18.07.18
Directores _ Entrevistas

Entrevista a José Celestino Campusano tras el estreno de El Azote

José Celestino Campusano asegura que es un agradecido por poder vivir del arte. Descubrió a los seis años que la vida puede retratarse y narrarse a partir de una sumatoria de planos y que el sonido es un gran aliado. Sus pilares son cooperativismo, equidad e inclusión, esencia que imprime en su productora Cinebruto donde es productor, guionista y director. Con motivo del estreno de El Azote dialogamos sobre la lógica ilógica que opera el universo cinéfilo: sus arquetipos, ciertos festivales de cine y modos de filmar. Campusano sostiene que “la clave para autofinanciarse es reinvertir constantemente y si filmar es tu estado de felicidad absoluta, nada mejor que abocarse a la pasión” y lo ratifica a través de esta película existencialista, dramática que filmó en la Patagonia Argentina.

El azote es tu nuevo aporte desde Cinebruto para contar historias sobre los sectores y protagonistas de la marginalidad social ¿Cómo surge tu necesidad de mostrar el lado B del sistema?

Surge porque creo que hay una crisis enorme en materia audiovisual que empezó cuando el disco de pasta dejó de transportar los sonidos de la música del mundo y cuando el celuloide dejó de transmitir las imágenes del mundo. Muchos directores y productores hasta el día de hoy piensan que con formar visiones clasistas y racistas de manejar el audiovisual hacen lo correcto. Sin embargo, este lobby ideológico que ignora la mirada detractora y la pone como una categoría un tanto invisible pero ¡Ojo, que de pronto te muestro en un festival para jactarnos de inclusivos! solo responde al canon repetitivo e ignora el huracán que pasó. Con el tiempo, al romperse ese lobby –felizmente porque fue mi deseo que se rompa- comenzaron a reposicionarse los elementos que componen el espectro, como la producción y elección del formato. Adaptarse a los cambios implica aceptar que cada vez es menos la concurrencia a las salas porque los espectadores, nos guste o no, están en las redes. Es mentira que no monetizan las redes. Sí dan dinero ¡dan fortunas! pero es lobby también. Ante estos rigores nuevos, hay formas nuevas de producción de contenidos como los lugares de resistencia audiovisual donde me incluyo, que operan contra el grado de estupidización, repetición y embrutecimiento de los sentidos de la masa.

Hay un mito que circula en el universo artístico que forma parte del lobby y sostiene que es imposible vivir del arte independiente. Sin embargo, vos te regís por fuera de lo comercial y formaste tu propia productora ¿Cómo subsistís a la cuota de pantalla vigente?

Aposté al área más sustentable: el cooperativismo e integración a la comunidad a escala internacional. Es una herramienta fabulosa que fundó países y permitió desarrollar industrialmente a grandes exponentes. Practicar esta norma poderosa te permite filmar con frecuencia. Yo filmo adentro y fuera del país; es lo que realmente me hace feliz. Para subsistir hay que cooperar entre nosotros. No hay que permitir como realizador que una película se lleve dos años de tu vida porque vas a filmar muy poco. El talento no se desarrolla esporádicamente sino con continuidad.

En este sentido ¿Qué circuitos recomendás para producir y exhibir películas?

El método de coproducción por fuera de los organismos. Si bien el INCAA colabora con fondos concursables, y eso ayuda, no es la única herramienta. Algunas películas se pueden canalizar en ventas al exterior, otras como El azote estrenan en salas y otras van a espacios netamente experimentales. Yo pisé por primera vez el INCAA en el año 78 y tenía 14 años el organismo. A mi no me afecta en absoluto percibir dinero del INCAA porque la plata de ahí es nuestra. Es del cine y va al cine. Entonces cuando me dan un fondo yo lo distribuyo en muchos actores y técnicos que, como a todos, les hace mucho bien percibirlo. En mis películas cobra todo el mundo. Sea o no famoso porque, mas allá del pasado con su actividad, en Cinebruto somos equitativos, integramos la fuerza local y creamos alianzas.

¿Cómo nace Cinebruto?

Cinebruto nace de mi necesidad de filmar y dirigir. Cuando no filmaba estaba muy angustiado y escribía mucho… Entonces decidí autogestionar mis ideas y generar cine porque ante el canon vigente no me resultaba conveniente ir a productoras con mi proyecto, corría el riesgo que desvirtúen algo de la forma que nutría y definía estos documentos de vida que conectan con cierta gente que responde a este canon de representación. Ahí nace Cinebruto, un grupo humano profesional al que nos llena el corazón crear una oportunidad para aquellos a los que no se la dieron y la desean profundamente, sean o no actores. Al igual que los juglares, trabajamos enfáticamente en la fuerza de la anécdota y nos basamos en la realidad y no la remembranza de otro cine para descontracturar prejuicios. La gramática audiovisual de El azote,  mi octavo estreno nacional sin contar los internacionales, responde a esto. Es un periplo de vida de un asistente social que rodamos durante un mes en la Patagonia Argentina con actores y actrices oriundos de allí cuyo arco dramático sucedió en un 90% en ese lugar que vemos como centro de menores. Hoy es un centro cultural pero era un lugar de detención y el público te agradece conocer las cosas espantosas que allí pasaron. Naturalizar la maldad y borrar las huellas del pasado corrompe los procesos de evolución de las masas. Por eso, el objetivo de Cinebruto es informar y la misión luego del estreno es liberar la película a la comunidad en nuestra web.

En este sentido, post-estreno exhibís las películas en festivales y ciclos de cine independiente ¿Encontrás allí tu público?

Totalmente. Hoy al cine independiente le imponen trabas estructurales que debemos evitar. Las salas están coartadas por el entretenimiento pero se puede salir de manera airosa si se exhibe en cine-clubes, bibliotecas y festivales que no dependen de la taquilla. Ir por fuera del establishment te fortalece porque allí están las voces superiores que permiten el debate reflexivo; el encuentro con el otro. Si tu película fluye, significa que vas bien. Como realizador no debe preocuparte cuántos lo ven ni dónde la programen porque eso es trabajo del distribuidor. Tu trabajo debe ser poner la mejor energía en cada película y simplemente generarla para no quedar económicamente vapuleado; sino vas a tardar mucho tiempo en recuperarte. No hay que pensar en mainstream porque a veces las crisis son grandes oportunidades. Sí hay que ser lo suficientemente bueno en el marco de la gestión de la producción para que en poco tiempo ya puedas programar otra película. Es clave no parar de hacer. Por eso, yo hago cuatro o cinco películas por año.

Contame sobre tu experiencia con los festivales de cine.

Es muy loco pero, de alguna forma, en el cine te tratan de proponer lugares de descubrimiento, debate, compra y venta de material a través de festivales que tienen restringidas funciones, programadores, distribuidores y críticos porque no son otra cosa que instancias de mercado. Es muy lindo ir a festivales pero cuando te enterás que ya hay películas que aún no estrenaron y ya las tienen programadas porque responden al mercado que inciden a un grupo muy pequeño de productores perdés el interés. Yo respeto mucho aquel festival que con diez sillas, o menos, abre el juego a la parte más débil de la cadena: al cineasta comprometido y quienes colaboran para difundir mensajes contra el arquetipo hollywoodense.

Sos uno de los cineastas argentinos más activos de este siglo. Desde tu experiencia ¿qué factores sentís que deben cambiar en el cine argentino para mejorar la industria local?

Soy un agradecido absoluto al área audiovisual y lo que me brida: pude conocer gente super interesante, viajar a otros países y vivir experiencias culturales que en otro tren de vida no hubiese podido. Pero pienso que es necesario animarse a recurrir a otras áreas para financiar el cine independiente. Más allá de los fondos concursables, esporádicos, existen áreas de capacitación, docencia, curaduría que también proveen recursos. La clave es siempre reinvertir el dinero en algo que te de más dinero y jamás quedarte tranquilo si te fue bien un año porque eso puede costarte la vida. También pienso que es muy sano cambiar la perspectiva del área de los críticos porque, a veces, confunden el ejercicio de la profesión con las ganas de generar una polémica o ser más que la película misma cuando no cumplen con tu canon de representación ni saben entender tu algoritmo. Y acá hay otra cuestión, ante estos pruritos siempre debes preguntarte ¿ante los ojos de quién hay errores? ¿de quién no filma? Cuando empezamos con Cinebruto era un nivel de ataque constante. Hoy no. Y la realidad es que si hacés este tipo de cine y no hay detractores, te equivocaste. Al principio siempre hay necios que quieren que abandones tus ideas. Hay que identificar si la crítica viene desde la humildad o la soberbia y descalificación destructiva. El maltrato no sirve y menos a directores jóvenes que creen en cierto género, se la juegan, toman riesgos y buscan tonos novedosos. Si a ése no lo dejan ser, lo prejuzgan y por culpa de programadores y críticos de antaño -que en definitiva se ajustan al canon del mercado- se los mide con la misma vara de los cinco o seis festivales del mundo que se adjudican el derecho celestial de decidir donde está lo valioso, no suma. No hay nada que sea erróneo sino diferente. En esta profesión hay todo un barajar y tirar de nuevo constante. Nada es absoluto.

© Luciana Calbosa, 2018 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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Una respuesta a “Entrevista a José Celestino Campusano tras el estreno de El Azote”

  1. Bruna de León dice:

    Muy buena nota. Placer cuando se lucen entrevistador y entrevistado. Gracias!, a ambos!. Éxitos!, a ambos!

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