Argentina. Tenía 15, 16 años, más o menos. Pasó un tiempo, no me contestaban, y a los seis meses me llega una carta de Disney, diciéndome, a grandes rasgos: “Flaco, te tenés que formar primero”, y me mandaron una lista con universidades que ellos consideraban las mejores de los Estados Unidos, y también unas cuantas de Europa. Era la época precibernética, no existía Internet. Mi familia tenía una ferretería, así que mandaba fax a las universidades, y me mandaban catálogos que demoraban un mes en llegar. Fue un proceso superlento. Yo mandaba cartas a las universidades, ellos respondían, pero estaba el tema de la plata; era imposible pagar las cuotas. Hasta que di con una de las universidades de la lista de Disney que quedaba en Florida, llamada Rindling College of Art and Design. La universidad está en Sarasota, un lugar de gente retirada y con mucha plata. Los amantes de arte ponían mucha plata en la universidad. Así fue como pude negociar con la universidad y obtuve una media beca, por así decirlo. Fue medio por abajo del poncho, pero lo logré. Cuando les dije a mis viejos que quería estudiar animación, abrieron grandes los ojos; si bien la universidad me estaba ayudando, era sumamente costoso. Mi vieja terminó hipotecando nuestra casa, se re puso las pilas y me ayudó. Y bueno, me fui. Para resumirla, empecé arquitectura, estudié un año y medio, hasta que se me confirmó todo en la universidad estadounidense, y estudié allí. Me recibí, empecé en estudios chiquitos de Nueva York, y de a poquito, formando el portafolio, hasta que se me dio la oportunidad de trabajar en Sony, y de a poquito… Porque yo, cuando me recibo de la universidad, apliqué a Pixar pero no me llamaron. Ellos sabían que al menos tenías que pegar una película o algo para que siquiera te consideren. Entonces, remándola, remándola, remándola… y después de mucho tiempo, en 2005, se me dio la chance de llegar a Pixar.

¿Tenés en mente dirigir vos alguna película?

Mirá, es el sueño del pibe, ¿no? Sé muy poco de guión… Recién ahora en Pixar hay una universidad, Pixar University, en las que todos nosotros somos docentes. Yo enseño supervisión de modelaje en la clase de modelaje después de hora, y como yo hay guionistas que enseñan de historias, hay otros que enseñan iluminación, de escultura, como para fomentar al artista de Pixar a descubrir sus otras virtudes que quizá tiene escondidas. En eso ando, tratando de aprender. El sueño está, no lo voy a negar, pero falta mucho. Me encantaría, pero el tiempo lo dirá.

¿Es posible hablar de los próximos proyectos de Pixar en los que estés involucrado?

Sí, te puedo decir poco, pero puedo decir algo. Desde julio estoy trabajando en nuestro próximo proyecto original, que si todo sale bien estrenaremos en 2020, aunque no tiene fecha confirmada. Está dirigido por Dan Scanlon, uno de nuestros nuevos directores, que dirigió Monsters University. Él cuenta una historia muy personal suya; perdió a su papá antes de que naciera, así que nunca lo pudo conocer. En la película cuenta algo similar, pero plasmada en un mundo fantástico, en el que existen múltiples tipos de especies: centauros, elfos, orcos, además de que existe la magia. Cuenta la historia de dos hermanitos que perdieron al papá cuando eran muy chiquitos, y un día encuentran una caja en el garaje de su casa, entre las pertenencias del papá, y se enteran de que era un hechicero. También encuentran un libro de magia en el que había muchos conjuros, y uno estaba escrito por ellos dos, y de poder conjurarse, ellos podrían pasar un día con su papá. Entonces empieza una aventura para tratar de conseguir todos los ingredientes para poder conjurar el hechizo. Eso es lo único que les puedo decir. Superfeliz porque es un excelente proyecto. Muy pocas veces en Pixar tenemos una historia de cero, ya que siempre tenemos que encontrar la historia, pero ya la tenemos. Ahora nos queda construir un mundo fantástico y personajes supercarismáticos. Ya aprobaron a los personajes principales. Quedaron espectaculares. Estamos volviendo a un look más Up: Una Aventura de Altura, más estilizado, así que para los artistas será un flash hacer esta película.

Fuera de Pixar, ¿cuáles son tus películas favoritas de animación?

¿De toda mi vida? Yo empecé con los argentinos: Caloi, Quino… y a medida que fui creciendo, Disney siempre fue el estandarte para mí. Te diría que de Disney, Dumbo, El Rey León y Aladín son las que más vi. Pero todas me dejaron algo. Ya de chiquito me encantaba hacer personajes porque me fascinaban los mundos en los que las animaciones tomaban lugar.

© María Paula Putrueli, 2017 | @mary_putrueli

Matías Orta, 2017 | orta@asalallena.com.ar | @matiasorta

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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