14.03.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a Gonzalo Calzada, director de Luciferina

Gonzalo Calzada debutó como director de largometrajes con Luisa (2008). La plegaria del vidente (2011) le permitió mostrar su mano para films más oscuros, repletos de clima y buen manejo del suspenso. Gracias a Resurrección (2014) se adentró de lleno en el terror; una pieza gótica ambientada en la Argentina del siglo XIX, y de gran nivel. El mismo gran nivel que se aprecia en Luciferina (2017), la primera parte de una trilogía -La Trinidad de las Vírgenes- que ya es escalofriante. Gonzalo habló al respecto con ASL y aquí compartimos su testimonio.

Sofía del Tuffo, la protagonista, es el alma de la película. ¿Cómo diste con ella para un rol tan importante? ¿Cómo fue el trabajo con ella y con el elenco en general?

La película, como vos decís, es de un protagónico. En Resurrección era muy importante el papel de Aparicio, pero tan importante como el del criado que está en la casa. En este caso, sí, es ella la que va llevando todo adelante. Se hizo un casting muy fuerte. Estábamos convencidos que por el casting y por el presupuesto de la película, lo más sano era trabajar con muy buenos actores y actrices no conocidos, que tuvieran ganas, con más flexibilidad horaria y que le pusieran más compromiso a posibles ensayos que por ahí no tenés la posibilidad de hacerlos de otra manera que no sea mangueándoselos. Se hizo un casting con esa premisa, y después fue cruzar los dedos. Podríamos haber estado tres meses buscando a la persona indicada, pero Sofía apareció el primer día. Te diría que, exceptuando dos o tres, todos los que quedaron aparecieron el primer día. Después estuvimos dos meses haciendo casting. Eso es un poco de azar. Sofía apareció, la vi… Yo estaba con Desireé (la coach de actores, mi mano derecha en el universo actoral) y Maru Zapata, responsable del casting, que me dijo: “Hay una chica ahí afuera que me parece que es perfecta”. Entró, la vi, hizo la prueba excelente. Había dos más, pero sabíamos que era ella. Después fue ensayo, ensayo, trabajo y mucha marcación en el rodaje, porque no son actores -sobre todo ella- que tuvieran mucha cámara adelante. Fue ir bajando, dirigiendo y marcando para encontrar la expresión justa. Por suerte ella tenía todas las cualidades que necesitaba, que si no las tenés, por más que las quieras sacar, es difícil. Y después fue una entrega total, de Sofía y de todos los actores. Hubo mucha coreografía y ensayo, y trabajo de intimidad entre actores, entre personajes, para que los vínculos fueran creíbles. Eso ayudó mucho a acelerar el rodaje.

Con respecto a los efectos especiales y de maquillaje, qué hay en buenas dosis, ¿cómo fue el trabajo con esas áreas?

Buscamos un camino posible. La maquilladora fue Franca Gallo, una grosa del cine de género junto con Rebeca Martínez, que esta vez no pudo estar porque estaba teniendo familia. Así que fue la primera vez que trabajaba con Franca. Sabía que era una grosa; me la habían recomendado colegas como Fabián Forte. Nos juntamos con ella y construimos un universo posible a partir del tiempo que había para el maquillaje. Ella me explicaba que el maquillaje con más prótesis –pongamos El exorcista como modelo- llevaba más tiempo. Entonces elegimos un camino más práctico, que era el de El exorcismo de Emily Rose; tiene una base de maquillaje, pero pasa más por lo dramático de la actuación, no hay prótesis no un trabajo de desfiguración de la cara. Se hizo una base, se trabajaron los dientes como una única deformación, y el resto fue dramatismo puro, trabajo actoral. Un trabajo que hicimos con Juan Veppo, el coach para las escenas de acción. El maquillaje en sí lo aceleró muchísimo. Lo que sí hicimos es una misma unidad de posesiones. Tenés tres personajes que están poseídos por el mismo ente, y a los tres les dimos la misma identidad, el mismo color de ojos, la misma sensación de venas en la piel y las mismas posturas físicas. Eso permitió que pudiéramos avanzar porque se corrió muchísimo. No había tiempo, así que se laburo de esa manera. Después, para el desgarro de los ojos, se usaron prótesis, pero es una cuestión de plan de rodaje. Mientras se está haciendo una escena, le están tapando los ojos a otro.

Mencionaste “El exorcismo de Emily Rose” como influencia para el maquillaje. ¿Cuáles considerás las influencias más decisivas para toda la película?

Las influencias aparecen como referencias iniciales para orientarnos sobre cosas que uno no sabe hacer, y entonces te fijás para ver cómo las hacen los que saben: efectos, sustos, apariciones. Exorcismos… Vimos un poco de todo. Vimos de Emily Rose a The Outcast, y la serie de El exorcista. Las cosas buenas, las cosas malas, y uno va analizando todo. Después nos separamos un poco de eso, para empezar a generar una lógica interna propia, porque si no te quedás muy ligado a cosas específicas. Nosotros laburamos fuertemente las películas seis meses antes del rodaje, tratando de generar una propia identidad, su propia cámara, su propia puesta. Las locaciones de delimitan ese universo, y a partir de ahí, lo que pueda venir como influencia llega de manera más indirecta, lo que mamaste de chico. A mí me gusta el cine europeo, me gusta Bergman, me gusta Greenaway, me gusta todo el expresionismo alemán; me gusta la Hammer, me gusta Roger Corman… Yo creo que van apareciendo, sin que uno se dé cuenta, los elementos apropiados para cada película. En este caso, a mí me gustaba una línea más tranquila, más estática al principio, más fría, y que eso se fuera rompiendo a medida que vas entrando en el universo de la isla, como que la isla va transformando la película. Para mí es lo que termina pasando, porque empieza siendo una película, y en el medio se transforma en otra cosa, casi como un cuento de hadas. No está desconectado, porque la película empieza siendo un poco eso, pero después parece que es la típica película con jóvenes que se van a una isla a hacer un experimento, y a partir de ahí sabemos que los van a matar a todos y uno va a sobrevivir… Sin embargo, eso ocurre muy rápido, y empieza otra cosa, que es lo que te descoloca. Desde ahí armamos la película. Adoro “Hansel y Gretel”, los cuentos de hadas, y entonces cuando veía a Gregoria y a Sofía caminando por ese bosque de cañas, era como un cuento de los hermanos Grimm. Ves una imagen que es del Tigre y es actual, pero en realidad tiene esa cosa simbólica de cuento muy hermosa. Me gusta En compañía de lobos, de Neil Jordan, me gusta el cine de Neil Jordan… Entonces van apareciendo las influencias.

Luciferina es el principio de una trilogía. ¿Es posible contar sobre otros proyectos paralelos?

Viste que el momento es medio difícil. Estamos complicados para poder producir. Hay mucha gente que, como nosotros, está con proyectos presentados, y que están buscándole la vuelta para poder producirlos. El problema acá es que el cine requiere de un mínimo de recursos para poder hacerlo y una calidad de la cual uno no quiere bajar. Si el proyecto que nació con un concepto y

hoy el país es otro y no se puede soportar no hacerlo con la calidad que uno quiere, hay que analizar lo o presentar otra cosa. Creo que todos los que hacemos cine en Argentina -sea de género o no, pero lejos del mainstream-, estamos reanalizando nuestros proyectos y la forma de poder hacerlos. Lo que tiene el género, a diferencia de otros modelos de cine, es que nunca le ha tenido miedo a la independencia, al nicho ni a la pasión de hacer, y desde ese lugar creo que muchos van a redefinir la forma de producir en este momento, hasta que las cosas cambien. Y después es interesante la actitud que están teniendo ciertos multimedios de analizar hacer cine de género con recursos, como No dormirás, que es una gran apuesta de los Bossi. Eso para mí es un evento muy importante. Más allá del gusto por la historia o lo que sea, la plataforma que se construye es fantástica. En lo personal, acá estamos con un par de proyectos. Uno es algo muy independiente; hace rato que queremos ir haciendo un universo más border, más de vanguardia. Y tenemos un proyecto que es un thriller psicológico en la línea de El inquilino, de Polanski. Estamos viendo si lo podemos concretar. También depende de cómo le vaya a Luciferina.

© Matías Orta, 2018 | @matiasorta

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