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Entrevista a Laura Bari, directora de Primas

Laura Bari es docente. No estudió cine y sin embargo es una realizadora admirable. Nació en Argentina y hace 28 años vive en Montreal. Huyó del país durante la dictadura militar por miedo a que pongan en la lista negra a si hija Azul cuando la echaron del colegio donde trabajaba. ¿El motivo? Trabajar a pulmón desde una casita rodante donde reunió a padres de alumnos para un acto escolar de fin de año que realizaron con madera de ramas, rocas y diarios en honor a la Pachamama. La directora del establecimiento la consideró comunista y determinó esa escuela como zona roja. Desde ese día, enfrenta desde la narración fílmica su miedo a hablar. Se autodefine como el eslabón perdido. Su incansable lucha por los derechos humanos la llevó a aprender a hablar en inglés y francés para desarrollarse en una ciudad multicultural. Allí enseña a 20 etnias y establece puentes culturales, educacionales y artísticos para que los niños aprendan a ver el mundo no desde el norte o el sur sino desde el más allá porque afirma que son ellos los futuros educadores del mundo. Su película Primas (2016) es el testimonio de cómo sus sobrinas sobrevivieron a la violencia de género. Tuvimos el lujo de intercambiar en una charla exclusiva para A Sala Llena la génesis del relato que ganó el premio del público en la edición Nº 32 del Festival de Cine Internacional de Mar del Plata.

Ante todo, como periodista, quiero agradecerte por utilizar el cine como herramienta para mostrar a la sociedad la fragilidad de los derechos humanos y proteger así a tus sobrinas. ¿Cómo fue acompañarlas con la cámara a construir sus historias de vida?

No fue fácil. La verdad siempre debe salir a la luz. Hay algo interno que nos dice qué debemos hacer. Y en mi caso, hago films. Como bien dijiste, estas historias de vida son reflexiones que construyen el universo del ser humano, la naturaleza y los objetos. Soy profesora de educación y a través del arte observé durante 30 años como estos enanos me han enseñado todo. Y cuanto más los observo menos entiendo porqué intervenimos con una educación fastidiosa y desorganizada en lugar respetarlos. Les enseñamos que dejen de dibujar y cómo hacer las cosas hasta que un día, ya adultos, te das cuenta que hay cosas que no viste cuando van al psiquiatra. Entonces decís “¡No! ¡Basta!”. Sustentemos sus valores con arte, educación y salud mental. Ahí aflora la verdad. Cuando la vida te corta en pedazos el arte es la única forma de sobrevivir. Siempre intento transmitir la importancia de contar con proyectos de expresión.

Es interesante esta visión de hacer cine para atravesar la verdad y ponerle color nuevamente a sus vidas ¿Qué métodos utilizaste con ellas? 

Les dije: “Chicas, como sobrevivientes pueden contar desde lo singular lo intimo: sus vidas”. Lo público es cómo vivimos y el arte el puente que construimos desde lo individual hacia lo público. Entonces, como bien dice Aldana, “es peor el que odia que el que se siente odiado; no hay que odiarlo”, y Rocío sostiene que ella lucha con una sonrisa. Ahí nos reunimos las tres: en la lucha. No quiero hacer una crónica de dos chicas violadas ¡Basta con poner el ojo en el criminal! Ellos también la deben estar pasando mal. Quiero que ellas tomen protagónico, saber qué les pasó y cómo se sienten. Lo demás no porque las cifras hablan solas.

Acá mostrás a Rocío como precursora y estandarte de lucha ¿fue la primera en revelarlo?

Si. Lamentablemente existe una cada doscientos mil y esa niña fue ella. Mi sobrina. La hija de mi prima. Ella se cruzó con un psicópata que tenía todo planificado. La atropelló apropósito, la violó salvajemente, le tiró nafta, la quemó viva y la dio por muerta en la carretera. Ella se despertó con el 60% del cuerpo quemado… caminó, como pudo, hasta el hospital y se salvó ¡Un milagro! Mientras yo me preguntaba cómo hacía para seguir, levantarse, acostarse, aparece Aldana, que también es mi sobrina, la hija de mi hermano, con un caso similar. Ahí decidí documentar el crimen. No desde el abuso sino desde la transformación que hacemos todos en el pasaje de adolescente a adulto. Las quise ayudar. Rocío se animó a contarlo y, sin dudarlo, relató su diario en un grabador que le dejé mientras intentaba juntar fondos y subvenciones. Mientras los escuchaba pensaba en la urgencia del tiempo y espacio. Quería transformar su presente inmediatamente y construir esto junto a ellas para que no crezcan así.”.

Y lo lograste. ¿Qué método utilizaste?

Desarrollé una especie de trenzado para construir historias de sobrevivientes y que el inconsciente avance, el corazón no se rompa, las ideas no se desvirtúen y el alma sea consistente. Mediante Cinema direct observas, cinema experimental sentís y el cinema ensayo donde reflexionas… ¡Funcionó!

¡No hay dudas! Las proyecciones del festival colmaron sala y, puedo afirmar que el público salía desesperado a buscar la tablet y puntuarla con diez. Por algo ganaron el premio del público marplatense… ¿cómo definís este momento?

¡Mira, bonita! Es la primera vez que compito internacionalmente con todas películas de ficción. El primer día 1800 personas hicieron corazones para las chicas. Me emociona que puedan canalizar con un abrazo a ellas y hasta a mi misma las emociones que no pudieron con su familia, amigos ni el psicólogo. Nos agradecen, se quiebran. Lloran. Comparten sus historias. Pienso que si una persona vive eso vale la pena seguir. No estoy en contra del macho, del hombre. Sino a favor del respeto y el entorno. Por eso la naturaleza me regala estas escenas con la gente. También vino el embajador de Canadá y se puso a llorar. ¿Honestamente? Me emociona acompañar a mis niñas en este universo que muchas veces destruye lo que construye. Hace unos días un productor de Montreal me dijo que es un fenómeno mundial lo que ocurre con el film porque hay más de tres continentes esta semana donde la estoy paseando. Es la primera vez que me siento profeta en mi tierra desde la narrativa. Al igual que el documental “El cuento del Chacal” de Martin Fariña, borré fronteras. Ambos compartimos esta visión, forma y contenido. Es fantástico que el espectador pueda dudar si es ficción o documental; realidad o imaginario. Esto lo permitió Mar del Plata y su programador Pablo Conde se la jugó. Me dijo `creo en lo tuyo, Lau´; habló con los productores y la hizo entrar. Es mi padrino. Cree en lo subjetivo y también que lo objetivo tiene su lugar en el cuerpo.

En esta subjetividad… ¿Cómo hiciste para no pasar en este largo lo ético, lo estético y lo sensacionalista?

¿Sabes que vino a verme un profe de ética y un psicólogo al cine. Llorando y preguntaron lo mismo? Es curioso. De lo singular a lo macrosistémico. Mostré la verdad. La poesía del horror. Y al que no le guste que no mire y el que puede ver que vea… este largo cerró una trilogía de retratos poéticos. En un screening Rocío dijo acuérdense de lo que sintieron no de lo que vieron y es así. El arte une el corazón, estética, conciencia e inteligencia. Yo creo en esto y cuando la intención se junta con la fe sucede el milagro.

El mensaje es muy potente… ¿Ya pensaste en un próximo proyecto?

¡Sí! Iré de lo atemporal del numero: 4 personajes como los pilares de una casa para que se sostenga. Voy a trabajar sobre el viento: qué trae, qué se lleva de las comunidades diminutas. Ése soplo que nos hace vivir. Un niño que nace y 7 vientos: 4 en el sur, 3 en el norte y terminaré como nos da su ultimo viento. La metáfora.

 

Tras entrevistar a Laura, Luciana tuvo la suerte de poder hablar con Rocío Álvarez en el mismo hall del hotel NH Gran Provincial donde se hospedaban y manejábamos la prensa. Le preguntó qué significa en ella este proceso de transformación, respondió que está acostumbrada a que la gente se le acerque y se familiaricen con su historia.

“Es sanador que se abran conmigo y me cuenten lo que les pasó. Ése es el fin de la película. Es un momento de transformación real, al principio estaba en duda y no quería hablar. Prefería mantenerme al margen. Pero la filmación me ayudó muchísimo para sacar todo esto afuera y aceptarme. Es un proceso muy liberador y estoy muy contenta ¡Todavía no caigo!

¿Recordás en qué momento Laura te propuso filmar? 

¡Sí! Cuando Milu (Laura) llegó a mi vida fue un regalo de cumpleaños. Literalmente. Vino y dijo: “Soy una hacedora de sueños. Contame qué queres hacer”. Le respondí que bailar… cantar… pero luego supe que quería arte conceptual.

En la proyección llamaste a Laura una loca linda

 ¿Su chispa te ayudó a liberarte?

¡Sí! Su alocada energía es genial. Si no fuese así, tan polo opuesto, frente a un tema serio esto no hubiese funcionado. Tenía 15 años cuando empezamos el rodaje y sentía que no tenía mucho futuro. Pero me comprometí con la peli y luego llegó Aldana. Aldana Bari, su sobrina directa; mi prima lejana ¡Todo fue loquisimo! Con ella no teníamos trato más que alguna reunión familiar y compartíamos una historia común. El trabajo juntas fue el comienzo de la unión. Hoy las tres estamos unidas por el arte.

© Luciana Calbosa, 2017 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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