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Entrevista a María Victoria Menis

María Victoria Menis es directora de cine pero también hizo televisión y teatro. Actualmente está en cartel su última película Mi Histeria en el Cine (2015), con proyecciones en Gaumont y el pasado domingo estuvo en la edición N°32 del Festival de Cine de Mar del Plata por el Aniversario Nº30 de la Mujer y el Cine, proyecto que preside y persiste pese a los cambios de gobierno. Habló en exclusivo para A Sala Llena y esto nos contó al respecto.

Estrenaste tu primera película en 1989, pasaron 18 años y llegó tu primer documental largometraje ¿Cómo apareció este proyecto autorreferencial? ¿Qué lugar tuvo la impro en el guión y el montaje? 

En este caso mucho. Me costó más el metraje que mi filmografía en ficción. A finales de 2015 arrancamos a escribir el guión con mi hija, Cecilia, y se terminó a principio de 2016. Lo emitimos en BAFICI y ahora llegó al Gaumont. Ella me sugirió que cuente mi crisis existencial con la profesión cuando le dije que había llegado el momento de repensar mi lugar en el cine porque el tiempo de espera desde la escritura del guión de ficción hasta que sale me parecía muy lejano. Suelen ser tres años y no tenía ganas de volver a pasar por ese proceso, buscaba satisfacción inmediata. Entonces lo charle con la documentalista Franca González y comencé a escribir con Cecilia. Hicimos todo rápido: Atravesamos mi vida y la situación del cine en los últimos tiempos; como cambió la manera de ver cine y la perspectiva del público que se acostumbró a ver en pantallas más chicas, chatitas, en su casa. Acá narro mis orígenes, como fui a parar al cine, como lo arrastré a mi marido, abogado, a que me ayude con la producción a punto tal que casi nos separamos. Es un homenaje a mi familia que es cinéfila, la pasión y la contradicción que me genera al mismo tiempo. Tiene mucho que ver con los lazos familiares y como se transmite el concepto del cine a todas las generaciones, mis padres hacia mí, yo a mis hijos y nietos. El paso del tiempo y el cine es como una especia de fijador de tiempo. También muestra la ruptura que te genera una crisis laboral en la adultez. Estilo Woody Allen, tiene esa onda con humor. Siento que estoy en una película de Almodóvar. Las pasiones las tenés, las amás y las odiás porque sos un esclavo de eso.

¿Cuánto te llevo el rodaje? 

Un mes.

 ¿Alguna anécdota que recuerdes? 

¡Uy, muchas! Me acuerdo una muy graciosa cuando fui a Plaza Francia con el artesano y el tipo pensó que le iba a hablar de su artesanía, pero yo quería hablarle de cómo sería vender mi peliculita chiquitita en una plaza hippie si las hiciera en otra forma, chiquitita… y cuando se dio cuenta de mi crisis, ¡nada!, me dijo: “Pero vos cuando empezás a hacer algo tenés que preguntar bien a dónde vas, tenés que tener pensado eso…”. Y me empezó a bardear. “Porque vos estas como dispersa”. ¡Preguntás cualquier cosa! ¡Vos estas en cualquiera!”. Y eso me dio la idea para darme cuenta que estaba dispersa y mostré esa sensación que lo asocie con el comienzo de 8 1/2 (1963), de Fellini, que empieza con Mastroiani encerrado en el auto y se empieza a ir y volar… volar… hasta que lo bajan de un sogazo a tierra (risas) ¿Pero vos me notas dispersa a mi? ¡Muy dispersa! Y es el mismo Fellini que se va volando por las nubes… Suelo ser muy criticona de mis películas pero con esta estoy contenta.

¿Crees que este cambio en el modo de ver cine tiene que ver con el devenir tecnológico?

Sí. El cine tiene una factura lenta todavía porque lo nacional se mueve más despacio y todo se mide tan pronto que hay que tener una reacción rápida. Las películas locales está demostrado que todavía no se mueven por las redes porque por más que la gente le ponga “me gusta” de ahí a ir al cine hay un abismo. Hoy funciona que un canal de televisión te apoye con tutti; estar respaldado por un marketing fuerte y dos o tres estrellas que lleven público. El boca en boca también te juega en contra por el tiempo de la película en cartel. Antes paseaba de cine en cine pero hoy hay pocas pantallas para el arte y a las películas chicas le mueven los horarios constantemente.

En este sentido… ¿Cómo te llevas con las plataformas digitales?

Existen plataformas como CINEAR o Incaa TV que permite que quienes no pueden asistir la vean online y es genial. En su momento lo hacían por Odeón, pero falta difusión.

Vos pudiste filmar en 2015 tu película y dos años después proyectarla en el cine. ¿Qué pensas de la situación vigente del INCAA? ¿Cómo ves el presente y el futuro de la producción? 

El Instituto apoya mucho la producción, pero hay un atoramiento con la exhibición y distribución entonces las películas quedan huérfanas. Dan privilegio a cuatro o cinco películas apoyadas por canales y figuras convocantes; esto distancia al público de lo local. Lo notas cuando te preguntan si estuvo en el cine porque no se enteró o porque la vio de casualidad en un festival, cine club o la compró trucha en la calle y ahí no es que al público no le interesa, como bien dicen, sino que no le llegan. Entonces el punto es cómo hacerlas llegar y eso requiere una política cultural de proyección muy bien pensada.

Además de La Mujer y el Cine perteneces a la Asociación de Directores de Cine PSI ¿Qué propuesta le acercan al INCAA?

Desde esta organización acercamos planes de protección, inclusión y distribución de la industria local en cuanto a cómo hablar con los canales de televisión, las compañías extranjeras, distribuidores y exhibidores. En producción luchamos porque hay una ley de cine que fue hecha por pioneros importantes como Pino Solanas y Luis Puenzo que se debe cumplir. No puede cambiarse. Debe ser respetada. Hoy peligra que productoras pequeñas y medianas se queden sin posibilidad de producir por los tantos requisitos que afectan a la cinematografía. Este año en el Festival Internacional de San Sebastián hubo una gran cantidad de miradas y producciones que obtuvieron premios pero corremos peligro que muchas películas no puedan hacerse con las exigencias nuevas. Hablan de transparentar y estoy 100% contra la corrupción. Hay películas que quedaron paradas y otras en la etapa post-producción que no pudieron seguir. Si quedaste en un plan, debe cumplirse. Nosotros somos pequeños en argentina, no somos Hollywood. Es mas lo que yo he puesto que lo que he ganado. El instituto es un lugar autártico al que le entra dinero por un impuesto que sale del ticket de cine y de los impuestos que pagan las películas por ser exhibidas en los medios audiovisuales. Entonces que no me vengan a mi a decir que yo le saco el dinero de la boca a los jubilados porque hago mi película. Eso no es así. Nadie fue al PAMI a sacar dinero para el cine porque el cine genera su propio mantenimiento. Es así. Todas las organizaciones de cine y asociaciones están pidiéndole al INCAA que revean sus medidas.

Justamente este tema fue uno de los tantos que convocó en el marco del Festival de Mar del Plata a mujeres de la industria audiovisual para acompañar los 30 años que celebra en mayo la prestigiosa entidad “La Mujer y el Cine” ¿Cómo viviste esta experiencia desde tu rol de trabajadora de la asociación?

Lo vivo con mucha alegría como un resurgimiento. Hace 15 años trabajo esto, pasé por los veinte años y si bien no estuve en el momento de la fundación imagino que habrá sido muy emocionante. En ese momento había muy pocas directoras, entre ellas María Luisa Bemberg, e hicieron un trabajo colaborativo de gente muy talentosa, lograron una sección en el festival y brindaron la oportunidad a cortometrajistas de estrenar películas. Gracias a ellas yo pasé mi primera película ahí; también Paula Hernández, Lucrecia Martel y muchas otras de la generación que ronda hoy los 40, 50 años. Pero el gobierno Kirchnerista lo anuló por considerarlo separatista; un gheto de mujeres y dejaron de darle un espacio importante a una programación excelente donde muchas mujeres podían estrenar su película. Pese a eso, continuamos igual con exposiciones; muchas directoras en su momento se alejaron pero en los últimos años volvieron y hubo un reencuentro entre todas con nuevas generaciones que entienden la importancia de estar unidas. Fue hermoso resurgir ese espíritu y reconocer la figura de la productora Lita Stantic. Hicimos una foto con todas las mujeres del festival reclamando o dejando constancia pidiendo por la igualdad de trabajo en el cine en todos los roles: productoras, técnicas, actrices, directoras, guionistas y periodistas, porque como dijo María Luisa Bemberg, una vez la mujer no está en las mismas condiciones. Aún hoy es muy minoría en lo laboral del cine respecto al hombre. La visión estereotipada en el argumento cinematográfico, sobre todo en películas comerciales. En Argentina las actrices están subestimadas y tienen mucho menos protagónicos. Somos muchas directoras para la población que tenemos y activas hay muy poquitas dires de DF, sonidistas… porque todavía esta el prejuicio que no pueden cargar bien las cámaras. Entonces… Mejor que vaya a maquillaje o sea vestuarista. A mí me pasó. En el 89 cuando nos sentábamos a hablar con gente en mi estreno lo miraban a mi marido como si fuese el director y no a mí.

© Luciana Calbosa, 2017 | @LulyCalbosa

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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